¿Qué hay de lo mío?

La gente quería hablar, eso es indudable. En la segunda ronda de asambleas vecinales el éxito de participación ha sido más que notable, aunque al entrar en el auditorio lo primero que llama la atención es la media de edad. Alta, muy alta. Creo que no me equivoco si digo que más del 90% de los presentes está jubilado. Así que resulta un poco descorazonador darse cuenta que los que quieren hablar son los de siempre. Y la mayoría cuentan su historia. “He venido a hablar de mi libro”. Al final las asambleas tienen también un punto de terapia de grupo para los asistentes, para que tengan la sensación de que alguien les escucha.

Así, se suceden problemas como problemas de inundaciones de garajes, malos olores de algún colector no muy bien diseñado, problemas de robo de coches, alguna calle mal iluminada o incluso problemas de plagas de cotorras. El concejal responsable, toma nota disciplinadamente. “Aquí hay mucha publicidad”, se encara una vecina con la alcaldesa. “Pero aquí estoy para dar la cara”, rebate Sara Hernández. “Mucha publicidad”, repite. “Y mucha crítica gratuita”, vuelve a responder la regidora. Los ánimos parecía que se caldeaban, pero las aguas volvieron a su cauce.

Uno de los más jóvenes que intervino hizo una crítica: “Este sistema de asambleas no es operativo”, lamentó. Y pidió una visión más global de las necesidad de la ciudad. Menos hablar de lo mío y más del conjunto. Salió trasquilado. Así que siguió la retahíla de peticiones: que si carril bici, que si una manzana sin farolas o una plaza en la que se taponan los desagües cuando llueve. En fin…

Se aprovechó para presentar el esbozo de reglamento de participación ciudadana y también de los presupuestos participativos. Y la gente se fue tan contenta. Si esta es la participación que querían, ya la tienen.

Raquel González - Directora Grupo Capital