No hay dos sin tres… (pero vota)

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No hay clima electoral. Se atestigua un cansancio y un sopor latente en la sociedad, harta ya de tanto espectáculo de políticos y politiquillos que nos vuelve a llevar a las urnas. A unas nuevas elecciones que, (aquí lanzo mi predicción) puede que no sean las últimas. Porque no parece que haya altura moral ni política para desembarrar la actual situación, la que previsiblemente se repetirá este domingo. Se comienza a barruntar la amenaza de unas terceras elecciones

A estas alturas ni el discurso de Pablo Iglesias encandila como lo hacía; ni Pedro Sánchez parece haber superado sus fantasmas internos; ni siquiera Albert Rivera ha logrado mantener esa imagen de chico bueno que no ha roto un plato; a Rajoy ni lo miento, porque al final, a fuerza de no hacer nada, va a conseguir ser el mejor estratega. Todos han salido un poco corrompidos de esta legislatura fallida. Han perdido frescura, se han distanciado del ciudadano, hastiado de verborrea inútil y de poca capacidad para sentarse en una mesa y poner sobre ella los verdaderos problemas.

Los ciudadanos no tienen la culpa de que haya que volver a las urnas. Cierto es. Decir lo contrario sería un tremendo disparate democrático. No tienen la culpa, pero lo pagan; lo pagamos. Literalmente, puesto que el gasto electoral sale de nuestros bolsillos. Y emocionalmente, porque debemos volver a sufrir una campaña que ya no tiene visos ni de eso. No hay carteles (¿para qué si nos conocemos todos?) y de los mitines, ese formato obsoleto que servía para alentar a las bases, ya no se espera ni eso. Los políticos se quedan solos. Y vuelven a lanzar la pelota a nuestro tejado.

Soy de la opinión que tenemos los políticos que nos merecemos. Es lo que hay. Están los que hemos elegido, los que hemos querido que estén, aunque sea a través de un sistema imperfecto, plagado de necesidades de reforma. Y ahora nos vuelven a pedir opinión. La tentación de mandarles al carajo, de ‘dar una lección’ en forma de abstención, es poderosa. Pero entonces estarás dejando que otros decidan por ti. Vota cabreado, vota con rabia, con desgana, con hastío y con cabeza… pero vota. Esa es la lección que podemos darles.

Preguntar lo mismo, de la misma forma, esperando una respuesta diferente, es un absurdo propio de nuestros políticos. Los resultados tras el 26 de junio no van a cambiar el panorama. Solo espero que si la historia se repite, y como en un eterno día de la marmota siguen sin ponerse de acuerdo, que sean otros los que pregunten, otras las caras que se presenten. Si no son capaces de sumar una mayoría en el Parlamento, a la basura Mariano, Pedro, Pablo y Albert. Volverán a demostrar que no están a la altura.

Raquel González –
Directora Grupo Capital



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