Esclerosis múltiple e inteligencia emocional

Cerebro

GETAFE/Rincón psicológico (15/03/2017) – La doctora Carmen Soria, neuropsicóloga, compañera y redactora también de esta sección de psicología escribió uno de sus artículos sobre la inteligencia emocional y el papel que jugaba en nuestro día a día. Hoy queremos volver a hacer referencia a este concepto dada su importancia y aplicarlo a un caso particular, la enfermedad de la esclerosis múltiple.

Todos estos años como psicóloga en la asociación de Getafe de esclerosis múltiple, acompañando familias, pacientes y desarrollando talleres de educación emocional me han permitido conocer a fondo esta enfermedad cuyo papel del psicólogo es fundamental, son muchos los pacientes que reciben asesoramiento psicológico así como sus familias, y en todos ellos el papel de la Inteligencia Emocional está muy presente en ellos.

Intentaré hacer una breve aclaración entre esclerosis múltiple y la ELA ya que a veces tiende a confusión.

En ambas su origen es desconocido aunque ya hay estudios que avalan por un déficit en el sistema autoinmune producido por un posible virus que ataca a la mielina, una cubierta de proteínas y grasas que envuelve las fibras nerviosas y que permite la transmisión del impulso nervioso a su velocidad adecuada; a diferencia, en la ELA, ataca a las motoneuronas que son las encargadas de controlar los músculos voluntarios, convirtiéndola en una enfermedad que la hace exclusivamente motora, podemos aquí hacer referencia al conocido Stephen Hawking.

La EM se presenta en forma de brotes cuyos síntomas pueden ser hormigueo, debilidad, falta de coordinación (ataxia), alteraciones visuales, rigidez muscular, trastornos del habla (disartria), andar inestable y  síntomas cognitivos como problemas en la memoria o en la codificación y recuperación de la información, produciendo problemas en los aspectos emocionales tales como ansiedad o depresión.

Es ahora cuando podremos darnos cuenta de la importancia del buen manejo de la inteligencia emocional para hacer frente a esta enfermedad, no sólo para los pacientes sino también para los familiares y el entorno social que les rodea y acompaña en esta enfermedad.

Howard Gardner nos decía que ser inteligente no era simplemente tener un alto coeficiente intelectual, sino que significaba reunir cualidades como ser capaz de percibir las emociones propias y las de los demás, comprender esas emociones y ser capaz de regular esas emociones.

La emoción facilita el pensamiento y entender y analizar las emociones, permite regularlas para promover el crecimiento emocional e intelectual.

Daniel Golleman, quizás el autor que más conozcamos por la publicación de su libro que llegó a ser un best seller nos hacia referencia a 4 aspectos:

  • Auto-conciencia emocional: reconocer y dar nombre las propias emociones.
  • Auto-regulación: saber manejar las propias emociones
  • Auto-motivación: utilizar el potencial que existe en cada uno.
  • Empatía: saber ponerse en el lugar de las demás personas
    La empatía requiere predisposición a admitir las emociones, escuchar con concentración y comprender pensamientos y sentimientos que no se hayan expresado verbalmente.
  • Habilidad social: crear relaciones sociales.

Escuchemos para comprender al otro y no para responderle. ESTAR con él y no para él podría ser una buena premisa en cuanto a relacionarme con el otro desde mí.

Más información www.cspsicologia.es

Raquel González - Directora Grupo Capital