Seis ideas erróneas sobre sexualidad

GETAFE/Rincón psicológico (15/11/2018) – Las etiquetas son necesarias, nos ahorran memoria y recursos que podemos utilizar para otras cosas. Pero, ¿cuánto de verdad tienen esas ideas que hemos oído y compartido durante tanto tiempo? Me gustaría hablarte sobre 6 ideas sobre sexualidad que seguro has escuchado, y espero, que después de leer este artículo, al menos, reflexiones sobre ellas:

  1. Los hombres siempre tienen ganas y las mujeres tienen menos deseo sexual. El deseo sexual no tiene que ver con el sexo, si no con la persona y muy frecuentemente con el momento vital en el que nos encontremos. Esta idea además de errónea, clasifica y encasilla tanto a los hombres como a las mujeres sobre lo que se espera de ell@s. Muchas veces los hombres se sienten culpables cuando no les apetece tener relaciones sexuales. Por otra parte las mujeres con un deseo sexual activo pueden sentirse mal porque no es lo que se espera de ellas al encasillarlas en este rol pasivo. Podemos decir por lo tanto, que el deseo sexual es diferente en cada persona y va cambiando a lo largo de la vida.
  2. Las personas que tienen pareja se masturban menos: Como ya comentábamos, el deseo sexual no tiene que ver con el sexo de la persona y tampoco con si se tiene o no pareja. La masturbación, al igual que ocurre con otras prácticas, forma parte de nuestra intimidad. La frecuencia con la que ésta se da es una cuestión personal y no de “estado civil”. Suele relacionarse con el deseo, el autoconocimiento y el placer, pero no sustituye, ni supone un cambio en el caso de tener pareja. Hay quien considera la masturbación como falta de respeto o incluso una infidelidad, pero tener pareja no significa ser dueño de los deseos o fantasías del otro.
  3. En las parejas homosexuales un@ hace de chico y otr@ de chica. La orientación del deseo poco tiene que ver con la identidad, un hombre sigue siendo y sintiéndose un hombre independientemente de su orientación al igual que las mujeres. En cuanto a los roles o prácticas sexuales, cada persona asume un rol más activo o pasivo en función de sus gustos y sus necesidades en cada momento, exactamente igual que ocurre en las parejas heterosexuales. Esta idea se encuentra bastante determinada por el modelo de sexualidad tradicional. Lo primero que hay que tener en cuenta es que las relaciones sexuales no son solo penetración, el órgano sexual por excelencia es el cerebro. En las relaciones sexuales con penetración tanto entre hombres como entre mujeres, los roles, se alternan, en función del momento, dando versatilidad a las prácticas sexuales.
  4.  Un pene más grande da más placer. El tamaño de los genitales no está relacionado con el placer que producen. La mayor concentración de terminaciones nerviosas se encuentran en el tercio más externo de la vagina, por lo que en la parte posterior o más profunda, hay mucha menos sensibilidad. En el sexo anal ocurre algo similar, ya que es en la parte más externa donde hay mayor sensibilidad. Por lo tanto un determinado tamaño del pene no produce mejores sensaciones, hay otros muchos factores relevantes como el deseo, la excitación y el interés por satisfacer a la pareja sexual.
  5. Depilarse los genitales es más higiénico. El vello corporal cumple una función en el cuerpo. En el caso de los genitales, su misión es proteger de posibles infecciones o riesgos. Una adecuada higiene con productos que respeten la flora y la piel es suficiente para tener unos genitales sanos. Los genitales tienen su propio olor, al igual que el resto del cuerpo. Puede variar en función de la época del año, el estrés, la alimentación… en ningún caso es algo malo. Es importante cuidar tus genitales independientemente de que decidas depilarlos o no, por estética o comodidad.
  6. El VIH se puede “contagiar” a través de los besos. Aunque es cierto que la mayoría de fluidos corporales portan el virus del VIH no todos lo hacen en la misma proporción. La sangre, la leche de la lactancia, el semen y los fluidos vaginales sí pueden transmitir el virus del VIH. En el caso de la saliva hay cantidad suficiente para detectar si se tiene el virus, por eso muchas de las pruebas rápidas se hacen con este fluido como muestra. Pero su capacidad de transmisión es casi nula, pues deberíamos beber unos 8 litros de saliva para poder contagiarnos, algo, evidentemente, poco probable.

Son muchos los mitos alrededor de la sexualidad, todos tenemos creencias más o menos arraigadas sobre ello, pero el acceso a la información y la experiencia hace que poco a poco vayamos abriéndonos a la diversa realidad sexual. ¿Te apuntas?

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Redacción Getafe Capital