Comienza el baile

GETAFE/La piedra de Sísifo (04/06/2019) – Una semana después de la resaca electoral, la alcaldesa en funciones, Sara Hernández, ha comenzado a reunirse con el resto de formaciones políticas que obtuvieron representación en el Pleno, el pasado 26 de mayo, con objeto de darles una, a modo de, bienvenida de cortesía y preparar el primer pleno del mandato 2019–2023, que tendrá lugar el próximo sábado día 15 de junio en el Teatro Federico García Lorca, como es tradición.

La idea, al margen del aspecto protocolario, imagino que también tendrá un componente de exploración de intenciones de cara a la fórmula de gobierno a adoptar para los próximos cuatro años y que se mueve, básicamente, en tres opciones:

Gobierno en solitario con sus 11 sillones en el Consistorio; que después de haber estado tres años llevando el Ayuntamiento entre siete personas, hacerlo con cuatro más no debe asustarles porque luego se buscarían acuerdos puntuales para lograr apoyo en cuanto a presupuestos u otras cuestiones que requieran mayorías.

Pacto con Ciudadanos, lo que elevaría la cifra de miembros del Gobierno a 15 (11+4). Daría mucha estabilidad a la toma de decisiones pero, estas, estarían condicionadas por las peticiones de Mónica Cobo y su equipo y sospecho que muy influidos por premisas dictadas por su partido a escala regional y nacional. Se da la circunstancia que, en el periodo anterior, su portavoz hizo constantes llamamientos (desoídos) al Pleno para lograr una aprobación del presupuesto que desbloqueara la gestión económica. Algo es algo.

Pacto con Podemos que también llevaría a 15 la cantidad de concejalías con responsabilidades de gestión, tras la última revisión del recuento que dio el cuarto edil a la formación morada. Su actuación en materia de acuerdos es un misterio, incluso para ellos mismos, ya que hay diferentes formas de ver cómo afrontar el mandato que ahora comienza: una más colaborativa y dispuesta a “tocar pelo”, que aceptaría participar en delegaciones concretas; y otra continuista del cuatrienio anterior, es decir, al PSOE ni agua. Los contactos a alto nivel entre Moncloa e Iglesias podrían atemperar un poco los ánimos, en caso de producirse un acuerdo, y la experiencia, en forma de bajón electoral, debería hacerles preguntarse el famoso “¿qué hicimos mal?” suponiendo que sean conscientes de haberse equivocado en algo.

Nos esperan cuatro años que pueden ser apasionantes, tranquilos o frustrantes y, en buena parte, que se tome un sentido u otro está muy relacionado con estas reuniones en apariencia desprovistas del contenido denso de una negociación en toda regla. Deseo que, al sentarse a la mesa, se dejen en la puerta las tentaciones personalistas y se muevan con único objetivo común, el bienestar y la felicidad de los getafenses para que todos salgamos ganando.

¡Que empiece el baile!

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