Escrito por Raquel González 28/07/2011
La restauración del instrumento, a cargo de Óscar Laguna ha ocupado los últimos tres años
Con las primeras luces del alba el organero atraviesa la plaza de la Magdalena. En el silencio del Getafe del siglo XVIII, entre aparejos de labranza, calles de tierra y los escasos tres mil vecinos, la iglesia de la Magdalena está preparada para recibir su órgano. Las notas se despliegan por las calles del pueblo, mientras el organero se afana en armonizar el millar de tubos que componen este instrumento. Han pasado 250 años, pero la historia es similar. Óscar Laguna recorre esas mismas calles, hoy asfaltadas, tratando de hacer propio el sentimiento de aquel organero. Busca el mismo silencio de la Edad Media para finalizar la restauración de un instrumento que fue seña de identidad en la hoy Catedral de Getafe y que en la Guerra Civil dejó de sonar. “En pleno siglo XXI el objetivo es el mismo que en el XVIII: transmitir emociones”. Antes del amanecer con la calma de la ciudad, que no debe ser muy distinta de la calma que había hace 250 años, trato de experimentar eso: qué emociones recibían los agricultores o los niños del colegio; lo que sentían cuando empezaba a sonar el órgano”. Los tambores del instrumento comienzan a marcar el ritmo, bajo y sordo, mientras las campanillas resuenan… pero nada es comparable al sonido de la batalla, las trompetas que lanzan su sonido sobre el público y encienden las emociones.
La historia de este órgano barroco español no fue sencilla. “Se empezó a construir en la segunda década del siglo XVIII, pero no se completó la obra. Se fue completando y terminando a lo largo de todo el siglo. Hay documentadas distintas intervenciones por los mejores organeros vinculados a la corte o la Catedral de Toledo de la que dependía Getafe”. Óscar Laguna ha estudiado en profundidad la historia de este instrumento, un paso imprescindible para iniciar su restauración. Y existen particularidades, porque no fue hasta 1798 cuando la obra se da por terminada. “Eso ha permitido tener un instrumento evolutivo y dentro del culmen de la organería barroca del siglo XVIII”.Hasta la Guerra Civil se conservó prácticamente intacto. “Ahí desapareció la tubería, fue saqueado y estaba muy deteriorado”. El estaño era escaso en aquella época y todos los tubos (que rondan los mil), se habían esfumado. “También había desaparecido parte de la mecánica: no estaban los fuelles. Se conservaba el mueble íntegro. Y también el secreto, la pieza que distribuye el viento entre los distintos tubos”.
Para reconstruirlo “hay que ponerse en la piel del organero que lo construyó en el siglo XVIII para hacer un trabajo en estilo y espíritu”. La vasta experiencia del taller del maestro Gerhard Grenzing con más de 160 órganos restaurados ha sido clave en el desarrollo de un trabajo que les ha ocupado los últimos tres años.
Los procesos son totalmente artesanales “y no difieren demasiado de los que se utilizaron en la época: la madera se trabaja de la misma manera, todo cepillado a mano; el estaño, también, y por supuesto la armonización es un trabajo artesanal”. Laguna ha trabajado en el espíritu original de un órgano “noble”, que ha sabido ir enseñándole su propio camino. La tecnología solo se cuela en un aspecto: los fuelles, que antes se activaban con la fuerza humana, hoy disponen de un motor eléctrico.
Se ha reconstruido cada uno de los tubos, atendiendo a las marcas que se conservaban en la madera.”A la vez en la Catedral se ha hecho la restauración del mueble y el montaje”. Solo resta una labor, la más artística, la que requiere más sensibilidad: la armonización, que implica “la recreación de la sonoridad adaptada a la acústica del edificio. La mitad de la música la hace la acústica del edificio”. En el silencio de la mañana, Óscar Laguna trata de captar cada una de las vibraciones de cada uno de los tubos. Limando con paciencia uno a uno para que el sonido sea perfecto. Es un trabajo de oído que se fundamenta en la larga experiencia de este organero. Miles y miles de horas de trabajo, con un equipo de 20 personas.
Las partes del instrumento
Fu
elles: “Son los que generan el viento. Antiguamente se entonaban con palancas con una o dos personas. Ahora es a través de un motor eléctrico silencioso”.
Teclado: “En este caso concreto lo hemos tenido que reconstruir porque el original estaba desaparecido excepto una tecla”.
Registros: “Los tiradores permiten al organista cambiar las sonoridades. Es un instrumento de contrastes. También un espectro acústico impresionante, desde las notas muy graves generadas por tubos que miden más de 5 metros de longitud, hasta otro como la corneta que sería de los más agudos”.
Tubos: “Son de dos familias: flautas labiales que son como una flauta de pico; y las lengüetas que son las trompetas que es el batir de una lengüeta que se amplifica”.
Secreto: “La pieza que gestiona todo el resto. Es la parte más inaccesible”.
Una cuenta pendiente con el templo
Con la restauración integral de la Catedral, aún quedaba pendiente devolverle la vida al órgano. “Siempre ha estado presente su restauración, pero es una obra muy compleja y necesita unos medios económicos fuertes”. La Comunidad y el Ayuntamiento colaboraron para sacar adelante este proyecto. “Tenemos una joya histórica maravillosa y hay muy pocos instrumentos de estas características en la región”, explica Javier Ávila, responsable musical de la Diócesis. Hace tres años se comenzó a pensar en su restauración y en este sentido ha sido fundamental la elección de la casa Grenzing. “Es una obra sólida, por la cual van a pasar muchísimas manos, muchos conciertos, queremos que se utilice casi a diario. Ojalá la gente cuando entre se encuentre el órgano sonando. Es un regalo para los sentidos y para el alma”.
Es necesario tener “unos conocimientos y un dominio del teclado porque el órgano barroco español tiene unas características especiales. Está partido en mano derecha y mano izquierda a la hora de interpretar y tiene diferentes recursos musicales. Hace falta conocer el instrumento y no solo poner las manos sobre el teclado”. De momento, el propio Ávila se encargará de hacer sonar este instrumento junto a “un chico joven que es estudiante de ciclo superior de música, de órganos. Él es el que toca los domingos y bodas. La intención es utilizarlo a diario”. Queda pendiente para el regreso de las vacaciones la inauguración de esta restauración. “Queremos hacer algo muy especial y muy cuidado. Que no solamente sea un concierto, sino una fiesta”. Luego aún restará construir un nuevo órgano, que permita tocar toda la literatura organística.

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