La reflexión viene al pelo cuando aún sentimos el regustito agradable del Campeonato Mundial de futbol de Sudáfrica. La Roja se erigió en campeona del mundo para goce y satisfacción de todos los españoles y seguidores de todo el mundo. Ha sido el evento deportivo mas trascendental porque el fútbol es el deporte de mas afición en España pero son también muy considerables los éxitos de Rafa Nadal, Alberto Contador y los “niños moteros”. Hace una década Indurain era imbatible en el Tour de Francia y Fermín Cacho consiguió la medalla de oro en la Olimpiada de Barcelona.
Los deportistas españoles dan la talla y están de moda. Los eventos deportivos son espectáculos interesantes y atraen multitudes. La práctica deportiva no es una actividad de masas en nuestro país, pero no obstante las maratones populares son celebraciones clásicas en muchas ciudades españolas donde participan miles de personas. La actividad deportiva ejerce una importante influencia en el entorno debido a la concentración de personas que produce tanto la asistencia al propio espectáculo del deporte de élite, como la práctica cuando se trata un evento de participación masiva. ¿Perjudica al entorno ambiental la práctica deportiva? No en principio, pero la planificación de los eventos en base a criterios de sosteniblidad y protección ambiental minimizan el impacto y ahorran recursos. Todo es cuestión de la intención inicial y tener claro que queremos desarrollar una política sostenible con el medio ambiente en el evento deportivo. La situación implica marcarse unos objetivos claros y definir qué medidas y actividades pondremos en marcha para su consecución. Hay varias experiencias ya realizadas con resultados satisfactorios, testimonio de que es posible, aunque no se practican de manera generalizada. El Campeonato Mundial de Fútbol Alemania 2006 y la Olimpiada de Pekín son dos ejemplos de desarrollo de grandes eventos deportivos gestionados con buenas prácticas ambientales. En España aún son escasas la iniciativas. Inicialmente, una vez tomada la decisión de planificar el evento en función de buenas prácticas ambientales, valoraremos en primera instancia el espacio donde se celebra la actividad deportiva. La elección considerará si el espacio es vulnerable a las concentraciones humanas y en qué medida afectará a los valores ambientales de la zona y sobre todo, si acabado el espectáculo deportivo, podremos restaurar las condiciones iniciales del entorno. Consideraciones especiales merecen las áreas de montaña con cauces fluviales, lagos o costa. Será fundamental conectar el lugar mediante trasporte público y así se minimizarán todos los impactos ambientales relacionados con las emisiones de contaminantes atmosféricos, gasto energético y ocupación masiva de la zona con vehículos privados. En función de este criterio, las áreas protegidas serán preservadas y se dimensionará adecuadamente la estructura organizativa. El desarrollo de un evento deportivo genera importantes cantidades de residuos que han de ser gestionados adecuadamente, posibilitando su reciclaje al máximo, pero el primer axioma de una buena práctica ambiental será la prevención, es decir, modificaremos la práctica para que los residuos sean mínimos, evitando la utilización de material desechable y de un solo uso.