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Escrito por José Ignacio Cases. Profesor titutar de Ciencia Política y de la Administración. Universidad Carlos III de Madrid 03/11/2011
Con esta urdimbre ideológica la sociedad vasca entró en el siglo XX y a lo largo del mismo la insatisfacción y el enfrentamiento social ha ido calando gracias a la espléndida manipulación de un tercer grupo –los políticos– que, por definición luchan por el poder. Porque, principalmente, la política se desarrolla para obtener el poder y, una vez que se posee, aplicar a la sociedad las fórmulas –incluidas las mágicas– que se consideran adecuadas por los políticos bien para afrontar los problemas que a toda sociedad afectan, bien para asegurarse, simplemente, el alcance y la conservación del poder.
A mi juicio es desde esta perspectiva como debe contemplarse el último comunicado de ETA. La organización terrorista no la componen solo los que matan al adversario político sino que agrupa, como los tribunales han señalado reiteradamente, a otras muchas cuya finalidad es, tras alcanzar la independencia, disfrutar del poder.
ETA ha considerado que en este momento tiene más fácil obtener el poder ofreciendo “una tregua definitiva” (antes ya ofreció treguas permanentes e indefinidas) que continuar con la violencia de las armas. Pero, prudentemente, no descarta volver a utilizarlas. Por eso ni las entrega ni se disuelve.
Los nacionalistas no terroristas observan con preocupación la posibilidad de ser superados por los afines políticos de ETA. Por ello se ven forzados a proclamar que la “tregua definitiva” significa la Paz (cuando sólo es tranquilidad) y se apresuran a descolgar el cartel “Necesitamos la Paz” (porque tienen que hacer creer que ya se ha obtenido) que pusieron en los balcones de los ayuntamientos y otros organismos oficiales, mientras los violentos siguen sin quitar los suyos (Presoak kalera. Presos a la calle) y aparecen nuevos con más exigencias (Preso eta iheslariak kalera. Presos y exiliados a la calle) y se multiplica la publicidad de la nueva coalición soberanista Amaiur.
El PSE, en el disfrute del gobierno autonómico, con el lehendakari a la cabeza, quiere apuntarse la paternidad de la política que ha conducido a la “Paz” (tranquilidad) y sacar rendimiento en la campaña electoral estatal que comienza el jueves presentando el desestimiento de ETA de modo ilusionante como “el triunfo de la libertad, la democracia y el autogobierno” en el País Vasco.
Por su parte el PP debe mostrarse cauteloso y escéptico. Muchas ocasiones ha vivido ya para transformarse, súbitamente, en un partido crédulo. La posibilidad de alcanzar próximamente el poder, le obliga a no descartar la plausible tranquilidad definitiva pero sin entusiasmarse en exceso.
Queda un tercer partido de ámbito nacional, UPyD, liderado por Rosa Díez. Perdida la capacidad de crecer notablemente en votos en el País Vasco, se atreve a decir que Paz presupone Justicia y que, por lo tanto, ante la entusiasta carrera de concesiones en la que alguno se ha embarcado es necesario cierto sosiego y resolver antes determinadas cuestiones previas.
No quiero dejar en el olvido a otra institución –no política estrictamente pero que también desea el poder– que es la Iglesia católica vasca. Ahora han cambiado sus portavoces y ciertamente no mantiene actitudes tan hirientes como las que sostuvo tiempo atrás. Si se animara a pedir Justicia (una de las virtudes cardinales) tal vez alcanzara a comprender que “el Señor bendice a sus pueblos con la Paz”. Ojalá todos podamos llegar a disfrutar de ella y no nos quedemos en la momentánea tranquilidad que, reconozcámoslo, tanto entusiasmo y alegría produce en esta ocasión a la gente sencilla y laboriosa pero que sigue encubriendo la existencia de importantes problemas que es necesario resolver.

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