Escrito por Juan Hernández 30/12/2010
¡Aguante, usted y la nación entera! Mientras lee esto sus niveles de ácido úrico rebosan la boya de lo permisible, y su, seguro ya ajado intestino por la premura diaria, no soporta más mezcla de cavas cabecera de lineal, licores exóticos fabricados en nuestros insalubres polígonos, y una ristra sinfín de crustáceos con patitas y sin ellas. Amigo mío; tome carrera y cruce el Año Nuevo y Reyes que, afortunadamente, esto se acaba.
Me indica un buen amigo que la mejor forma de pasar las Navidades es refugiarse evitando toda posible agresión externa (que adquiere múltiples modalidades: comidas de empresa, christmas horteros, aguinaldos y gorritos con efigie de reno etílico). No sé si incluso esa fórmula es trasladable al año completo. Porque ser un eremita frente a la incapacidad social (expresado en términos grupales, como culpa colectiva) comienza a ser una obligación y no una opción. Este año 2010, en sus estertores ya, viene a ratificar, casi con sentencia judicial como si de un divorcio se tratase, la separación entre los estratos directivos y los que asumen las órdenes.
Un país despeñado por la senda del paro, con todo lo que ello conlleva: miseria, inactividad en la creación y distribución de riqueza, y esperanza personal. El gran silencio viene a ser la respuesta, y lo que más temo es que la parálisis española, como diría un regeneracionista, no se deba a una mesura de los plazos de acción, sino a la inexistencia de sociedad civil misma, como venimos colegiando un grupo de escépticos últimamente. ¿Quién enarbola el pendón? ¿Quién cruza los dedos en señal de victoria y canta We shall overcome? Nadie.
El problema es de fondo y muy serio para nuestro futuro. He aquí cierta clase política que conduce a tumba abierta, a riesgo de ganar o perder, siempre con la voluntad de no perder el suelo de la realidad, y nunca mentir. Hay otra, que se maneja bien en la catacumbas, pero que bajo los focos de la luz pública son retratados en esencia, con sus carencias y miserias (sus virtudes son válidas en la cloaca, no en las plantas superiores). Siempre es el momento, pero ahora más que nunca, para que la sociedad (o tribu, o masa) decida el rumbo de sus gestores. Queda dicho.
Finalmente, para que no me acribillen con epítetos descorteses, feliz año 2011, para usted, su familia, su endocrino y/o monitor de fitness. Y para los casos extremos de adhesión navideña en todas su formas, feliz año nuevo también para el albacea de su testamento.

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