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La insoportable pesadez del Pleno

El Pleno municipal es el máximo órgano de Gobierno, donde se dirimen y debaten las propuestas que afectan a los getafenses, entre ellas los presupuestos municipales, que son los que marcan la política a realizar por un Ayuntamiento. Pero últimamente en Getafe se han convertido en un órgano de propaganda vana y fútil de los que allí se congregan para dirimir asuntos de toda índole, no solo relacionados con el municipio. La pregunta antes de cada cita plenaria es: ¿cuánto durará esta vez? Y los récords se baten Pleno tras Pleno, llegando a superar las 12 horas de duración. ¿Es esto útil para el ciudadano, o incluso para el político? ¿No se puede poner coto a esta desproporción?
Hay varias razones que han propiciado esta situación. Entre ellas, la entrada de un nuevo partido en la Corporación municipal. Esto ha aumentado las intervenciones de tres a cuatro. Pero las intervenciones se pactan en la junta de portavoces, y aunque bien es cierto que se han reducido los tiempos, tener dos turnos por partido en cada punto y reservarse el alcalde una intervención adicional provocan que cada aspecto que se quiera debatir cuente con hasta nueve turnos de palabra. Si a esto se suman comparecencias de invitados a los que no se les acota el tiempo y a los que incluso se les ha dejado dar réplica, cada punto se extiende hasta el agotamiento.
Esto se suma a órdenes del día interminables que superan los treinta puntos. Cada partido hace sus propuestas y aquí parece que hay una especie de competición interna para ver quién lleva más puntos al Pleno y cuántos de ellos pueden salir adelante. Porque esa es otra de las peculiaridades de esta legislatura: no hay una mayoría absoluta, ni un pacto de Gobierno que garantice qué proposiciones saldrán adelante. Ni siquiera son totalmente fiables los votos previos que se emiten en las comisiones donde se estudian los puntos de cada Pleno. Ahí comienza la competición por sumar más mociones a favor que el contrincante, por sacar adelante puntos que sí, salen aprobados, pero no siempre tienen repercusión real sobre el ciudadano.
¿Soluciones? La primera pasa por una mayor responsabilidad de los políticos que acuden al salón de Plenos. No se pueden presentar en estas circunstancias propuestas vagas, que no tengan que ver con el municipio o repetir la misma moción mes tras mes, buscando ganar una votación y sumarse de esta forma un nuevo punto en el casillero. Los puntos se suman ante los ciudadanos, provocando cambios en la gestión y no por haber ganado una proposición desde la oposición que tiene el recorrido de una papel llevado a la Comunidad para instarla sobre algo que por puro trámite va a archivar. Es tiempo de pensar en los ciudadanos, de convertir el Pleno municipal en un lugar donde se debata sobre la ciudad, sobre lo que necesita para salir de la crisis y mejorar el día a día ciudadano. Si es necesario convocar Plenos extraordinarios para aliviar la carga de los ordinarios, o dotar de más competencias a las comisiones previas para que parte del debate se desarrolle en este marco, deben ser medidas a tener en cuenta. El Pleno cada vez es más pesado, y sobre todo, menos útil.

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