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Escrito por redaccion 03/11/2011
Hay varias razones que han propiciado esta situación. Entre ellas, la entrada de un nuevo partido en la Corporación municipal. Esto ha aumentado las intervenciones de tres a cuatro. Pero las intervenciones se pactan en la junta de portavoces, y aunque bien es cierto que se han reducido los tiempos, tener dos turnos por partido en cada punto y reservarse el alcalde una intervención adicional provocan que cada aspecto que se quiera debatir cuente con hasta nueve turnos de palabra. Si a esto se suman comparecencias de invitados a los que no se les acota el tiempo y a los que incluso se les ha dejado dar réplica, cada punto se extiende hasta el agotamiento.
Esto se suma a órdenes del dÃa interminables que superan los treinta puntos. Cada partido hace sus propuestas y aquà parece que hay una especie de competición interna para ver quién lleva más puntos al Pleno y cuántos de ellos pueden salir adelante. Porque esa es otra de las peculiaridades de esta legislatura: no hay una mayorÃa absoluta, ni un pacto de Gobierno que garantice qué proposiciones saldrán adelante. Ni siquiera son totalmente fiables los votos previos que se emiten en las comisiones donde se estudian los puntos de cada Pleno. Ahà comienza la competición por sumar más mociones a favor que el contrincante, por sacar adelante puntos que sÃ, salen aprobados, pero no siempre tienen repercusión real sobre el ciudadano.
¿Soluciones? La primera pasa por una mayor responsabilidad de los polÃticos que acuden al salón de Plenos. No se pueden presentar en estas circunstancias propuestas vagas, que no tengan que ver con el municipio o repetir la misma moción mes tras mes, buscando ganar una votación y sumarse de esta forma un nuevo punto en el casillero. Los puntos se suman ante los ciudadanos, provocando cambios en la gestión y no por haber ganado una proposición desde la oposición que tiene el recorrido de una papel llevado a la Comunidad para instarla sobre algo que por puro trámite va a archivar. Es tiempo de pensar en los ciudadanos, de convertir el Pleno municipal en un lugar donde se debata sobre la ciudad, sobre lo que necesita para salir de la crisis y mejorar el dÃa a dÃa ciudadano. Si es necesario convocar Plenos extraordinarios para aliviar la carga de los ordinarios, o dotar de más competencias a las comisiones previas para que parte del debate se desarrolle en este marco, deben ser medidas a tener en cuenta. El Pleno cada vez es más pesado, y sobre todo, menos útil.

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