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Actuemos a favor de un desarrollo sostenible

La Agencia Local de Empleo y Formaci贸n (ALEF), organismo aut贸nomo perteneciente a la concejal铆a de Formaci贸n, Empleo y Acci贸n en Barrios del Ayuntamiento de Getafe que tengo el honor de presidir, ha organizado una jornada nacional dedicada a ser un punto de encuentro para el debate acerca de las relaciones entre empleo, sostenibilidad, y el necesario cambio de modelo productivo que requiere la econom铆a espa帽ola. La jornada, que tendr谩 lugar el pr贸ximo d铆a 28 de marzo en el aula magna de la Universidad Carlos III, va a ser un evento de alto nivel que reunir谩 a un importante elenco de especialistas procedentes de los 谩mbitos acad茅mico, pol铆tico, empresarial y de las Administraciones p煤blicas. Este breve art铆culo pretende esbozar algunos razonamientos que pueden contribuir al debate.

El eminente historiador de econom铆a Carlo M. Cipolla, en el cap铆tulo introductorio de su famoso libro La decadencia econ贸mica de los imperios, realiza un l煤cido an谩lisis de los fen贸menos socio-econ贸micos que han acompa帽ado a la decadencia de las grandes civilizaciones de la historia, pero, a pesar de ser un an谩lisis valioso, adolece de la creencia, propia de la modernidad extendida tras la revoluci贸n industrial, de que el crecimiento econ贸mico es algo que puede ser inagotable, y dice: 鈥淭e贸ricamente, el crecimiento econ贸mico puede continuar de modo indefinido. La decadencia [sin embargo], no; pasado cierto punto la sociedad declinante siempre muere鈥. Desde este enfoque, da la impresi贸n de que estableciendo el andamiaje institucional adecuado que evite la decadencia, las sociedades humanas pueden transformar los recursos naturales y el talento en una senda permanente de empleo y de prosperidad material que llamamos riqueza.

Esta hip贸tesis de la 鈥渋lusi贸n del crecimiento indefinido鈥 forma parte, seg煤n mi punto de vista, del optimismo (para muchos irresponsable) que caracteriza a la cultura occidental moderna. Se trata de un esquema de pensamiento ciertamente ut贸pico que surge del Renacimiento y la nueva fe pseudoreligiosa que deific贸 la raz贸n y la ciencia, exalt贸 el comercio y la riqueza por encima de las viejas tradiciones comunitaristas, y situ贸 al Estado-naci贸n en una posici贸n privilegiada de poder al servicio de la apropiaci贸n predatoria de recursos naturales en favor de las 茅lites sociales y del propio aparato del Estado-naci贸n. Como es sabido, esta visi贸n optimista del crecimiento ilimitado ha tenido un notorio predicamento entre los economistas, pol铆ticos y gente de empresa. Sin embargo no siempre fue as铆, y los primeros economistas, Adam Smith, T. R. Malthus y David Ricardo, mostraron una profunda preocupaci贸n por los problemas a largo plazo que ellos pronosticaron, relacionados con un colapso inevitable del crecimiento causado precisamente por el agotamiento de los recursos naturales

La corriente marxista decimon贸nica sigui贸 en este pron贸stico a los primeros grandes economistas, y tanto Marx como Engels dejaron muy claro, ya en el Manifiesto Comunista, que la extraordinaria fuerza transformadora del capitalismo resid铆a en su capacidad, sin parang贸n en la historia, de explotar sin restricciones tanto la naturaleza como al propio ser humano. Para los marxistas ambas facetas de la explotaci贸n abocan, tarde o temprano, a un colapso y destrucci贸n del propio sistema capitalista.
La mentalidad irresponsable de la que hablamos, no es otra que la de comportarse como si la herencia natural del planeta fuera infinita o r谩pidamente regenerable. Pero esta ilusi贸n se ha mostrado a todas luces equivocada, y ya son pocos los que se niegan de reconocer que nunca antes en la historia los recursos naturales hab铆an sido un verdadero problema global, como ocurre en nuestros d铆as. El problema tiene una incidencia directa en las posibilidades econ贸micas presentes y, sobre todo, futuras, como nunca antes hab铆a ocurrido

Es innegable que las comunidades en las que vivieron nuestros antepasados hubieron de enfrentarse a numerosas crisis de recursos ambientales que condujeron a la desesperaci贸n y a la pobreza, pero se trat贸 siempre de problemas locales, no globales; y precisamente porque su mundo estaba unido de forma inseparable al medio ambiente, la gesti贸n de los recursos naturales -la producci贸n y el consumo- siempre se llev贸 a cabo de manera comunitaria, para que se compaginaran las posibilidades de sustentar a la poblaci贸n viviente (aunque fuera en unos est谩ndares de miseria para el observador moderno) sin poner en peligro la supervivencia de la propia comunidad en el futuro.
Supone un important铆simo reto para las generaciones presentes comprender que la ilusi贸n del crecimiento indefinido es un grave problema en s铆 misma, y que para solucionarlo es preciso concebir nuevas formas de trabajar y de hacer negocios, dentro de un cambio tecnol贸gico y de mentalidad mucho m谩s general que abarca h谩bitos cotidianos, actitudes, sentimientos, motivaciones y valores. Al fin y al cabo somos una especie sensible e inteligente, y la inteligencia, tal y como la ha definido recientemente el profesor Jos茅 M. S谩nchez Ron, consiste en 鈥渦na tendencia evolutiva que promueve selectivamente la prosperidad de aquellos [organismos] que explotan recursos menguantes sin agotarlos鈥.

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