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Premiando la labor de la mujer

El 4 de marzo se entregarán los galardones en todas las categorías

María Teresa Fernández de la Vega, ex vicepresidenta del Gobierno, y Carmen de Michelena, la última representante viva de la educación bajo los principios de la Institución Libre, son las ganadoras de los Premios 8 de marzo en la categoría nacional. A nivel regional, Carmen Rodríguez Campoamor, activista del PCE que mantenía "reuniones clandestinas" en Getafe (cuenta) y en la categoría local, la vecina Cristina Corredor (en la imagen). En las menciones especiales: la página web ciudad de mujeres, la asociación de mujeres Nuevos Horizontes, el Aula de mujeres de Perales del Río y las empresas Confremar, Copladur, Inglan (Colegio Europeo Aristos) e Icadsa. El acto de entrega de premios será el 4 de marzo, a las 18.00 horas, en el García Lorca.

Carmen de Michelena Morales (categoría nacional)

“En el Puig Adam por un lado entraban los chicos y por otro las chicas. Y dije: todos juntosâ€

"¿Cuántos años tengo ahora?". 96 y medio (contestan al fondo). Carmen de Michelena es casi centenaria y con la cabeza muy lúcida continúa trabajando, como ha hecho toda su vida, por la igualdad entre mujeres, la infancia, la educación y las personas mayores. Con 96 años y medio es, por ejemplo, consejera de la Federación de Universidades Populares. Esta mujer recuerda perfectamente su paso por Getafe a finales de los 60 como profesora. Se quedaría 17 años en el municipio y cuando cumplió los 66 se marchó a Andalucía. Ahí ha permanecido y desde entonces no ha vuelto a la ciudad. El 4 de marzo regresará para recibir el Premio 8 de marzo en la categoría nacional que le entrega el Ayuntamiento y en el Teatro García Lorca espera encontrarse con sus compañeras de docencia de aquella época.

Carmen de Michelena nació en 1914. Con tres años ingresa en la Institución Libre de Enseñanza, que marca la existencia de la mujer, fundada por Francisco Giner de los Ríos. Alumna inquieta inmersa en un mundo de hombres. Conoce a Einstein y a Marie Curie, entre otras personalidades. Comenzó sus estudios de Química y al estallar la guerra se ve truncada su carrera científica, que luego terminará años más tarde. Estudia magisterio (su padre era maestro) y cinco de sus nueve hijos fueron formados por ella, y no pisaron el colegio, bajo los parámetros de la Institución.
Llegó a Getafe –repasa– tras una denuncia en Beas de Segura (Jaén), donde ocupaba la dirección de un colegio. “Decían que yo era masona, amancebada, y me querían echar de la enseñanzaâ€. Eligió un instituto getafense “porque era de nueva creación†y a Carmen de Michelena le debe su nombre: el Puig Adam.

Lo eligió ella. En aquel entonces, “por un lado entraban los chicos y por otro las chicas. Y dije: todos juntosâ€. No en vano, ella es impulsora de la coeducación (ambos sexos). Recuerda la primera reunión que tuvo con alumnos y alumnas: “Les hablé de que íbamos a trabajar juntos, que íbamos a pasar el curso, que no iban a repetir ni se iban a ir a la calle. Uno de la primera fila me miraba con cara largaâ€, recuerda con imagen fotográfica. Ella era interina y a sus 64 años se presentó a oposiciones “porque mi esposo se tenía que jubilar†y las aprobó. Sacó el número 8 y volvió a Getafe dos años más. “Tenía un interés loco por esos chicosâ€. En esta etapa coincidió con su afiliación al partido comunista.
De Michelena ha recibido distintas distinciones, entre ellas, fue la primera mujer en obtener el premio Plácido Fernández Viagas, por su contribución a la promoción de la mujer recibió la Medalla de Andalucía, fue nombrada hija adoptiva de Beas de Segura y jienense del año. Ahora Getafe también le reconoce con un Premio 8 de marzo. “El trabajo que yo hacía era porque quería hacerlo, no buscaba ningún reconocimientoâ€, transmite humildemente.

 

Carmen Rodríguez Campoamor (categoría regional)

“Iba a reuniones clandestinas a Getafeâ€

Su vida está llena de episodios relacionados con la lucha contra el franquismo y la búsqueda de la igualdad de la mujer. Comienza a contar una historia y esa le lleva a otras relacionadas con persecuciones, prisión y reuniones clandestinas. Todo por defender unos ideales. Carmen Rodríguez Campoamor tiene hoy 90 años, fue activista del PCE, mujer del diputado y dirigente comunista Simón Sánchez Montero y fue encarcelada en tres ocasiones, en una de ellas compartió cárcel con algunas mujeres del expediente de las 13 rosas, “con las que no mataron. Era 1945â€. Recuerda de aquella época “lo mal que lo pasábamos, pero también lo buena que era la gente. No te conocían de nada y te abrían sus puertasâ€.

Cuando Carmen estaba en la dirección del PCE en Madrid “iba a reuniones clandestinas a Getafe. Me acuerdo de mucha gente, pero muchos han muertoâ€. Dice que su memoria le falla, pero se acuerda también de cuando coincidió con Pedro Castro. “Conocí al alcalde en una boda del hijo de una camaradaâ€, señala. Hace más de una década que no vuelve por el municipio. Dice que “hasta los 88 años estuve bienâ€, pero ahora “sentada estoy bien, de pie también, pero si ando estoy malâ€. No obstante acudirá al acto de entrega de los Premios 8 de marzo para recibir el reconocimiento que le hace el Ayuntamiento en el García Lorca; “iré como pueda. Pediré a mi hijo o a mi nieto que me lleveâ€. En cuanto al premio, “muchas gracias. A las mujeres no nos suelen hacer nada y hemos luchado como los hombres o más. Mi madre me decía que yo cuidaba de mi marido y de los amigos de mi maridoâ€, cuenta con gracia.

 

Cristina Corredor (categoría local)

“Me han dado más de o que yo he recibidoâ€

Solo algunos problemas de salud consiguen parar la actividad de Cristina Corredor: ahora rumbo al CAID a echar una mano en lo que puede; luego al hospital a ver a una amiga que está enferma; quizá se la pueda ver un rato en la tienda de Intermón Oxfam o montando algún rastrillo solidario. Toda generosidad, asegura que “doy todo lo que puedo, y aún así creo que he recibido más de lo que he dadoâ€. A pesar de que la vida no la haya tratado del todo bien, los ideales que le inculcó su padre se le quedaron grabados en la memoria y en el corazón. “Con un dictador, le oías explicar lo que era la libertad, la dignidad, la honradez y la honestidad, la amistad, tener amigos hasta en el infierno, amigos en todos los sitios. Todo el mundo le quería, a todo el mundo le echaba una manoâ€, recuerda Corredor de aquellos años que considera de los más felices de su vida. “Siempre tengo dentro la niña que fuiâ€.

Amiga de sus amigas, fue una revolucionaria y una activista cuando el papel de la mujer estaba muy limitado. Cristina Corredor “llevaba pantalonesâ€. Al igual que su madre. Y jugaba casi más con chicos que con chicas. Traviesa como nadie, se subía a la tapia de los Escolapios o ataba a su hermano a un árbol jugando a los vaqueros. “Yo siempre hacía de indiaâ€. Y entraba en la casa de cualquiera: “En el Getafe de entonces nos conocíamos todosâ€. No pudo estudiar, y a los 11 años dejó el colegio para ocuparse de su madre y de sus hermanos. Pero le dio tiempo a trabajar. En Ericsson se unió a aquellas que reivindicaban una mejor remuneración de las horas extra, y también se la vio corriendo delante de los grises en las primeras manifestaciones públicas contra Franco. Y luego peleando por Kelvinator o reivindicando un hospital o la universidad.

Se casó con 19 años y tuvo tres hijos: dos niñas y un niño. Pero ni la maternidad pudo con su capacidad para mover grupos. Fundó los primeros APAS en un colegio privado, en el colegio Mengual, pero después también las del Manuel Azaña o el Puig Adams. “También fundé la federación de APASâ€.
Ha luchado por las mujeres en las Asociación María Moliner y Cerro de los Ãngeles. En esta última fue la promotora, junto con Isabel Guerrero “que la quiero con locura†de la carrera por la mujer. Colaboró como voluntaria en la Cruz Roja, aunque las historias que veía le partían el corazón. “Ahora solo participo en el día de la banderita, aunque quiero incorporme y quizá hacer alguna cosa con niñosâ€.

Tiene labia y “acabo siempre con la hucha llenaâ€. Y también ha colaborado activamente en el CAID. “Si no fuera por ellos no estaría aquí: me ayudaron a levantarme y a vivir, a levantar la cabeza y a no decir por qué a mí. Cada vez que estoy hundida tengo a mi psiquiatra allíâ€.
Pero cuando recoja el premio, la dedicatoria irá hacia su padre, a los ideales que le dio. “Estaría tan satisfecho… Me encantaría que viera el Getafe de hoy en díaâ€. Y aunque le decepcionen algunos de los valores que priman en la actualidad “quiero creer en las personasâ€. Y para muestra, ahí tiene a sus nietos. A los cinco, a los que “quiero con locuraâ€.


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