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“Me preguntaban: ¿cómo coge una mujer un tablón de 2,60 por 1,20?”

Susana Iglesias, una carpintera que se formó en las escuelas taller de los 80 con Peridis

“Buscaba trabajo y me cerraban muchas puertas”. ¿Por ser mujer? “Sí”. Susana Iglesias Guerrero es carpintera. Esto es lo que responde a la pregunta ¿a qué te dedicas? “Soy carpintera. Y siempre te dicen: y eso… ¿tú cómo lo has aprendido?”. Desde hace 25 años esta trabajadora se ha movido con la herramienta en la mano dentro de un gremio tradicionalmente de hombres. En algunas casas no le han dejado entrar por llamarse Susana, incluso de gente conocida, aunque nombra también personas en su vida que, como dice, “apostaron por mí”. Hoy trabaja como técnico de mantenimiento en un complejo educativo llamado Ciudad Escolar San Fernando, cerca de la Autónoma, reparando mesas y fabricando puertas y muebles, entre otros cometidos. Del medio centenar de personas del servicio técnico, son tres mujeres.

Ella es la única carpintera; las otras dos son jardineras. ¿Te has encontrado alguna vez con otra mujer con tu oficio? “La verdad es que no. Restauradoras sí, pero carpinteras con martillo y serrucho no”.
“Yo nunca pensé que me iba a dedicar a esto, pero me gustaba”. A Susana le gustaban las manualidades, “trabajar con las manos”, y vio una oportunidad de hacerlo en las escuelas taller que en los años 80 promovió en Getafe el arquitecto José María Pérez Peridis, conocido por sus viñetas en El País. Fue una iniciativa pionera en España, que nació siendo alcalde Jesús Prieto y que continuó con Pedro Castro. Dentro de este proyecto fue como Susana se convirtió en partícipe de la transformación de la Fábrica de Harinas en el actual teatro García Lorca, de la recuperación del Hospitalillo o de la restauración de la iglesia de Perales. Ella se sumó a esta iniciativa en 1988, después de haber formado parte de otro programa que llevaba como eslogan Mujeres jóvenes, oficios antiguos.

La muchacha había terminado sus estudios de COU. Venía la pregunta ¿universidad o no? Eran cinco hermanos y cursar una carrera suponía mayor desembolso para la familia. Susana eligió probar con un oficio y quedarse en Getafe. En la escuela taller, hace casi 25 años, en un principio, había más chicas. “Las mujeres se metían diciendo: voy a aprender algo para que me venga bien para casa”, transmite la alumna. Pero poco a poco, Susana iba viendo cómo las mujeres se quedaban en el camino hasta que en el último año, en el 91, estaba únicamente ella del género femenino restaurando ventanas o fabricando bancos. “Tuve la suerte de encontrarme con un gran maestro, vecino mío, que apostó por mí. Yo he aprendido al lado, por así decirlo, de los mejores”, valora así el trabajo de quienes fueron sus tutores. Julián, “que se ha jubilado este año y ha formado a mucha gente en Getafe”, fue un gran apoyo para la joven en la escuela taller. Ella era una peona y estaba a las órdenes de profesionales que le enseñaron a ser lo que es hoy. Otro apoyo fue su familia. “Mi madre me ha enseñado que la mujer puede hacer de todo; la veía taladrar, poner cortinas, lámparas…”.

En el Laguna de Joatzel
Desde el propio Ayuntamiento, cuenta Susana, reclamaban a estos aprendices de la escuela taller para que realizaran trabajos en casas particulares. Aquí se empezó a encontrar la joven con las primeras trabas del gremio. Una mujer sola en aquellos años… “Entonces tuve la suerte de que dos grandes amigos y compañeros me dijeron que íbamos a trabajar juntos. Y comencé a hacer, como se suele decir, chapuzas”. Librerías, forrar armarios empotrados… “Esto fue lo primero que fui haciendo, que era a través del Ayuntamiento”. Cuando se le acabó el contrato de formación comenzó a trabajar en el instituto Laguna de Joaztel, donde al director, por lo detallista que era Susana, le gustaba cómo trabajaba la carpintera. Se dio de alta como autónoma y montó la librería del centro. Recuerda que por entonces llevaba a su primera hija en el vientre –“uno de los hándicap de las mujeres es que por la maternidad no puedes ejercer el oficio de forma continua”– y “estando embarazada de ocho meses seguía descargando tablones de madera de los camiones”. Después de tener a la niña continuó en el instituto, “cogía la mochila y la herramienta y me iba al centro por las tardes mientras mi marido se quedaba con ella” y seguía realizando trabajos a particulares. A veces sola; a veces se llevaba a algún ayudante.

Después de su trabajo en el Laguna de Joaztel, Susana Iglesias se dedicó al montaje de cocinas. Un amigo le alquiló una parte de su taller. Pero no todos los meses podía sacarse un salario… “y decidí que era el momento de tener el segundo hijo”. Con dos criaturas y unos ingresos irregulares esta carpintera tuvo que elegir y dejó por un tiempo la madera para trabajar en una cadena en una fábrica. Fueron cinco años apartada de su oficio. Tenía contrato fijo y jornada intensiva de mañanas “pero no era lo mío. Yo quería la madera, diseñar, reparar, restaurar. Y decidí salirme”.

En Defensa
Hizo bien Susana, lo sabría poco después, porque se reencontró con sus herramientas y nada menos que trabajando para el Ministerio de Defensa. La llamaron del paro, pasó una prueba, valoraron su formación y su trayectoria, y pasó a formar parte de la plantilla de un cuartel militar en Villaverde. “Me preguntaban: ¿cómo coge una mujer un tablón de 2,60 por 1,20? Y contestaba: más vale maña que fuerza. Hay que pensar cómo vas a hacer el trabajo, eso me lo enseñaron bien”. Ahí ascendió a técnico superior. Había maestro y ayudante y ella era la maestra. Estuvo dos años, “todavía me sigo pasando para ver a los compañeros”, y tras esta experiencia, “no me dio tiempo ni a cobrar el paro”, y la llamaron de la Comunidad de Madrid para el puesto que hoy ocupa en el mantenimiento de instalaciones educativas en el complejo Ciudad Escolar San Fernando, donde hay residencia universitaria, casas de niños de acogida, colegios, cocina, cafetería... La carpintería y los muebles de todo esto, es cosa de ella y de sus tres compañeros carpinteros.

De esto hace casi un lustro. Hoy ser mujer y carpintera se ve de otra forma que hace 25 años, como reconoce Susana, pero todavía sorprende y extraña. “Sigues teniendo que demostrar que no estás de pegote”, ilustra. También ahora las herramientas actuales ayudan en el trabajo de carpintería. “Antes era más manual”. Han cambiado. Sin ir más lejos, ahora van sin cables. Las sierras, la labra, la tupi o la fresadora no tienen secretos para Susana. Y en sus manos, muestras de que es carpintera; alguna cicatriz que recuerda heridas de formones.
En su casa, los trabajos de madera también le corresponden a ella. Cambia habitaciones, puertas, monta estanterías… Y para sus amigos enmarca cuadros, les regala botelleros, mesitas… “Si tuviera mi taller… Algún día”. Es su sueño.

Comentarios  

 
0 #1 Blanca 19-04-2011 16:36
De lo de trabajadora y buena gente doy fe
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