
El poder más peligroso es el del que manda pero no gobierna.
Gonzalo Torrente Ballester
GETAFE/Todas las banderas rotas (03/01/2026) – Las pasadas elecciones extremeñas han sido el primer capítulo de la historia política que se va a desarrollar durante el año 2026. En Aragón, las elecciones, que deberían celebrarse en 2027, han sido adelantadas al 8 de febrero de 2026. Las de Castilla y León tocan no más tarde del 15 de marzo, a menos que también se adelanten pero, en todo caso, serán en 2026. Finalmente, las de Andalucía han de celebrarse en junio del mismo año como fecha tope.
Y, dejando al margen que cualquier presidente autonómico, haciendo uso de su potestad, podría adelantar las de su comunidad, hay que ir pensando en las generales que, según el Gobierno y sus afines, se celebrarán en junio de 2027 y según otros (los que no son afines al Gobierno) se deberán adelantar a 2026; lo que ni unos ni otros aclaran es cuanto hay de pronóstico fundado o de deseo interesado en su afirmación.
El PP ha ganado en Extremadura, pero su victoria es pírrica porque solo ha sacado un escaño más pero 7.935 votos menos que en 2023 lo que, teniendo en cuenta que Vox ha más que doblado su número de escaños, no ha cumplido con su objetivo que era acercarse a la mayoría absoluta y, a la vez, alejarse lo más posible de Vox, por lo que su situación, objetivamente, es peor que antes de las elecciones.
El PSOE sufre una derrota para la que no hay calificativos que la describan. Igual que es muy difícil calificar su derrota, es difícil prever las consecuencias de la misma, tanto para el PSOE como para toda la izquierda. (Y, entre paréntesis, ¿a quien le pareció una idea estupenda que alguien pendiente de juicio por corrupción era el mejor candidato en unas elecciones? ¿Tiene algo que ver, como algunos barruntan, con la situación del hermano de Sánchez en la que está involucrado el candidato?).
Evidentemente, el que más gana a la vista de los resultados es Vox. Consigue más del doble de los escaños que tenía lo que le permitirá doblar sus exigencias: si quiere, podrá entrar en el Gobierno extremeño y/o exigir la presidencia de la Asamblea y, por supuesto, imponer todas sus políticas retrógradas. En resumen, Extremadura será gobernada realmente por Vox, el PP solo será su brazo ejecutor.
Unidas por Extremadura, la coalición de partidos (Podemos, Izquierda Unida y Alianza Verde) a la izquierda del PSOE, ha pasado de tres puestos a siete en la Asamblea. Es un magnífico resultado que no tiene ningún valor para la gobernabilidad, pero lo tiene en el terreno de lo simbólico, y mucho también, para los partidos de izquierda que quieran aplicar lo que se debe aprender de este éxito.
Al analizar estos datos conviene no perder de vista que, si bien el PSOE pierde más de 100.000 votos, una pequeña parte de ellos los recoge Unidas por Extremadura pero la mayor parte se fue a la abstención, es decir, la sociedad extremeña no se ha derechizado. Así que convendría que tanto el PSOE como los partidos a su izquierda consideren cual es la tarea que deben afrontar teniendo eso en cuenta; en mi opinión deberían trabajar por construir una alternativa política que haga que esos abstencionistas vuelvan a votar a la izquierda en cuyos valores aún creen. Y esto vale, electoralmente, tanto para elecciones autonómicas como para generales.
Siempre se ha hablado de las virtudes de la unión de la izquierda, pero no cabe cualquier “unión”. No vale unirse de manera oportunista para unas elecciones, hay que trabajar unidos mucho antes, sin peleas ni insultos, para llegar a los comicios de forma que la gente reconozca los valores y resultados de esa forma de trabajar. Lo malo es que hay partidos que tienen como primer objetivo demostrar que son más de izquierda que ningún otro, que, por ello, están llamados a liderar el espacio a la izquierda del PSOE en lugar de hacer que ese espacio sea lo bastante sólido para derrotar a la derecha y a la ultraderecha: en Aragón, Podemos se ha negado a que en esa unión estuviera Sumar, lo que ha hecho imposible una alianza como la de Extremadura. La llamada izquierda a la izquierda del PSOE no ha aprendido la lección que les han dado sus colegas extremeños; al menos, por ahora, en Aragón, veremos en el resto de las elecciones…
Sostengo que, entre la eficacia y la pureza, sacrificar siquiera sea parcialmente la segunda para mejorar la primera es propio de todo partido que aspire a gobernar y no solo a influir. Pero hay que ser consciente de las consecuencias.
Otro asunto. En las recientes elecciones extremeñas ha habido un 37% de abstención. Se viene diciendo desde hace tiempo pero habrá que seguir repitiéndolo para ver si los dirigentes políticos se enteran: no es la gente quien se aparta de la política como ellos dicen; es cierta manera de practicar la política –y, sobre todo, algunos políticos- quienes expulsan a la gente de la política. Los dirigentes políticos, tanto los del PP como los del PSOE, los de Podemos, los de Sumar…, deberían reflexionar muy seriamente sobre este asunto porque antes la abstención se nutría, principalmente, de los descontentos de uno u otro partido, pero ahora muchos antiguos abstencionistas nutren a Vox cuyo objetivo es acabar con la democracia.
Es cierto que el resultado electoral permitirá al PP y a sus terminales mediáticas hablar del principio del fin del sanchismo y resaltar que el PSOE obtiene el peor resultado de su historia. Para ello ocultaran que lo que pasó este domingo es que perdió casi 8.000 votantes, que decenas de miles de socialistas se quedaron en su casa y no fueron a votar, que Vox crece a su costa y que, a pesar de todo, la izquierda también crece. Tampoco podrá hablar ya de pucherazo o de dictadura.
Hace tiempo que los analistas extendieron el certificado de defunción del bipartidismo y algunos también han dado por muerta la división izquierda/derecha; opino que la primera cuestión es cierta, pero no la segunda: lo que hoy se da es lo que ya se llama bibloquismo: a un lado, el bloque formado por el PSOE y los partidos a su izquierda y, al otro, el bloque de PP y Vox. Ahora cada uno de los dos partidos clásicos –PSOE y PP- se mantienen como únicos con posibilidad de gobernar, pero forman un bloque inestable con sus satélites que, eso sí, hacen más difícil que antes la gobernabilidad por parte de cualquiera de los dos.
El año 2026 será el año en el que el PP, en cada una de las elecciones autonómicas y, finalmente, en las generales, se entregará con armas y bagajes a la ultraderecha que representa Vox, de forma que la sociedad española se parecerá cada vez más a la que está deconstruyendo Trump en Estados Unidos y, en general, en todo el mundo: la fuerza de las armas gobernará las relaciones entre los países, los ricos serán más ricos, los pobres más pobres y sin ningún tipo de escudo social, y la democracia desaparecerá. O no.
El año 2026 será el año en que el PSOE y los partidos a su izquierda entenderán que, para evitar lo anterior, han de encontrar los puntos que les unen sin renunciar a las diferencias que sirven para enriquecer esa unión de manera que, desde ahí, construyamos la sociedad libre, igualitaria y fraterna que la mayoría queremos. O no.