Después de Extremadura, Aragón. ¿Y ahora, qué?

GETAFE/Todas las banderas rotas (16/02/2026) – Después de conocer los resultados de las elecciones aragonesas, Pedro Sánchez ha dicho: “Nuestro partido seguirá siendo la única alternativa progresista”; sí, pero eso solo será cierto si hay suficientes votos a su izquierda para conformar esa alternativa. Azcón, el líder aragonés del PP, ha dicho: “Hemos ganado las elecciones y solo el PP puede formar Gobierno”; es cierto que han ganado las elecciones, pero no puede formar gobierno si no es con la autorización de Vox.

Esta es la realidad por más que el PP o el PSOE intenten disfrazarla con argumentos que, aunque tengan parte de verdad, son más bien excusas dirigidas a los suyos. Porque ambos partidos han perdido: el PSOE claramente puesto que se ha dejado cinco escaños respecto a las anteriores elecciones y el PP también, porque ha perdido dos y ha quedado en manos de Vox.

También forman parte de la realidad los resultados obtenidos por el resto de partidos: es contundente la subida de Vox que dobla su resultado anterior; igualmente la Chunta triunfa doblando su resultado respecto a las elecciones pasadas; Aragón Existe aguanta aunque pierde un escaño; la unión de IU con Sumar consigue solo uno, y Podemos deja de tener presencia en el parlamento aragonés.

¿Qué podemos concluir de esta realidad? Veamos.

El PP ha fracasado rotundamente porque su principal objetivo al convocar estas elecciones –no olvidemos que era quien gobernaba y, entre las opciones que tenía, eligió esta- era separarse de Vox y gobernar en solitario, cosa que no solo no ha conseguido, sino que ha quedado en peores condiciones. El otro objetivo, socavar la posición del Gobierno siguiendo las instrucciones del PP de Génova, no sé hasta qué punto lo habrá cumplido, lo que parece claro es que le ha perjudicado en el nivel regional. En esas condiciones, enarbolar la bandera de que es el partido más votado –por más que sea verdad- es la única forma de disfrazar su fracaso.

Con la misma rotundidad ha fracasado el PSOE, y para justificar esta afirmación no hay que dar argumentos, las cifras lo dicen todo. Siempre se ha dicho que de los fracasos se aprende, quizá se den cuenta que no se ganan elecciones solo encabezando la lista con una cara o con un/a ministro/a que sale mucho en la tele, que hay que trabajar en el terreno el tiempo necesario. Y que, antes que un nombre a la cabeza de una lista, hay que tener un proyecto político distinguible del de los demás, reconocible para los suyos y con fuerza suficiente para ilusionar a sus posibles votantes. Y hay que añadir que debería hacer una profunda reflexión autocrítica porque ya no basta con culpar a la derecha, a la ultraderecha e, incluso, al fallecido Lambán (¡qué bochorno!), deberían identificar qué es lo que el PSOE ha hecho (o ha dejado de hacer) para llegar a esta situación.

Sigamos con los fracasos. ¿Qué excusas pondrá Podemos? ¿Seguirá intentando responsabilizar al resto de los partidos a la izquierda del PSOE de su propia derrota? Si IU/Sumar ha conseguido un escaño, es legítimo pensar que si Podemos se hubiera unido a esa candidatura el resultado habría sido mejor. En la debacle de la izquierda es, para mí, especialmente penoso el caso de Podemos que levantó enormes expectativas cuando nació, alcanzó metas impensables –no solo en votos, sino llegando a formar parte del gobierno de la nación-, pero ha caído casi hasta la irrelevancia en muy poco tiempo: en Aragón solo ha conseguido 6.200 votos (0,9%), ¡menos de la mitad de Se Acabó la Fiesta que alcanzó casi 18.000 votos (2,7%)!; a pesar de todo, sigue comportándose como si eso no hubiera ocurrido: ¡no ha aprendido nada! Por ejemplo, ante el intento de algunas fuerzas políticas a la izquierda del PSOE de explorar una posible unión para las próximas elecciones generales, sigue quedándose voluntaria y tercamente fuera porque se considera la quintaesencia de la izquierda.

Terminemos con los fracasos. Una vez conocidos los resultados, el representante de Chunta Aragonesista dijo que era un buen resultado para ellos pero malo para Aragón: ¡cuánta razón tiene! Porque, independientemente de qué lado esté cada cual, izquierda o derecha, el único ganador es Vox, y, como dije al comentar el resultado de las elecciones en Extremadura, también en Aragón quien gobernará realmente será Vox –que, no lo olvidemos, solo representa al 17,9% de los aragoneses- y el PP solo será su brazo ejecutor. Y, claro, hay que ser muy conscientes de que Vox no es un partido al uso, no pacta, lo que, como todos sabemos, implica ceder en algo de manera que cada cual, según su fuerza en la negociación, conseguirá más o menos de lo que pretenda. Pero Vox no negocia, pone sobre la mesa sus exigencias y le dice al adversario: “esto es lo que quiero, si no me lo das me levanto y me voy”. O lo que es lo mismo, si no se lo dan habría que ir a nuevas elecciones lo que haría ingobernable cualquier territorio. Además, tengamos presente que Vox no cree en las autonomías, su estrategia va encaminada a las elecciones generales, por lo que podría dejar que los plazos para conformar gobiernos se fueran cumpliendo para sacar provecho del caos.

En consecuencia, de cara a las investiduras de Guardiola en Extremadura, Azcón en Aragón y las próximas elecciones autonómicas –Castilla León y Andalucía- tenemos un serio problema. En mi opinión, Vox va a continuar practicando la estrategia de su maestro Steve Bannon que, hasta ahora, le ha ido muy bien: desinformación, extensión de bulos, acusaciones sin base para ocultar la verdad, noticias falsas, etc. Es un terreno –el del barro- en el que se mueve muy bien y en el que le acompañan sus afines mediáticos.

¿Y qué hará el PP? Hasta ahora ha pretendido ser más Vox que Vox y, visto lo visto, los resultados han sido muy negativos para sus intereses electorales. Creo que ha llegado el momento de que opte por una de las dos líneas ideológicas y estratégicas que conviven en ese partido: la que representa la dirección oficial presidida aún por Feijóo y la que encabeza Díaz Ayuso. En mi opinión, para que la primera pudiera funcionar debería adoptar la posición que predomina en la derecha europea, la que ha establecido un cordón sanitario ante la ultraderecha, para lo cual Feijóo, dada su trayectoria, sobre todo en la presente legislatura, ha quedado inhabilitado; por tanto, deberían buscar otra figura con suficiente peso que hoy no se ve en el horizonte popular.

La figura de Ayuso tiene mucho tirón en Madrid, dudo que lo tenga igual en el resto de España. Por otra parte, está mimetizada con Vox hasta el punto de superarle en ocasiones, lo que hace que, llegado el momento de votar, muchos simpatizantes de la ultraderecha dividirían su voto lo que sería perjudicial tanto para el PP como para Vox.

¿Y qué hará la izquierda? No me considero capacitado para responder esta pregunta. Los movimientos que está habiendo estos días deberían llevar a la esperanza pero para eso habría que ser optimista y yo no me muevo en ese campo; el gran Perich lo dejó escrito:”Un optimista es el que cree que todo tiene arreglo. Un pesimista es el que piensa lo mismo, pero sabe que nadie va a intentarlo”.

 

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