Lo que ocurre en Estados Unidos nos afecta a todos

GETAFE/Todas las banderas rotas (06/02/2026) – La actitud de Trump es propia del líder de un país en decadencia: amenaza y agrede para ocultar su debilidad. Presume de haber acabado con ocho guerras pero las dos principales -Gaza y Ucrania- siguen y está a punto de iniciar otra en Irán. Por si todo esto no bastara, en su propio país, la violencia desencadenada por la policía antiinmigrantes ha alcanzado, con una brutalidad y una crueldad sin límites, incluso a los ciudadanos estadounidenses –lo que ha provocado ya dos muertos entre ellos- por lo que, finalmente, han tomado las calles para protestar contra los policías que, en lugar de defender a los ciudadanos como debería ser su misión, les ataca indiscriminadamente fijándose solo en su color de piel o en su acento. Son muchos los analistas que temen que todo esto sea el inicio de una guerra civil; si esto llegara a ocurrir, las consecuencias para el resto del mundo serían catastróficas.

Pero, en mi opinión, es posible que, en lugar de una guerra civil, lo que llegará antes es la conversión de EEUU en una dictadura (lo que sería mucho más grave que lo primero porque saldría de los límites geográficos estadounidenses, dejaría de ser un conflicto local). Para algunos esto que digo puede sonar muy fuerte, pero cualquier observador imparcial puede ver determinados signos que son, ya, propios de un comportamiento dictatorial por parte del presidente y de su gobierno.

Hay teóricos de la ultraderecha política en Estados Unidos que defienden lo que se ha dado en llamar “la teoría del poder ejecutivo unitario”. Se basan en el artículo 2 de su Constitución que dice que “el poder ejecutivo se confiere al presidente de Estados Unidos”; a partir de ahí, obvian todo lo que  la propia Constitución establece para controlar a ese poder y defienden que ponerle límites sería anticonstitucional.

El propio Trump lo expresa de forma que le puedan entender todos sus seguidores, independientemente de su nivel intelectual: “El que salva al país no puede estar incumpliendo ninguna ley”. Esta frase contiene el fundamento de cualquier arbitrariedad o exceso en el ejercicio del poder; empieza por considerarse a sí mismo “salvador” y, a partir de ahí, según él, todo le está permitido y, puesto que también ha dejado dicho que no tiene que respetar ninguna ley –sea del derecho internacional o la propia Constitución de su país-, sino que solo está sujeto a su propia moral, el círculo se cierra y tenemos la apariencia de legalidad jurídica para la instauración de un régimen fascista regido por un líder omnímodo, es decir, una dictadura.

Seguramente se mantendrán las instituciones como se mantuvieron cuando la antigua Roma pasó de república a imperio: Roma no se llamó imperio, siguió llamándose res pública y Augusto no se llamó emperador sino princeps senatus (primer senador), siguieron nombrándose cada año los viejos cargos republicanos (cónsules, pretores, ediles…) y el senado siguió reuniéndose regularmente; pero todo eso no era más que un trampantojo, el poder estaba exclusivamente en manos del emperador, se llamase este como se llamase. El riesgo de que EEUU siga un camino similar, en virtud de la teoría del poder ejecutivo unitario, es evidente para todo aquel que no quiera cerrar los ojos.

Tenemos mucho más cerca en el tiempo la conversión de una democracia en dictadura: Hitler llegó al poder ganando unas elecciones y, después, utilizando a su favor las leyes vigentes en la democracia logró desmontarla. Goebbels, su ministro de propaganda, manejó con enorme eficacia la radio para dominar y controlar a las masas pero hoy día ese medio ha sido superado por las redes sociales y la inteligencia artificial, y ambas son utilizadas por los actuales aprendices de dictadores con la misma eficacia con la que Goebbels manejaba la radio pero con una gran diferencia: si los nazis, gracias a la tecnología de entonces, se hicieron con el poder en Alemania, actualmente las redes sociales y la IA tienen un alcance infinitamente superior y llegan al mundo entero, de manera que influyen directamente en la política doméstica de cualquier país. Y lo que es más grave, como se está viendo estos días, lo hace igualmente Trump que Elon Musk.

El presidente de Estados Unidos ignora y/o ningunea al Congreso y a los jueces, normaliza lo excepcional y pasa por alto los contrapesos institucionales previstos en su Constitución en el camino hacia el control absoluto del poder –lo que deberíamos llamar, sin subterfugios, camino a la dictadura-. Lo que ocurre en Minnesota es lo que muchos analistas creen que es un ensayo de lo que progresivamente irá trasladándose a otros estados donde gobiernan los demócratas. La violencia y el caos provocado por las fuerzas del ICE servirán para intimidar a la población y llevar el miedo a las calles  para que, cuando lleguen las elecciones de medio mandato en noviembre, la población se abstenga de ir a votar. Se trata de auténtico terrorismo de Estado: agentes armados y enmascarados asesinan a ciudadanos indefensos, detienen incluso a niños, sacan de sus casas a ancianos semidesnudos, deportan a ciudadanos que tienen sus papeles en regla. Esto no es propio de democracias.

Mientras tanto, en el ámbito internacional, Venezuela, Ucrania y Gaza, desde el punto de vista de Trump ya están amortizadas, ya ha conseguido lo que él llama paz: en Venezuela controla al gobierno y, en consecuencia, también el negocio del petróleo y el resto de las riquezas del país; en Ucrania deja a su amigo Putin que termine la tarea para cobrarse al final su parte de los beneficios; Gaza ha sido abandonada a su suerte, los líderes que dijeron garantizar el alto el fuego han desaparecido, Netanyahu sigue matando todos los días indiscriminadamente y es de suponer que Trump solo espera a que la Franja haya sido “limpiada” (de estructuras y de personas) para instalar su negocio turístico.

Por tanto, ya puede dedicarse a otros dos objetivos: Cuba e Irán. Todo esto significa que la ley de la fuerza y la violencia sustituirán definitivamente al derecho internacional y la voluntad de un dictador a los acuerdos de las instituciones internacionales.

¿Y cómo influye todo esto en España? Vox no oculta su admiración por Trump y su modo de actuar, pero eso ya lo sabíamos. El PP, en su loca carrera para no dejarse adelantar por la derecha, carga contra la regularización de inmigrantes anunciada por el Gobierno, olvidando que Aznar también lo hizo e, incluso, que el propio Feijóo, no hace tanto, en 2024, decía: “Hay un debate que debemos de dar y debemos de zanjar con los inmigrantes que viven en España y que trabajan en España pero que no obtienen o no han obtenido de momento papeles. Y esos pueden estar tranquilos”. ¿Mentía cuando dijo eso? ¿Miente ahora por miedo a Vox? ¿Tiene principios intercambiables?

Lo que hemos de temer es que si la derecha española llega al poder sabemos que lo hará de la mano de la ultraderecha. Y que si eso pasa no es descabellado pensar que algo similar a lo que hoy está ocurriendo en Minnesota lo lleguemos a ver en nuestras ciudades.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.