
GETAFE/Cultura (31/03/2026) – Júlia Fortaña respira arte dramático desde que tiene uso de razón. Nacida a orillas del Mediterráneo, su vida actual es un constante y enriquecedor ir y venir. A pesar de haberse establecido en la capital española para impulsar su carrera, la intérprete mantiene un fuerte arraigo con su tierra: “Si salen proyectos voy a Valencia, si salen proyectos aquí me quedo aquí, un poco a caballo, sí”.
Detrás de nominaciones, focos y alfombra roja, se esconde una trayectoria forjada a base de tenacidad, formación académica y una vocación a prueba de balas. El romance de Júlia con los escenarios y los textos dramáticos no fue, ni mucho menos, fruto del azar. Se gestó desde su más tierna infancia en el seno de un hogar donde la educación era un pilar inquebrantable.
“Mis padres son los dos profesores y trabajan en escuelas y siempre han creído mucho en el teatro como herramienta pedagógica”, relata con orgullo al recordar sus raíces. Impulsada por ese entorno favorable, fue a la temprana edad de ocho años cuando se subió a las tablas por primera vez. A los 14 años, su compromiso con la actuación dio un salto cualitativo enorme al ingresar en la prestigiosa compañía de teatro grecolatino Komos.
Fueron nueve años de intenso aprendizaje:. “Fue el director el que me dijo, ¿por qué no te planteas estudiar esto? Y yo, uff, un poquito de miedo al principio, pero luego es que no había otra salida para mí, era sí o sí”, recuerda. Fiel a ese instinto visceral, completó primero la carrera de Arte Dramático en su ciudad, Valencia, antes de hacer las maletas rumbo a la capital española. “Me vine a cursar el máster de Teatro y Artes Escénicas en la Universidad Complutense, una decisión académica que acabaría marcándome”.
Pero el camino hacia la consolidación actoral en España está empedrado de numerosos obstáculos. Desde su perspectiva actual, observa un panorama lleno de oportunidades teóricas, pero de crudeza en los castings. “La juventud tiene muchos problemas para meter cabeza; creo que hay muchas oportunidades, muchas convocatorias para jóvenes talentos, pero la realidad es que luego suelen prevalecer otras cosas”, lamenta.
En los tiempos que corren, el peso de la presencia digital parece haber eclipsado el trabajo actoral puro y duro. “Suelen prevalecer las redes sociales”, comenta Júlia. “Tengo una compañera que ganó el año pasado un Max, y se está peleando porque la programen”.

No obstante, y haciendo gala de una actitud tremendamente propositiva y resiliente, la valenciana prefiere no quedarse anclada exclusivamente en la queja. Reconoce que, aunque abrirse camino cuesta “muchísimo”, es vital poner el foco y la energía en la otra cara de la moneda. “Hay que visibilizar a muchísimas productoras, muchísimas compañías que apuestan por las caras desconocidas, que apuestan por el talento, priorizándolo ante otras cosas”, incluyendo los pequeños festivales cinematográficos, que deciden dar un “empujón enorme para los jóvenes”.
A lo largo de su incipiente carrera, Júlia ha tenido que lidiar cara a cara con la precariedad inherente al mundo artístico, viéndose obligada a compaginar castings, memorización de guiones y largos ensayos con trabajos de todo tipo. “He compaginado la carrera con mil cosas, he trabajado en librerías, en productoras y he trabajado de camarera a más no poder”. Lejos de ver esta etapa como un lastre o un tiempo perdido, considera que ese bagaje vital es la materia prima indispensable del alma de cualquier intérprete.
“Vivir es fundamental para un actor o una actriz: al final tener experiencias vitales que te muevan, que te cambien, que te hagan reflexionar, las vas a impregnar en tu personaje”, explica.
Aun así, defiende la necesidad de la técnica académica. Para Fortaña, actuar de manera profesional no consiste en desenterrar heridas personales de forma descontrolada frente a la cámara: “Es fundamental saber que estamos creando, que es una creación, que no hace falta sacudir traumas ni hace falta sacar trapos sucios, sino que tienes que transitar ese proceso de creación con técnica y con herramientas, y eso solo se adquiere con estudios”.
Esa combinación de técnica y experiencias fraguadas a pie de calle cristalizó de manera excepcionalmente brillante en su reciente proyecto protagonista, La barraca. Este cortometraje de ficción, que ha cosechado aplausos unánimes de la crítica en su extenso recorrido por festivales, nace de una necesidad visceral de su creadora. “Su directora, Julia Castaño es de Mallorca, su ciudad está completamente sacudida por el turismo y por el precio de la vivienda… ella escribió desde su necesidad de grito, de expresarse y de poner el foco en estos lugares, y también en los cuidados”.
Para Júlia, ponerse en la piel de su personaje fue casi un acto de catarsis personal. Pudo volcar de manera directa y honesta toda su vivencia previa levantando bandejas en las largas noches de la costa valenciana: “Soy de Valencia, he trabajado en discotecas, he trabajado en chiringuitos de playa, he vivido eso de primera mano. En este corto en concreto me ha sido muy fácil transitar el arco del personaje, su frustración y deseos”.
El horizonte laboral de Julia Fortaña en esta primera mitad de 2026 se perfila vibrante y repleto de ilusionantes desafíos. “Tengo dos proyectos muy guays por delante”, anticipa con la energía luminosa que la caracteriza. En el ámbito de las artes escénicas, este mismo mes de abril arrancará dos intensos meses de ensayos ininterrumpidos para una innovadora obra que verá la luz a finales de junio en los teatros de su Valencia natal. La pieza teatral guarda un as bajo la manga que la tiene fascinada: “Tiene un componente tecnológico, no puedo decir más, pero tiene como un componente muy interesante”.
Paralelamente a su compromiso sobre las tablas, la actriz dará un importante salto a la pequeña pantalla, habiendo superado los castings para fichar por el elenco de la serie Los secretos de Montesierra. En esta producción televisiva, cuyo inicio de rodaje está previsto para el mes de mayo, Fortaña se enfundará en el complejo papel de una profesora de instituto.

La relación de Julia Fortaña con Getafe ha quedado sellada con letras de oro en la última edición del festival Getafe en Corto. El certamen cultural, que se ha consolidado como una cita indispensable para el cine en la Comunidad de Madrid, vio cómo La barraca, se convirtió en la gran triunfadora cosechando los preciados galardones a Mejor Interpretación, Mejor Dirección y el máximo premio a Mejor Cortometraje de toda la edición.
“Para mí ha sido súper importante porque es el primer festival al que puedo venir yo presencialmente: estoy muy emocionada. Siempre ha sido un ¡venga chicos!, ¿cómo nos organizamos? ¿Quién puede ir? Vale, pues hacer fotos, graba… llámame cuando sepas algo”.
Sin embargo, más allá de los reconocimientos, lo que verdaderamente caló hondo en Fortaña fue el auténtico compromiso social y la accesibilidad del festival. “La sesión adaptada para oyentes me parece maravillosa, me parece necesaria. Siempre se habla de que el arte y el cine tiene que llegar a todas y todos, pero qué mejor que hacerlo accesible a este nivel, es increíble. Mi admiración absoluta a Getafe”.