
GETAFE/Ciencia (31/03/2026) – Tres investigadores originarios de Getafe han saltado a las portadas de las revistas científicas más prestigiosas. A través de disciplinas distintas, pero unidos por un mismo afán de desentrañar los misterios del cuerpo humano y las enfermedades más complejas, Javier Redondo-Muñoz, Yolanda Martí-Mateos y Jaime Franco Mansilla lideran investigaciones que marcan un antes y un después en la oncología y la endocrinología.
En la lucha contra el cáncer, comprender cómo se comportan las células malignas es tan crucial como destruirlas. Hasta hace poco, la comunidad científica sabía que las células tumorales se deformaban para poder migrar y abrirse paso a través de los espacios estrechos de los tejidos del cuerpo humano. Se tenía constancia de que este viaje celular podía causar deformación en el núcleo y provocar daños en el ADN. Sin embargo, el equipo liderado por el grupo del Dr. Javier Redondo-Muñoz, desde el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB-CSIC), ha ido un paso más allá, desvelando un mecanismo fascinante y hasta ahora oculto.
Este grupo de científicos ha revelado que las células leucémicas sometidas a un entorno tridimensional denso –muy similar al que encuentran de forma natural en los tejidos humanos– sufren cambios profundos y duraderos. Las alteraciones no son superficiales; afectan drásticamente a la forma, la organización interna y las propiedades biomecánicas del núcleo celular, el vital compartimento que guarda el ADN. Este fenómeno sugiere la existencia de una especie de “memoria mecánica” celular, un descubrimiento con un impacto potencial inmenso en el estudio de los procesos tumorales.
Como indica el propio Redondo-Muñoz, “esta transformación afecta a diversas funciones celulares incluyendo la respuesta al daño en el ADN, la sensibilidad a quimioterapia y la capacidad invasiva en modelos animales”. En conjunto, el estudio demuestra que la experiencia física extrema que sufren las células tumorales puede dejarles esa peligrosa “memoria mecánica”, la cual favorece la heterogeneidad del tumor y provoca una respuesta diferente frente a las terapias aplicadas.
Con el respaldo financiero del Ministerio de Ciencia e Innovación, la Comunidad de Madrid y la Fundación BBVA, este trabajo subraya la necesidad vital de considerar el entorno 3D en la biología del cáncer y abre un nuevo paradigma para diseñar estrategias terapéuticas mucho más eficaces en el futuro.
El talento de Getafe no solo se queda en España; cruza océanos para instalarse en la élite científica de Estados Unidos. Es el caso de Yolanda Martí-Mateos, investigadora de origen getafense que actualmente desarrolla su brillante labor en los renombrados Institutos Gladstone, vinculados a la Universidad de California en San Francisco (UCSF).
Su reciente estudio, publicado a principios de este año, ha arrojado luz sobre uno de los enigmas médicos más curiosos de la endocrinología: por qué las personas que viven a gran altitud, en zonas montañosas, presentan una notable protección contra enfermedades metabólicas como la diabetes.
La clave de este misterio reside en la hipoxia, la reducción de los niveles de oxígeno que se experimenta en las alturas. Durante años, los médicos habían observado estadísticamente que las poblaciones de alta montaña tenían tasas mucho menores de hiperglucemia, pero los mecanismos moleculares exactos seguían siendo un rompecabezas. El equipo en el que participa Martí-Mateos ha logrado descifrar este mecanismo, revelando un comportamiento celular completamente inesperado que podría revolucionar los tratamientos futuros.
Según la investigación en la que ha participado la científica de Getafe, cuando el organismo se somete a condiciones de baja concentración de oxígeno, los glóbulos rojos asumen un rol secundario sorprendente: se convierten en auténticos “sumideros” de azúcar. Para compensar el estrés de la hipoxia, estos glóbulos rojos comienzan a absorber cantidades masivas de glucosa directamente del torrente sanguíneo.
Este hallazgo es un auténtico cambio de paradigma, ya que demuestra que el cuerpo humano tiene vías alternativas y muy potentes para regular el azúcar en sangre sin depender exclusivamente de la insulina producida por el páncreas.

El tercer pilar de este orgullo científico getafense es Jaime Franco Mansilla, un joven biomédico e investigador predoctoral cuyo trabajo ya está siendo aclamado. Desarrollando su labor en el prestigioso Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Jaime Mansilla ha sido galardonado recientemente con el primer premio en la categoría de Ciencias Biológicas y Biomédicas otorgado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
Por si fuera poco, a este reconocimiento gubernamental se suma también el primer premio de la Fundación Vencer el Cáncer, unos galardones que aplauden su incansable investigación en el desarrollo de una innovadora inmunoterapia contra esta enfermedad.
El trabajo científico de este investigador local se enmarca dentro del Grupo de Inmunoterapia del Cáncer del CNIO. Allí, Mansilla centra sus esfuerzos en investigar y desarrollar estrategias basadas en las denominadas células STAb. Estas células son capaces de producir anticuerpos específicos que actúan como señales de alarma y anclaje. Se trata de un enfoque altamente sofisticado que cuenta con un inmenso potencial en la oncología moderna, acercando los descubrimientos del laboratorio a la cama del paciente.
Pero la figura de Jaime Franco Mansilla destaca no solo por su indudable brillantez sino por su profundo compromiso social y sus fuertes convicciones sobre el sistema que le ha visto crecer. El investigador subraya con orgullo que ha desarrollado absolutamente toda su formación académica en el sistema público, desde sus primeros pasos en la Educación Primaria hasta sus estudios universitarios. Para él, la excelente calidad del profesorado, de las materias impartidas y de la formación integral recibida en las escuelas y universidades públicas ha sido un factor determinante e indispensable para poder alcanzar su meteórica trayectoria científica actual.