Var-güenza

GETAFE/El rincón del lector (27/11/2018) – El sistema de rearbitraje por vídeo implantado esta temporada no sirvió para señalar un clamoroso penalti a favor del Getafe en los últimos minutos del partido contra el Athletic. La familia azulona clama por una situación, la del poco respeto por la institución, que permite blanquear situaciones tan anómalas e injustas como la vivida en Bilbao la mañana del domingo.

Pasados aquellos años de gestas, viajes por Europa y finales de Copa, y sin saber bien por qué, el Getafe dejó de caer en gracia. La indiferencia sobrevenida se convertía en desagrado poco después. El Getafe peleaba contra todo y contra todos. En la trinchera azulona estaban sus miles de fieles, la directiva y muy pocas voces reconocibles del establishment de televisiones, radios e internet. Los del sur madrileño parecían molestar. Una sensación anímica similar a la del descenso en el Villamarín sacude hoy a la hinchada azulona. El enfado trasciende el resultado. Al Geta le birlaron un penalti clamoroso en San Mamés el domingo.

Ni el árbitro señaló una pena máxima que era ni el VAR corrigió el error (tan ufanos en Las Rozas cuando acertaron en la jugada entre Varane y Luis Suárez). Muchos azulones valoran la grosera omisión como una muestra más del trato desigual que recibe el Getafe, jornada tras jornada, en el campeonato nacional de Liga. Varios jugadores, como Antúnes o Jaime Mata, han hecho público su sentir en las redes sociales. Arbitrajes de este nivel se han convertido, desgraciadamente, en la tónica general tanto esta temporada como la anterior.

Cuando las bromas sobre la asistencia al estadio –la familia azulona sigue creciendo– se hicieron absurdas por mor de la evidencia, muchos de los getafobos habituales, que tanta inquina rezuman contra lo azulón, encontraron en la etiqueta de equipo duro un nuevo motivo para seguir desprestigiando al club. Este argumento innegablemente negativo parece tener un efecto muy notable en el colectivo arbitral, comandado este año por el madrileño Velasco Carballo. El Geta no es intenso, es duro. El Geta no es competitivo, su césped está alto y seco. Los matices, tan necesarios, nunca le favorecen.

Esta es la descripción de lo acontecido en Bilbao: corre el minuto 92 de partido; el Getafe, tras haber empatado un cuarto de hora antes, llega con peligro al área del equipo vasco. En uno de esos ataques, y con el choque a punto de finalizar, el delantero azulón Jaime Mata es objeto de un penalti clamoroso que no señala el colegiado principal del partido.

Cabe señalar que el suceso anteriormente relatado no es motivo de disgusto. Los árbitros que ejercen sobre la hierba tienen limitaciones (visuales, de colocación) y pueden errar. A pesar de que era un penalti claro, se puede albergar la duda de que el colegiado no lo viera nítido o lo considerara como tal. El gran problema, origen del monumental enfado de la afición getafense y causa de su malestar, es que el colegiado encargado del VAR, González González, no informará al árbitro principal de que se había cometido un claro penalti favorable al equipo madrileño. (En la visita a Bilbao de la campaña pasada, al Geta se le privó de un gol –sí traspasó la línea– que hubiera supuesto su victoria; entonces no había VAR).

Hace quince días, en el encuentro frente al Valencia y también en los instantes finales del partido, el jugador del Getafe Bruno agarró dentro del área a un contrincante valencianista. El penalti, a instancias del VAR, fue sancionado dos minutos después de que se produjera la jugada y significó la posterior victoria del Valencia (0-1).

No hay excusas: el VAR es un gran medio de ayuda para el arbitraje, pero el penalti a favor del Getafe en Bilbao no se pitó porque el colegiado del VAR González González no quiso. Quien estaba delante de las pantallas de televisión no permitió al árbitro principal, Iglesias Villanueva, la oportunidad para revisar la jugada postrera. El VAR se inhibió en una acción que podría haber deshecho el empate.

El silencio cobarde desde la sala de plasmas y vídeos de la Federación es la mecha por la que estalla en indignación el cuadro madrileño, que vuelve a ver cómo otra temporada más es gravemente perjudicado por las decisiones arbitrales.

Los perjuicios no solo abarcan la cosecha de puntos ni el puesto en la tabla clasificatoria. El Getafe padece el silencio de casi todos ante una omisión, la del VAR, más que cuestionable. El escaso eco de la jugada en los medios blanquea una acción lamentable que requeriría de una reflexión profunda (y reparadora). El trato periodístico que sigue recibiendo el club por parte de la prensa deportiva nacional –por ejemplo, los comentarios en Bein Sports de Lluís Izquierdo y Santiago Segurola–, favorece una visión sesgada y perversa del pasado y el presente del equipo, al que se asocian más valores negativos que positivos.

La familia azulona se autopercibe, otro curso más, castigada cruel e injustamente por árbitros, prensa y determinadas instituciones rivales. Saben en la capital del sur de la Comunidad que toca volver a luchar y levantar orgullosos la bandera azul.

Redacción Getafe Capital

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