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Mirada azul

Pedro, el de la mirada azul, fue el cura de la parroquia de Fátima a cuyas misas menos asistí, y mira que fui a unas cuantas, pero él, siempre coherente a su forma de ser y entender el cristianismo, nunca se dejaba ver en aquellas horas de prime time, es decir, pocas veces oficiaba en misa de doce o en misa de una los domingos…siempre fue más de las de las 9 de la mañana y aquellas diarias de las ocho de la tarde, donde ves la verdadera sociología de un barrio: mujer mayor que hace la compra del día en la galería Lope de Vega, que cuando cae la tarde baja a comprar la cena y, de paso, acude a Fátima a pensar en los suyos y escuchar el oficio. Tampoco ofició la misa de once, la infantil en la década de los noventa, en la que yo aprendí a tocar la guitarra y en donde unos cuantos jóvenes, huérfanos de amigos a consecuencia de la expansión de Getafe tanto por el Sector III como por El Bercial, buscábamos en la palabra del señor alguna señal que nos dijera donde anclar nuestra adolescencia.

Ya en aquella época, se me transmitió la imagen de Pedro Cid como un Robin Hood de los drogadictos. Mis padres no nos dejaron ver El Pico, pero a su protagonista me lo crucé más de una vez a la vera de Pedro, el de la mirada azul, cruzando el paso subterráneo o saliendo de su casa en los locales de la iglesia de Fátima.

Una conversación de barrio, de esas casuales y no buscadas, entre mi madre y él en la plaza, acabó tratándose de mi tema, mi falta de amigos, y la existencia de un grupo Scout del que él formaba parte de alguna manera y en el cual yo podría encajar, yo tenía once años. Veintitrés años más tarde no hay ninguna interconexión neuronal de mi cerebro que no sepa que soy lo que soy gracias o, mejor dicho, a partir de ese momento. La combinación de mi situación familiar, los días de escuela e instituto y, sobre todo, mis sábados y veranos atravesados por el grupo Scout Orión me otorgaron la identidad personal que hoy me define y diferencia.

Y año tras año, Pedro presente de alguna u otra manera. En la última etapa de mi madre, antes de su fallecimiento en 2010, otro momento vital de los que marcan, Pedro estuvo cerca. De nuevo conversaciones de barrio, en esta ocasión a orillas del Kiosco de Paco, revisábamos la vida de mi madre, sus superaciones, su salud y el presente…un par de frases pausadas, una mirada azul que te bañaba en tranquilidad, y te marchabas en la mayor de las paces.

Hoy hace tres meses que Pedro venía de comer con unos amigos, bajaba por la Calle Ferrocarril, más cansado que de costumbre, se paró en el banco que hay delante de la tienda de comics. Estaba feliz de ver al nieto de mi madre, de que se parecieran tanto, de que yo siguiera trabajando y cantando, de que siguiera viviendo en el barrio…volvió a transmitir su calma y giró la esquina por la calle Lope de Vega. Nunca más le volví a ver, si bien el cielo siempre me le recuerda.

 

Redacción Getafe Capital

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