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Evaluar al profesorado, ¿para qué?

escuelas-educacionLa difusión mediática que se está dando al Libro Blanco del Docente, que está elaborando el reputado filósofo José Antonio Marina por encargo del actual ministro de Educación, ha vuelto a poner de actualidad el debate educativo y la función del profesor hoy. Su gran mérito es que se hable de educación en medio de los grandes temas que llenan los noticiarios: Cataluña, Siria y terrorismo yihadista, violencia de género, elecciones, refugiados…

En la propuesta, que vamos conociendo, hay cuestiones que hemos de tener en cuenta: la necesidad de replantear los aspectos que pueden y deben mejorar la calidad de nuestro sistema educativo. Esto se está haciendo en muchos países avanzados y en todos se tiene claro que la calidad de su profesorado es un punto central que hay que tener en cuenta en las políticas educativas. Hay que reconocer que en nuestro país las políticas educativas de los últimos cuarenta y cinco años (desde la Ley General de Educación del 70) no se han tomado en serio este tema y nadie se ha atrevido a entrar en profundidad en él. Que este tema aparezca a dos meses de las elecciones generales, como encargo del más funesto Ministerio de Educación de la democracia a un prestigioso profesor me produce muchas dudas  sobre la utilización de su trabajo para fines electorales. Lo más grave es que se haga la propuesta sin debate social de ningún tipo y sin tener en cuenta al propio profesorado y a la comunidad educativa. Es más difícil cada día aceptar “salvadores” venidos del cielo.

Son muchas las cuestiones que se plantean con las que no podemos estar de acuerdo. Aquí nos referimos a tres. La primera es que no se puede hablar del perfil del docente que se necesita hoy sin tener en cuenta qué modelo de educación queremos y para qué sociedad. Si es para crear ciudadanos dóciles y sumisos necesitaremos un profesorado acrítico que sea obediente a lo que le mandan. Si queremos ciudadanos protagonistas de su vida, justos, igualitarios, libres, solidarios, participativos y críticos, necesitamos un profesorado bien formado, apasionado con la educación, crítico, libre, justo, solidario, comprometido ética y políticamente con la escuela pública (la única que garantiza el derecho de todos a la educación) y la construcción de una sociedad con mayor equidad y justicia social.  Como la propuesta se hace sin ese análisis, se parte de lo que demanda, sin más, el sistema productivo y lo importante para ellos es la incorporación del alumnado al mundo laboral. ¿Dónde quedan las demás dimensiones educables del ser humano?

La segunda es que la realidad de las reformas de muchos sistemas educativos de éxito, a los que se hace referencia, no parece que vaya por ahí, si no que son más acordes con las exigencias de la sociedad neoliberal de rendimiento y competitividad extrema. ¿De qué éxito se habla? ¿Han mejorado esos países el índice de felicidad y desarrollo humano de sus poblaciones, como es el caso de Corea del Sur y de otros muchos de los más avanzados? ¿O las están sometiendo a unos niveles de estrés y frustración que generan estados depresivos y otras enfermedades, además de un aumento de suicidios y marginación intolerables?

La tercera es que parece evidente que todos los servidores de los ciudadanos a través del Estado han de dar cuenta pública de su trabajo, el profesorado y todos los demás. Una cosa es que su trabajo sea conocido y valorado o no, y otra que se les divida en buenos y malos sin más. Además que se pida a los buenos que denuncien a los malos sin reconocer que todos somos mejorables y que este tema no va de eso. Reconozco que es necesario se valore lo que hacen como docentes en los diferentes contextos en que desarrollan su labor, que se les escuche y se hagan propuestas de mejora profesional para que puedan cumplir mejor su función: que tengan en cuenta una mayor y mejor formación inicial y permanente, la disminución del numero de alumnos por aula, menos horas de docencia y más de tutoría y orientación al alumnado en su diversidad, tiempo para reflexionar con los demás miembros de la comunidad educativa su práctica y poder investigar para mejorarla, la exigencia compartida de mayor compromiso con una educación pública que nos humanice y aporte mejores personas para construir juntos una sociedad un poco mejor cada día.

Queremos mejor profesorado, mejor escuela, mejor educación y que se pongan los medios adecuados para conseguirlo.

 

Redacción Getafe Capital