Religión, la asignatura pendiente

GETAFE/El aula sin muros (05/07/2018) – Lucas es un alumno de primero de bachillerato de un instituto de excelencia de Madrid, ese invento segregador que creó el gobierno de Esperanza Aguirre y que aplauden tantos tertulianos.

¡Qué mala suerte, los alumnos “excelentes” han salido respondones! Hace unos días el (excelente) nieto del malogrado juez Tomás y Valiente abogaba por la equidad en la educación.

Lucas hace unos días inició una recogida de firmas en Change.org para que la asignatura de religión no compute en la media de bachillerato para el acceso a la universidad y ya ha conseguido cerca de 25.000 firmas.

El número de alumnos que cursan religión aumentó considerablemente desde el curso 2015-16 en que entró en vigor la LOMCE, pasando de un 41,2% al 49. En este aumento tuvo mucho que ver el hecho de que la nota de religión se incluyera en la media del curso. El alumnado elige la asignatura de Religión porque considera que es fácil conseguir una nota más alta que en otras optativas. No parece que sea el sentimiento religioso el que determina el aumento de la opción religiosa entre el alumnado, pero a la conferencia episcopal le preocupa más lo cuantitativo que lo cualitativo, ya que en última instancia esto le servirá para presionar al poder político y seguir disfrutando de los privilegios que le reporta un concordato, que firmó en la época franquista y que ha perdurado inalterable durante la época democrática.

La sociedad española está muy secularizada, la iglesia católica cuenta cada vez con menos influencia en nuestra sociedad, buena prueba de ello es la asombrosa disminución de matrimonios eclesiásticos en los últimos años, pasando de un 75,6% en el año 2000 al 22,2%.

Su alineamiento con postulados políticos conservadores, sus planteamientos retrógrados en temas como el feminismo, la homosexualidad, los cuidados paliativos (por no decir la eutanasia), su oposición a algunos avances científicos como los relacionados con la reproducción humana y los escándalos relacionados con la pedofilia o las finanzas, le alejan de buena parte de la ciudadanía y sobre todo de la juventud. Estos planteamientos retrógrados no son exclusivos de la religión católica sino de la mayoría de las confesiones religiosas.

Sencillamente, pensamos que las religiones confesionales deben estar fuera de la escuela, donde se deben impartir conocimientos científicos y hábitos y valores acordes con una ética universal y en consonancia con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Respetamos las creencias, doctrinas y liturgias de cada cual, pero consideramos que deben circunscribirse al ámbito de lo personal y de la respectiva iglesia, mezquita, sinagoga o espacio religioso específico.

No nos sirve el argumento de que entren en la escuela el resto de las religiones, eso sólo contribuiría a complicar el problema, encarecer la educación y restar tiempo a otras materias más relevantes.

El simple hecho de tener que clasificar al alumnado por confesiones religiosas nos parece una aberración. Si se da por hecho que ninguna persona está obligada a declarar públicamente sus creencias no parece procedente que al alumnado se le clasifique en función de esta variable.

Es importante conocer la trascendencia histórica y social de las religiones, porque determinaron en buena medida el pasado de la humanidad y han contribuido a gestar culturas diferentes y con este sentido formarán parte de los programas de historia, filosofía u otras materias, pero no como asignatura confesional.

Incluso pondría en duda el poder absoluto de las familias para decidir cuáles deben ser las creencias de unos hijos o hijas que tienen derecho a decidir por sí mismos.

Durante todo el periodo democrático la asignatura de religión ha estado presente en el curriculum escolar. Durante los periodos de gobierno socialista ha dejado de ser computable para la nota media, pero ha permanecido como asignatura optativa, obligando al alumnado a cursar otra asignatura alternativa relacionada con los valores éticos, evitando siempre que, en ese periodo, el alumnado recibiera una formación práctica que “perjudicara” la opción religiosa. Durante el gobierno de Zapatero, se introdujo la opción de Historia de las Religiones, aumentando la optatividad. En todos los casos la organización del horario escolar ha estado condicionado, en buena medida, por la asignatura de religión.

La nueva ministra ha manifestado su intención de introducir una asignatura de valores éticos universales que sería cursada por todo el alumnado. Es un avance, pero se sigue manteniendo la asignatura de religión dentro de la escuela: el lobby religioso católico sigue siendo muy poderoso y los gobiernos socialistas evitan por todos los medios el enfrentamiento con la poderosa y retrógrada jerarquía eclesiástica. Nosotros creemos que la sociedad española es lo suficientemente madura para entender que la religión confesional debe estar fuera del curriculum escolar y que esta medida contaría (incluso) con el apoyo de la mayoría de los creyentes, que entienden que “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Escuela Abierta es un movimiento de renovación pedagógica que surgió en Getafe en el año 1981 y que tiene entre sus objetivos la construcción de un modelo de Escuela Pública universal, inclusiva, científica y laica.

Redacción Getafe Capital