Decisiones difíciles

GETAFE/Rincón psicológico (29/11/2018) – “En tiempo de crisis (desolación) no hacer mudanza”. Esta frase tan conocida se atribuye a San Ignacio de Loyola fundador de la Compañía de Jesús allá por el siglo XVI, seguro que son muchas las veces que ante una importante decisión hemos escuchado en boca de algún familiar, amigo o pareja esta gran frase que nos ha sacado de más de un quebradero de cabeza, pero ¿qué hay detrás de esta recomendación?

Cuando nos encontramos ante decisiones difíciles nos vemos sumergidos en una dicotomía de si la decisión que tomaré será la correcta o no. Si basamos las decisiones en esta dualidad entraremos en un fuerte conflicto interno donde pensaremos que una decisión es mejor que la otra y esto no es del todo correcto.

No hay decisiones mejores ni peores sino decisiones firmes que dependiendo de las circunstancias y del momento serán las adecuadas.

Hace unos días que oía decir “lo único permanente es el cambio”, sabio reflejo de lo que es la vida, el vértigo de vivir donde cada instante es un cambio que conduce a movimientos profundos.

Cuando nos vemos en esta ambivalencia de “tener“ que elegir, nuestro cuerpo se ve sometido a una presión que fisiológicamente se somatiza en la parte del estómago, es el estómago el que nos “habla”, se nos hace un “fuerte nudo“ dentro de él y se “me cierra la boca del estómago” solemos decir. Es tal el bloqueo ante la duda que me impide que mi cerebro respire para contemplar aquello que mi corazón desea.

La literatura también nos habla de ello. «Donde el corazón te lleve”, de Susana Tamaro.

Nuestras abuelas comentaban que no hay mejor decisión que aquella que se toma con el corazón pues desde ahí el resultado será acogido desde el amor y no podrá existir la equivocación y es curioso observar como las decisiones tomadas desde este “lugar emocional” del corazón con el tiempo nos parecen las más acertadas.

Pero, ¿qué sucede ante decisiones donde no hay tiempo, donde nos sentimos en un torbellino, donde dependiendo de la decisión nos conducirá a un lugar u a otro del que podremos arrepentirnos?

Es precisamente este punto de vista el que nos hace no respirar y mirar con claridad, pensar y con ello sentir que no tendremos tempo, que me equivocaré, que me arrepentiré el resto de mi vida… este pozo sin salida donde mi cabeza parece una centrifugadora de órdenes, mandatos y condicionantes que me impiden abrirme a la oportunidad de la decisión.

Es importante aprender que ante decisiones importantes nuestro tempo debe no tener límites, justo es en ese momento donde necesitamos hacer STOP, mirar hacia dentro, escucharnos y respirar desde nuestra generosidad aquello que sintamos nos hará sentirnos bien. A veces no es fácil pues a veces el tempo apremia pero es incluso más en estos momentos donde se hacer urgente buscar nuestro espacio y escucharnos para respondernos.

La intensidad nos bloquea, el miedo nos paraliza y la abrumación de un tiempo nos colapsa hasta entrar en “crisis” momento donde es aconsejable “no hacer mudanza”.

Sirvámonos de ACOMPAÑANTES para estos instantes de tiempo que nos recuerden que no hay decisiones mejores ni peores.

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Redacción Getafe Capital