Estamos hasta los drones

GETAFE/La piedra de Sísifo (23/03/2021) – Nos enteramos del nuevo servicio que pone en marcha la Policía Local, consistente en el uso de dos drones que servirán para mejorar la vigilancia de determinadas zonas de difícil acceso y controlar silenciosamente algunas situaciones o circunstancias que así lo requieran. Este tipo de recursos, como cualquier otro, son potencialmente positivos (o negativos) según el uso que se haga de ellos. En principio me parece bien e, incluso, pueden ser útiles para llevar a buen puerto algunas investigaciones que parecían atrancadas y, vistas desde arriba, pueden aclarar lo que ahora está turbio.

Para empezar, una toma cenital puede abrirnos los ojos de qué sucedió realmente en las residencias de mayores durante la primera ola de la pandemia. Veríamos, como en un videojuego macabro, los movimientos sospechosos de sus dirigentes, el ir y venir de órdenes, procedentes de la Comunidad de Madrid, condenando a una muerte segura; abandonados a su suerte y solo atendidos por unos trabajadores sin medios que, a duras penas, intentaban paliar el sufrimiento de ver apagarse en absoluta soledad; a personas que, de otro modo, hubieran superado varios años con una salud y una calidad de vida razonables. Veríamos a los canallas asesinando a instrucción armada a miles de personas en la más completa indefensión y, luego, escondiendo la mano abochornados por su propia infamia.

Los drones también nos ayudarían a establecer los recorridos del gran caudal de dinero que ha empapado los muros del rimbombante Hospital de Pandemias Enfermera Isabel Zendal (o de algunos despachos relacionados directa o indirectamente con su construcción) y que inicialmente estaba presupuestado en 50 millones de euros, ya va por 200 millones en una escalada de costes absurdos, a la que no se aprecia final. Una nave industrial con ínfulas, pero sin quirófanos; con muchos padres, pero sin personal asignado; que ha procurado opíparas comilonas; salvo a sus escasos ingresados a quienes servían comida en mal estado; con unas descomunales medidas de seguridad, paradójicamente, protegiendo a los enfermos más desprotegidos.

Un dron dotado de sus correspondientes micrófonos, sería muy útil para escuchar la sarta de improperios que, día a día, va incrementando Pablo Casado, a la pasada de frenada (o de alguna sustancia) que se ha marcado Isabel Díaz Ayuso, con sus cuentas de la lechera de las elecciones del 4 de mayo y de la leche que se va a dar. Si algo funciona, no lo toques; reza el dicho, e IDA venía haciendo en la Comunidad de Madrid, literalmente, lo que le salía de las gónadas, con el consentimiento tácito de ‘Pagafantas Aguado’ y el aplauso en la sombra de sus SS (socios subterráneos) de VOX. Tal y como está el patio, está en serio riesgo, no ya de no obtener la mayoría que pretende, sino de que la izquierda le arrebate el poder, revalidando su victoria en la urnas de 2019, en esta ocasión con una cifra de diputados incontestable.

Eso sí, vista desde arriba, desde abajo, desde los lados o en primer plano, la felicidad que te deseo está desprovista de toda esa suciedad y podredumbre. Es solo eso, un sentimiento noble.

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