GETAFE/La Ruta de la Memoria – (28/02/2026) Hay tardes en el calendario que no se miden en horas ni en minutos, sino en puras emociones. Eso fue exactamente lo que los vecinos de nuestra ciudad experimentaron el pasado martes 24 de febrero en el Centro Cívico Alhóndiga. Cuando las luces de la sala se apagaron para cobijar el estreno de «Las Luces de Aquel Getafe Que Fuimos», nadie en el patio de butacas estaba preparado para la sacudida sentimental que estaba a punto de suceder. No asistimos a una simple proyección; fuimos testigos de un hermoso milagro contra el implacable paso del tiempo. De repente, la pantalla se encendió y los tonos grises del pasado, que antes parecían fríos y distantes, comenzaron a latir con una vida deslumbrante. El Getafe de nuestros abuelos despertó de su letargo, fundiéndose en un abrazo directo con el presente.
Vivimos en una época veloz y efímera, pero este documental nos obliga a detenernos. Por ello, esta crónica, al igual que el documental, rinde un sentido y necesario homenaje a quienes ven cómo su mente les juega la más cruel de las pasadas. A través de este trabajo, se busca devolverles la luz exacta de su historia. Y a la par, abrazamos a esos vecinos de a pie que han conservado con mimo cada instantánea. Sin su empeño silencioso, esta jornada no tendría memoria que transitar.
Toda esta inmensa catarsis colectiva, este maravilloso viaje en la máquina del tiempo, tiene un nombre propio. Si asociaciones y vecinos han puesto los cimientos y la voluntad, Ángel Pingarrón ha sido el ejecutor de este documental. Su labor ha ido muchísimo más allá de la técnica digital o del simple uso de un programa para colorear píxeles; Ángel ha ejercido de auténtico cirujano de la nostalgia.
Bajo su meticuloso trabajo, el polvo de aquellas calles sin asfaltar parece levantarse de nuevo y colarse en la pantalla. Pingarrón ha insuflado aliento a fotografías que parecían mudas. Gracias a su tesón, las miradas atrapadas en blanco y negro en la primera mitad del siglo XX nos devuelven hoy una luz vibrante, devolviendo a Getafe un color y una vitalidad que muchos creían borrados para siempre.
Las sensaciones que inundaron La Alhóndiga mientras se visionaba el documento, son de esas que resultan casi imposibles de encerrar en un texto. El aire de la sala se volvió denso, tejido a base de suspiros ahogados, sonrisas de absoluta complicidad y lágrimas silenciosas que resbalaban irremediablemente por las mejillas del público. Durante la velada, hubo dedos señalando la pantalla en la oscuridad, sin duda, reconocían cada espacio y venía a su mente múltiples recuerdos. En ese instante mágico, la película dejó de ser cine para transformarse en un inmenso álbum familiar compartido por todo un pueblo.
«Las Luces de Aquel Getafe Que Fuimos» nos enseña que la memoria es nuestro mayor tesoro. Por eso, hoy más que nunca, abrazamos a quienes luchan para que la bruma del olvido no apague su mente, y damos gracias infinitas a quienes, foto a foto, y color a color, han conservado la luz de aquel Getafe para que hoy, y siempre, siga iluminando el nuestro.