
GETAFE/Esperando el meteorito (30/03/2026) – Poca gente se ha dado cuenta de los frecuentes viajes que, nuestra ínclita presidenta, Isabel Díaz Ayuso, emprende hacia EEUU. ¿Qué podemos pensar, que leyó de niña La Vuelta al Mundo en 80 días y trata de emular a Phileas Fogg? ¿Que necesita acumular puntos de vuelos para que le regalen una tostadora que le hace mucha falta? ¿…? Nada de eso. Al parecer, anda en conversaciones con el Grupo Apollo, que es mucho más que el fondo de inversión que ha comprado el Atlético de Madrid. Se trata de un descomunal entramado con más tentáculos que un criadero de pulpos. Toca todos los palos: el financiero, como gigantesco fondo de inversión; poderoso lobby, con gran influencia en numerosos países, incluido EEUU; militar, heredero del denostado contratista Blackwater, al que redenominó Constellis; propietario de más de 200 hospitales por varios estados norteamericanos; residencias de mayores, al estilo americano, sin dinero no entras; aseguradoras del tramposo modelo estadounidense; inversiones tecnológicas con Elon Musk; culturales, con la propiedad de estudios y productoras cinematográficas, Hollywood Legendary y productoras televisivas, Endemol, por ejemplo; deportivas, no solo el At. De Madrid; un poderío inmobiliario mayor que cualquier país pequeño y sonrojantes relaciones con Epstein y la cara oscura del propio Trump, como si tuviera alguna luminosa; entre otras cosas.
Pero ¿qué tipo de conversaciones? Conociendo a la interfecta y su legendaria alergia al trabajo, así como las tendencias retorcidas de sus asesores de máxima confianza, podríamos aventurar la sospecha, nada descabellada, de que su pretensión es venderles Madrid, continente y contenido, y “blindarse el riñón” (el suyo y el de su entorno) para la eternidad.
Veamos: el gobierno y la gestión de una comunidad autónoma afecta a la mayoría de las facetas de necesidades y servicios a la ciudadanía y, casualmente, el tal Grupo Apollo toca todos estos aspectos (y algunos más) con una disponibilidad infinita de recursos, y cuando digo infinita es eso, infinita. Las dichosas negociaciones, evidentemente, se están desarrollando en secreto porque, por muy descarada que sea Ayuso, muy tonta no es y, donde no llegue ella, ya se ocuparán otros de asesorarle. El caso es que deberíamos abrir bien los ojos no vaya a ser que, cuando ella abandone la presidencia de la Comunidad de Madrid, no quede nada de sus ciudadanos, que habríamos pasado a ser clientes o deudores.
Podrás creer, no sin razón, que te estoy contando el guion de una distopía de política-ficción, o del argumento de una serie de Netflix, ahora que ha descubierto la creatividad española, ojalá… Yo, por mi parte, redoblaré los esfuerzos de vigilancia para que, mientras escudriño el universo oscuro en busca del añorado meteorito, ver algún indicio de lo que te acabo de contar y, rápidamente, ponerlo en tu conocimiento. No obstante, mucho está tardando, el meteorito, no Ayuso.