«Necesitamos patrocinadores y voluntarios»

 

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GETAFE/Deportes (01/03/2026) – Desde su nacimiento hace dieciséis años, la asociación FEDDIG 2008 se ha erigido como uno de los pilares del deporte adaptado en la Comunidad de Madrid.

Lo que comenzó como un proyecto para cubrir las tardes vacías de un grupo de jóvenes, es hoy una gran familia que derriba prejuicios a base de goles, canastas y compañerismo. A través de la voz de Carlos Flores, uno de sus representantes y alma mater de la entidad, nos adentramos en la realidad de un club donde la verdadera victoria no se mide en los marcadores, sino en la sonrisa de unos deportistas que han encontrado en la pista su lugar en el mundo.

A menudo, las historias más grandes de superación se escriben lejos de los grandes estadios, en los pabellones de barrio, donde el esfuerzo no se recompensa con fama, sino con autonomía e integración.

La respuesta a un vacío

Las tardes y los fines de semana se convertían en sinónimo de aislamiento domiciliario, sedentarismo y exclusión social.

Carlos Flores rememora aquellos duros inicios con la claridad de quien ha picado mucha piedra: “Nosotros presentamos el proyecto en deportes porque vimos la carencia que tenían en ese momento de actividades deportivas para el colectivo en el municipio de Getafe”. El Ayuntamiento supo ver el potencial de la propuesta “Tanto deportes como servicios sociales nos echaron para adelante y nos ayudaron un montón desde el primer momento”.

Pero el club nació con una vocación aperturista. “Desde el primer momento dimos mucha importancia a que no importaba el lugar de residencia de cada persona que viniera, con el objetivo de que tanto ellos como sus familiares conocieran a más personas que no las conocieran ya anteriormente por su entorno”. Esta apertura de fronteras ha convertido a FEDDIG en un referente no solo para los vecinos de Getafe, sino para deportistas de todo el sur de la región.

El único requisito oficial para vestirse de corto y saltar a la cancha es burocrático, pero la asociación se encarga de que nadie se quede atrás. “Todo el que quiera participar a partir de un 33% de discapacidad, puede hacerlo. E incluso algunos que no tienen el certificado de discapacidad hecho pero que están integrados completamente como uno más, porque ellos hacen una labor de voluntariado y además participan en las actividades”. Es la máxima expresión de la inclusión bidireccional: todos suman, todos aportan y todos sudan la misma camiseta.

Una agenda cargada

Cuando se le pregunta a Carlos por la estructura del club, la respuesta abruma por su magnitud logística. Lo que desde fuera puede parecer un simple equipo de barrio, es en realidad una complejísima red de servicios de ocio y deporte. “Cubrimos el ocio de los chicos porque ellos por las mañanas van a sus centros ocupacionales o van a sus trabajos. Salvo los martes, que siempre sacamos un grupo pequeño de chicos para hacer alguna actividad por la mañana, generalmente de lunes a viernes tenemos actividades todos los días de la semana por la tarde”.

La oferta deportiva y cultural de FEDDIG 2008 es envidiable para cualquier entidad. “A día de hoy tenemos cinco equipos de fútbol sala divididos por niveles de juego; un equipo de fútbol 8; un equipo de bolos… también hemos estado compitiendo muchos años en baloncesto, lo que pasa que desde el año pasado ya no competimos en la liga, solo hacemos torneos y partidos amistosos”. A esto se suma la disciplina acuática, con la escuela deportiva de natación ocupando las mañanas de los sábados, y antiguos proyectos como el atletismo, que actualmente se encuentran en pausa.

Pero el ser humano no vive solo del sudor físico, y el equipo directivo lo sabe perfectamente. Por eso, la semana en FEDDIG es un no parar cultural. “Los lunes tenemos un taller de cine que lo hacemos en la sala común de la sede; los martes, miércoles y viernes entrenamientos de todos los equipos de fútbol sala; los jueves tenemos un taller de manualidades, y los viernes además un taller de baile”. Todo este inmenso entramado tiene una meta muy clara, que Carlos subraya con tono firme: “Cubrir el tiempo libre de los chicos para que no se queden en casa y conseguir el objetivo fundamental de la asociación, que es la reintegración social de las personas con discapacidad a través de actividades deportivas y de ocio”.

El milagro emocional: «Era otro hijo completamente diferente»

El verdadero impacto de FEDDIG 2008 no puede medirse en las vitrinas de su sede ni en los puntos de la clasificación de las ligas. El auténtico triunfo ocurre en el interior de los hogares de estos deportistas. Carlos relata cómo el deporte actúa como la mejor terapia psicológica y social posible.

“Hemos tenido casos de chicos que en casa no hablaban, no se relacionaban o tenían un comportamiento que, cuando los padres les han visto con el grupo a la hora de jugar, dicen que era otro hijo completamente diferente”. El asombro de las familias al ver a sus hijos transformados por la magia del equipo es el combustible que mantiene viva a la directiva. “Corrían, se portaban bien, se reían, se relacionaban… Y eso es lo mejor que nosotros podemos tener, claro. Cuando un padre o una madre te dice eso, es mejor que cualquier victoria deportiva, sin ninguna duda”.

Y es que, en FEDDIG, la concepción del deporte se aleja radicalmente del negocio viciado en el que se ha convertido el fútbol de élite. Frente a las polémicas vacías y los egos desmedidos, aquí reina la pureza absoluta. “El buen valor deportivo del deporte lo reflejan ellos. La superación, la ilusión, el esfuerzo, el compañerismo lo reflejan ellos en general”, asegura Carlos de forma categórica.

«El gran suspenso».

Carlos aborda el que, sin lugar a duda, es el mayor reto social, estructural y deportivo al que se enfrenta no solo FEDDIG 2008, sino prácticamente todo el tejido del deporte adaptado en España: la aplastante falta de participación femenina. Las barreras invisibles que apartan a las mujeres del deporte ordinario se multiplican exponencialmente cuando se cruzan con la discapacidad intelectual.

“El 98% a nivel deportivo son chicos. Solamente tenemos a dos chicas… Tuvimos a otra que por desgracia, que le encantaba el fútbol, que en la pandemia pues le cogió el coronavirus y se murió. Si no, estaría con nosotros”, relata Carlos recordando esta trágica pérdida que enlutó a la familia de FEDDIG.

Alerta roja: La grave crisis del voluntariado y la asfixia económica

Más allá de los problemas en la pista, la supervivencia del club pende de hilos muy frágiles. El primer gran escollo en el mundo post-COVID es la dramática desaparición del músculo social que sustenta a las ONG. Carlos lanza un grito de auxilio, un SOS que retumba en las paredes de las instituciones locales: “Desde la pandemia para acá hemos notado una disminución del voluntariado muy grande, muy grande. No hay personas a día de hoy que quieran ser voluntarias… Las dos últimas que hemos tenido han entregado la documentación y aun avisándoles de cuándo empiezan, ya no han aparecido”.

Sin voluntarios, los talleres de cine, de baile, de manualidades y los traslados a las competiciones se vuelven titánicos para la reducida directiva. A esto se suma la endémica falta de apoyo económico por parte del tejido empresarial privado, un mal crónico en el deporte no profesional. “Necesitamos todavía mucha ayuda… patrocinadores necesitaríamos para dar más calidad a los chicos”, reclama el portavoz de FEDDIG.

Roberto Jiménez Gómez

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