
La verdad es que en España hay siete clases de españoles… sí, como los siete pecados capitales. A saber:
- Los que no saben;
- los que no quieren saber;
- los que odian el saber;
- los que sufren por no saber;
- los que aparentan que saben;
- los que triunfan sin saber, y
- los que viven gracias a que los demás no saben.
Estos últimos se llaman a sí mismos “políticos” y a veces hasta “intelectuales”.
Cita atribuida a Pío Baroja.
GETAFE/Todas las banderas rotas (13/05/2026) – El Reglamento Sanitario Internacional (RSI) –que España está obligada a cumplir- dice en su artículo 27: “1. Cuando a bordo de un medio de transporte se hallen signos o síntomas clínicos e información basada en hechos o pruebas de un riesgo para la salud pública, incluidas fuentes de infección o contaminación, la autoridad competente considerará que el medio de transporte está afectado y podrá:
(…) De ser necesario, la autoridad competente podrá adoptar medidas sanitarias adicionales, incluso el aislamiento de los medios de transporte, para impedir la propagación de la enfermedad”.
Y el artículo 28 dice: “1. (…) no se podrá negar a una embarcación o una aeronave el acceso a un punto de entrada por motivos de salud pública. Ello no obstante, si el punto de entrada no dispone de medios para la aplicación de las medidas sanitarias contempladas en el presente Reglamento, se podrá ordenar a la embarcación o la aeronave que prosiga el viaje, por su cuenta y riesgo, hasta el punto de entrada apropiado más cercano que convenga para el caso (…)”.
En estos dos artículos –insisto, que España está obligada a cumplir porque es firmante del RSI- se apoya el Director General de la OMS para pedir al Presidente del Gobierno español, mediante una carta, que España se haga cargo del operativo necesario para afrontar esta crisis sanitaria (“En relación con el brote de hantavirus asociado al crucero MV Hondius, le escribo para solicitar urgentemente la colaboración y el apoyo continuos de su Gobierno para facilitar la llegada del MV Hondius a España, permitir el desembarco de los pasajeros y la aplicación de medidas de salud pública mediante un enfoque basado en el riesgo. (…) El Gobierno de Cabo Verde ha indicado que no dispone de capacidad para llevar a cabo la evaluación de salud pública, las investigaciones epidemiológicas y ambientales, ni la aplicación de medidas de respuesta de salud pública.”).
Además, la española Ley Orgánica 3/1986, de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública dice lo siguiente:
“Artículo segundo. Las autoridades sanitarias competentes podrán adoptar medidas de reconocimiento, tratamiento, hospitalización o control cuando se aprecien indicios racionales que permitan suponer la existencia de peligro para la salud de la población debido a la situación sanitaria concreta de una persona o grupo de personas o por las condiciones sanitarias en que se desarrolle una actividad.
Artículo tercero. Con el fin de controlar las enfermedades transmisibles, la autoridad sanitaria, además de realizar las acciones preventivas generales, podrá adoptar las medidas oportunas para el control de los enfermos, de las personas que estén o hayan estado en contacto con los mismos y del medio ambiente inmediato, así como las que se consideren necesarias en caso de riesgo de carácter transmisible”.
Hasta aquí las cuestiones legales que explican por qué el gobierno español ha accedido a la petición de la OMS; a partir de aquí, las reacciones de los políticos que, en su inmensa mayoría, no han tenido en cuenta todo lo anterior. Veámoslo.
La Ministra de Defensa, en una muestra de desconocimiento y de inoportunidad, al inicio de la crisis, cuando aún no se conocía casi nada, planteó que el aislamiento de los viajeros y tripulación del Hondius era algo voluntario. La Ministra de Sanidad tuvo que salir a desmentirla casi inmediatamente, basándose en la legislación antedicha. Este es, a mi juicio, un fallo atribuible al Gobierno.
El presidente de Canarias mantiene una actitud que, en mi opinión, no busca la solución de un problema que afecta a su Comunidad, sino, más bien, ha querido confrontar con el Gobierno central, él sabrá por qué. Cualquiera que viera su gran cantidad de entrevistas en las que mantenía que no había recibido ninguna llamada del Ministerio de Sanidad y, a la vez, escuchara a la Ministra del ramo que aseguraba haber hablado con él la tarde anterior, llegaba a la conclusión de que uno de los dos mentía. Posteriormente dijo que sí, que había hablado con la ministra, o sea, fue él quien mintió. Y, más adelante, mandó a la Ministra de Sanidad una nota con la respuesta que la inteligencia artificial le ha dado a la pregunta de si los ratones nadan porque, según él, alguno podría escapar del barco por la noche y llegar a tierra (¡Por Dios!, ¿no tiene asesores que se ve obligado a recurrir a la IA?); la respuesta de la Ministra ha sido enviarle un informe del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias (CCAES) del Ministerio en el que se dice, además de otras cuestiones técnicas, que se ha comprobado que en el barco no hay ratones y, además, el ratón que trasmite el virus Andes, en caso de que estuviera en el barco, no tiene capacidad natatoria para llegar a la costa porque es un ratón de tierra adentro. Él sabrá por qué prefiere recurrir a la pseudociencia, confrontar en lugar de buscar soluciones juntos y hacer el ridículo.
Aquí conviene decir algo que no he visto en los periódicos ni en las tertulias televisivas. Por debajo de los políticos, esta crisis, como todas las demás de salud pública, la gestiona la Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, Comisión cuyo funcionamiento conozco bien. Dicha Comisión la forman los Directores Generales de Salud Pública de todas las CCAA presididos por el Director General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad y tiene subcomisiones y ponencias para estudiar, hacer frente y dar soluciones a todos los problemas de salud pública que puedan surgir en cualquier punto de la geografía nacional. Esta Comisión –que trabaja en estrecha conexión con el CCAES- informa al Pleno del Consejo Interterritorial, que está compuesto por los Consejeros de Sanidad de las CCAA. ¿Alguien ha oído que haya habido discrepancias en esta Comisión en la que también está el director general de Salud pública canario? Ya les digo que no porque no son políticos, son técnicos que se han limitado a hacer su trabajo: redactar documentos técnicos para fundamentar cada uno de los pasos que se han seguido para la solución de esta crisis.
Y esto me da pie para comentar ciertas palabras del líder del PP, el señor Feijóo: “Queremos conocer los documentos sanitarios que avalen cada decisión y el nombre de los expertos que han gestionado la crisis”; “El Gobierno tiene el deber de evaluar todas las opciones antes de hablar, transmitir exactamente los riesgos y concretar los protocolos”. (¿No les suena? Es lo mismo que pedía Casado cuando estaba al mando del PP durante la pandemia de Covid, no hay originalidad, no se han esforzado mucho en distinguir una pandemia mundial de una crisis sanitaria perfectamente localizada y controlada).
El señor Feijóo está obligado a conocer lo que he expuesto más arriba: los documentos en los que se basan las decisiones tomadas son el RSI, la Ley de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública y los informes de la Comisión de Salud Pública y del CCAES; y los expertos son los funcionarios del Ministerio de Sanidad y de las CCAA, que están en su puesto con este gobierno y, con la misma lealtad, estarán con el del PP si es que llega a gobernar. Feijóo está demostrando desconocimiento o miente a sabiendas. En cualquiera de los dos casos estaría incapacitado para gobernar.
Y luego, claro, está Santiago Abascal: «Pedro Sánchez no tiene ningún escrúpulo y es capaz, incluso, de provocar una epidemia con tal de que no se hable de la ciénaga de corrupción». Esto ya no lo puede superar el PP: Abascal dice que hay alguien tan poderoso y hábil que puede hacer que unos turistas holandeses se contagien de hontavirus en el Cono Sur americano, para que la OMS, la UE y un buen número de gobiernos de todo el mundo se movilicen para que aquí, en nuestra España, no hablemos durante unos días de Ábalos y Koldo: ¡qué poderío! ¿Y quieren echar del gobierno a alguien con tales capacidades? Esta barbaridad que ha dicho Abascal, que no es la única, es la demostración de que la gente medianamente seria, a mi modo de ver, no debería tener en cuenta sus opiniones.
Los que se llaman patriotas, particularmente si son dirigentes de partidos políticos, en lugar de pedir dimisiones, decir barbaridades y tonterías, insultar y poner palos en las ruedas, deberían estar orgullosos de que todas las instituciones de su país –no solo el gobierno- hayan demostrado su capacidad para gestionar con éxito una crisis sanitaria muy compleja de ámbito internacional.
Creo que es forzoso y muy conveniente recordar un manifiesto que, durante la pandemia de Covid, publicaron 55 sociedades científicas que representaban a más de 170.000 profesionales sanitarios españoles. Dicho manifiesto, dirigido al Presidente del Gobierno y a los Presidentes de las 17 CCAA, llevaba por título “ Señores políticos, En la salud, ustedes mandan pero no saben”. El primero de sus diez puntos decía así: “Acepten, de una vez, que para enfrentarse a esta pandemia las decisiones dominantes deben basarse en la mejor evidencia científica disponible, desligada por completo del continuo enfrentamiento político”.
Estamos en el mismo punto, hoy habría que decir exactamente lo mismo porque hay políticos que no han aprendido nada, demuestran que su interés es, ante todo, partidista, electoral e, incluso, personal. Pero ahora, como durante la pandemia de Covid, lo racional y sensato, lo único que debe hacer un responsable político –si es responsable antes que político- es confiar en la ciencia en el convencimiento de que eso es lo que nos conviene a todos los ciudadanos.