«Te gustaría hacer más pero es que no llegas: no puedes más»

Foto: Pablo Cabellos

GETAFE/Entrevista (06/10/2020) – La segunda ola del coronavirus ya está aquí y ha impactado de lleno en la primera línea básica de contención: la Atención Primaria. Joaquín Villena, portavoz de la Plataforma de Centros de Salud de Madrid, ha visto como los aplausos de las 8 se han tornado en quejas e incomprensión para un sistema exhausto que acumula los recortes de más de una década.

El paciente se desespera tratando de hablar por teléfono, esperando en colas, intentando ser atendido por un médico… pero al otro lado hay una realidad abrumadora: la de la falta de medios, de personal, de exceso de burocracia, de instalaciones obsoletas. Joaquín Villena, portavoz de la Plataforma de Centros de Salud de Madrid, lo sabe bien. Como enfermero en el Centro de Salud Los Ángeles, pelea cada día para hacer entender la situación que se vive al otro lado, en un servicio público maltratado desde hace años por la administración regional del PP.

“La Atención Primaria siempre es el patito feo. Los usuarios lo ven como la sanidad de segunda: lo que viste es el hospital. Pero el 85% de los problemas los resuelve Atención Primaria”. La política cortoplacista y de titulares ha llevado a invertir en hospitales y olvidarse de la primera línea. “Para que la sanidad funcione hay que financiarla adecuadamente. En Europa la media está en el 7% del PIB, en España es el 5%, y en Madrid estamos en el 3,9%, casi la mitad de lo que se destina en Europa”. Además se ha ido incrementando la distancia entre la parte que se lleva Atención Primaria de la que va a los hospitales. “Quieren hundirla, para poder privatizarla. Ya están preparando el terreno: se empezó por los recortes horarios de los centros de Atención Primaria. Quieren convertirla en la sanidad de los pobres”.

El tsunami de marzo

La Atención Primaria no estaba preparada para lo que sucedió en marzo. “Estaba dejada de la mano de dios”. Cada día asumían más funciones que no iban dotadas de recursos, ni humanos ni materiales. “A nivel retributivo estábamos estancados y la gente huía: se iban los médicos y luego los enfermeros; el maltrato era continúo por la administración. No suplían y las consultas iban aumentando. Lo ideal son 30 pacientes al día y en febrero estábamos en 60 o 70 diarios. Y con una cantidad de trabajo burocrático bestial. Luego no sé qué hacían con tanto dato”. Villena hace la foto fija previa a la pandemia, que estalló sin contar con una buena base.

“¿Cuántos han muerto por no haber podido dar el servicio que era necesario?”

La presidenta Díaz Ayuso alegó que el problema es que no hay médicos. “Han cogido la mala costumbre de retrasar las OPE. En un año se sacan las plazas de hace 4. Estamos rozando el 40% de eventualidad. Si te dan contratos de una semana, de dos… y en otro sitio te ofrecen contratos de 1 año… te vas para allá”, explica Villena. “Para recuperar tendrías que como mínimo subir salarios para competir con otras comunidades y con otros países”. No confía en el pacto que han alcanzado con los médicos y que ha supuesto la desconvocatoria de la huelga que iba a empezar el 28 de septiembre. Subir las retribuciones, sacar plazas, desburocratizar consultas… “Yo lo pongo en cuarentena”. Ahora son los enfermeros los que se suman con otra convocatoria de huelga para el 7 de octubre. “Han ofrecido 80 millones para Atención Primaria. Suena mucho, pero si lo divides, sale a 4 euros por persona y año. Para todo, subir sueldos, poner plantilla… no hay ni para empezar. Pero a la vez, salieron ayudas para los toros:13.000 reses de lidia. Me molesté en dividir la cantidad de dinero. Unos 350 euros por cabeza”.

Momentos terribles

Villena confiesa que “ahora estamos acostumbrados al número de muertos. Pero recuerdo que al principio me llamó una señora para decirme que en una residencia había más de 70 contagiados y 17 muertos. Entonces eran muchísimos. No le cogían el teléfono, no les dejaban ver a los internos… Yo había dejado de fumar y en ese momento me cogí un cigarro”. Y todo se oscureció: “No teníamos de nada, no teníamos mascarillas, nos protegíamos con plásticos”.

Y fueron cayendo. “Íbamos al domicilio de una señora a ponerle un inyectable, porque no se podía desplazar: casi no pasábamos de la puerta. En la misma secuencia que fuimos yendo a ese domicilio, fuimos cayendo los enfermeros. La señora no sabemos si estaba contagiada porque no se le hizo una PCR -en ese momento no había-, pero murió…». Ahí comenzaron a pensar que podía haber transmisión aérea, aunque la evidencia científica aún no es firme. Villena pasó el coronavirus confinado, sin olfato, sin gusto, con alguna diarrea… Él es uno más en el 20% de sanitarios que se han contagiado. “Esos momentos fueron terribles, terribles”.

Hospital de IFEMA y rastreadores fantasma

En el horizonte el nuevo hospital de pandemias y en la memoria, el hospital de IFEMA. “Fue criticado por todas las asociaciones. No habían hecho las cosas bien, en lugar de incentivar la Atención Primaria, se desbordaron los hospitales”. Y se nutrieron en IFEMA de los profesionales de los centros de salud. “Hubo profesionales que consideraron que allí podían aportar más, pero se volvieron. Después de todo, la Comunidad de Madrid ha estado engañando a la población en las estadísticas, en el número de contagios, los datos que se requieren para ver cómo evoluciona la pandemia”. Anunciaron el hospital más grande, con 5.000 camas “y se quedó en poco más de 1.000. Y los pacientes que iban allí eran los leves”.

“Después de los aplausos de las 8, nos llamaban vagos, nos insultaban, nos decían que no queríamos trabajar, que dentro no hacíamos nada”

Nos estuvieron engañando con los rastreadores. En ningún centro de salud había. Siempre han sido rastreadores fantasma, nadie sabe dónde están, nadie los ha visto… dice la administración que están ahí: primero 400, luego ciento y pico, luego 700”. Pero nadie los conoce, ningún médico o enfermero tiene medio de contactar con ellos. “ El rastreo se está haciendo desde Atención Primaria. Siempre”.

De aquellos barros de la desescalada, estos lodos en la segunda ola. “La Comunidad de Madrid desescaló mal y de hecho no se completó la desescalada: se acabó el estado de alarma, y Madrid pasó a estar como el resto de las comunidades sin cumplir los requisitos”. Primero los contagios, luego se colapsa Atención Primaria y la ola llega a los hospitales. “Va a acabar allí”. Mientras, en plena saturación de los centros de salud “la gente nos llama vagos, porque ve que no puede acceder”. El lamento de Villena es desesperanzado: “Después de los aplausos de las 8, nos llamaban vagos, nos insultaban, nos decían que no queríamos trabajar, que dentro no hacíamos nada, y no comprendían que dentro la plantilla no está al 100%, que incluso está al 50%. Si tú quieres hacer el trabajo que hacías antes, más el Covid, con la mitad de la plantilla… es imposible, no llegas”.

Al límite

La plantilla, mermada de por sí, está al límite. “Luego están las bajas por ansiedad y estrés. Es que no hay quién lo soporte. Te gustaría hacer más pero es que no llegas: no puedes más. Y te vas a tu casa sabiendo que tenías que haber llamado a 30 o 40 más, pero no le has podido llamar porque las líneas telefónicas no están preparadas. Porque por la misma línea que tú llamas, entran llamadas, entonces se bloquea. No es que no cojamos el teléfono. Es que con las líneas que hay y con el personal administrativo que hay, no hay capacidad para poder atender el teléfono. Eso te lo vas tragando. He tenido pacientes que hoy he estado hablando con ellos, y al día siguiente no estaban, habían fallecido. Pacientes de toda la vida con los que se crean unos lazos…”. El conocimiento de los pacientes, algo que “el eventual no puede hacer”, ha salvado muchas vidas, por el seguimiento que pudieron hacer durante los peores momentos. “Los domicilios subieron de manera bárbara. Había dos enfermeros que se dedicaban a ello”.

“Si tú quieres hacer el trabajo que hacías antes, más el Covid, con la mitad de la plantilla… es imposible, no llegas”

La consulta telefónica “no es ninguna panacea. Muchos se han desengañado ya porque no ahorra tiempo”. Y además de asumir la carga anterior, ahora suman el coronavirus. “Para hacer una PCR, se ha tenido que captar ese paciente, hay que hacer seguimiento, dar la baja, explicar condiciones de confinamiento y cuarentena, cursar la PCR, notificarla a Salud Pública, luego le das cita y hora, implicas al administrativo, y luego a la hora de realizarla tiene que haber dos enfermeros, uno de zona limpia y otro con el EPI puesto. Eso hay que hacerlo a la vez que el trabajo anterior. Y tenemos que priorizar. Y al dejar de hacer otras cosas, hay gente que fallece. ¿Cuántos han muerto por no haber podido dar el servicio que era necesario?”.

Farmacias

Una crisis es una ventana de oportunidades. Para mejorar… o para ir a peor. A las consultas telefónicas que pueden suponer afianzar el recorte horario en los centros de salud, se suma ahora la oferta de los farmecéuticos para “descargar” de trabajo a enfermeros, principalmente. “Una farmacia puede poner una vacuna de la gripe: pero si ocurre algo, ¿qué hace el famacéutico? Las espirometrías hay que valorarlas. ¿Haces 50 y luego las mandas al centro de salud? Hay problemas éticos. Es mercantilizar una parte de la sanidad, privatizarla”. Y respecto a las PCR, ¿están preparadas las farmacias para hacer PCR, cuando los centros de salud estamos aún esperando que nos hagan doble circuito de zona limpia y sucia?”.

Con muchas dudas en el aire, Villena vuelve al centro de salud de Las Ciudades. Ahora toca apagar un fuego más: la campaña de la gripe. “Aún no sabemos cómo vamos a poder hacerla. Estamos valorando poner un enfermero dos horas por la mañana y otras dos por la tarde”. ¿Con qué personal, si están al límite?

Raquel González - Directora Grupo Capital

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