"Llevo unos cuantos combates, pero me queda la lucha final" - GetafeCapital.com

«Llevo unos cuantos combates, pero me queda la lucha final»

GETAFE/Sociedad (05/11/2020) – Su combate es diario. Desde hace siete meses. Como si de una película de ciencia ficción se tratara, David Amores pasó de prepararse para el campeonato de España de judo de veteranos a tener un enemigo invisible, que una vez tras otra le ha tumbado contra el tatami. Pero como los campeones, se ha levantado cada vez… y sigue luchando contra el coronavirus.

Era mediados de marzo cuando España se asomó al abismo de la pandemia. Nos encerramos en casa. Y algunos enfermamos. David Amores comenzó a sentirse mal, con fiebres altas. Este getafense, excampeón de judo, aguantó más de una semana aislado en su habitación con más de 40 grados. “Llamaba al número que facilitaron y me decían que si no tenía tos ni dificultad para respirar, que nada”. Eran los primeros días, cuando apenas se sabía nada de la enfermedad, cuando los hospitales estaban colapsados. Pero algo no estaba yendo bien: “el paracetamol a lo mejor me bajaba a 38 o 38,5”. Su médica le dijo que ya era suficiente, que tenía que ir a un centro de salud. “Estaba en la parcela y en el centro de salud más cercano no me querían atender”. Era todo una pelea constante. “Llamé a la Guardia Civil y me decía que no cumplía con los requisitos, que tenía que esperar. Ya no sabía a qué esperar”. La desesperación iba en aumento.

Cuando consiguió que le vieran comenzaron las primeras alertas: “Tenía un 91 o 92% de saturación, fiebre de 40 y crepitaciones pulmonares”. Le derivaron al Rey Juan Carlos de Móstoles, donde nuevamente trataron de echarle atrás. “Pero si no tienes tos, me decían. ¡Es que me estoy consumiendo!”. Casi como favor le hicieron una placa de tórax: neumonía bilateral crítica. Llevaba una semana sufriendo lo que después se conocería como la hipoxia silenciosa. Paso a ser un caso sospechoso y le realizaron una PCR que tardaría cuatro días en dar un resultado que obviamente fue positivo.

Tuvo la fortuna de no estar en uno de los hospitales colapsados y subió a planta. “El doctor allí ya me dijo que tenían herramientas para ayudarme a respirar. Pero si yo respiro bien, le decía. Pero en un par de horas, una hora, a lo mejor te tenemos que ayudar a respirar. No puede ser”. Amores se resistía a creer lo que estaba pasando. “Era como un sueño que se convertía en pesadilla. Una película de ciencia ficción en la que me metía”. Le tenían preparada una cama en la UCI. “Y dije, por ahí no paso. Y salió mi vena competidora. Tengo algo de conocimiento de meditación, relajación… y empecé a trabajar con respiraciones, las que podía. No podía hacer inspiraciones profundas ya, tenía razón el médico, que ya me estaba cortando la respiración”.

Oxígeno, fiebre, medicamentos: “Me pusieron el tratamiento de la malaria, dos o tres antibióticos, paracetamol…”. Y consiguió superar la primera noche. Ir al baño, a apenas dos metros, se convirtió en un reto. En un combate más. “Al segundo día me fui a duchar y me quité la manguera para ponerme el camisón. Y ahí me di cuenta que estaba muy mal. Me quedé pillado, pillado… no sé cómo salí”. Amores se emociona al recordar el peor momento que vivió. “Ahí supe que estaba muy jodido. Estuve 20 minutos medio sentado el taza del water. Recuperé el oxígeno, la manguera, me la puse, medio caído y me relajé dentro de lo que cabe y empecé a recuperar el aliento. Pude llegar a la cama, una paliza: fue un momento muy malo, muy malo”.

El antes y el después vino el cuarto día, cuando empezaron a tratarle con corticoides. “Fue mano de santo. Me lo pusieron por la mañana y por la tarde noche empezó a bajar la fiebre, empecé a saturar un poco más, al 94-95… ¡Ya voy saliendo!”. En cinco o seis días le dieron el alta. Sin oxígeno porque “no tenían balas, así que me dieron inhaladores”.

De vuelta a casa

Cogió un taxi para volver a casa. Solo. Todo el proceso lo vivió sin que nadie pudiera acompañarle. “Y llegué a casa y no sabía ni cuál era la llave de entrada al portal, a casa. ¿Cuál era?”. La niebla mental, una de las secuelas del Covid hacía su aparición. “Estuve 22 días más aislado en casa. Viendo a los nenes con la puerta abierta, con distancia. Sin poder cogerlos, jugar con ellos…”. Su siguiente reto fue comenzar a salir de la habitación y de la casa. “Vas a ir a comprar el pan: pero era como que se alejaba la panadería”. Se puso objetivos más fáciles: bajar la basura. “Y después tenía una fatiga muscular increíble en las piernas. Incluso había olvidado cómo bajar escaleras. Tenía que volver a recordar todos los procesos”. No se había pesado aún, y sin perder el apetito y dos semanas después de estar en casa “había bajado 14 kilos”. Se iba pautando las salidas, forzando cada día un poquito más. “Por la tarde daba un paseo con la peque con el carro, pero me costaba horrores”.

Y comenzaron las secuelas. “Me iba a andar un día y al día siguiente me encontraba sin fuerzas en las piernas. Es lo que llamo yo los apagones. Me dejaban chafado en el sofá”. Eso fue a los tres meses, cuando ya empezamos a desescalar. “Tenía unas fatigas rarísimas en las extremidades: era una montaña rusa. Podía estar en el parque con los peques o andando y de repente empezar a dar pasos de elefante”. Desde que salió le han hecho varias placas: “Detectaron que tenía bronconeumonía crónica en el pulmón izquierdo”. El neumólogo aún no le ha visto. Tiene cita para marzo. Un año después.

“Por mi cuenta estoy yendo a rehabilitación, a fisioterapia pulmonar en una clínica en Coslada. Me están dando tralla. Me dicen que tengo una capacidad pulmonar excelente dentro de lo que tengo, pero que voy a quedar bien. No me canso de luchar, sigo ahí. El campeonato no lo he ganado. Llevo unos cuantos combates, pero me queda la lucha final”.

«Bajar a la nada»

A sus 49 años, David se estaba preparando para el campeonato de España de veteranos de judo. “Estaba con una ilusión increíble. Y bajar a la nada en un momento… si estaba antes al 100%, ahora estoy a un 20%. Me agoto enseguida”. Cada día es un reto. “Te baja algunas veces el ánimo, pero como dice mi madre: es que eres capaz de resurgir en momentos muy complicados, porque lo ves de otra manera. Todo lo negativo eres capaz de transformarlo en positividad, puedes con ello, puedes trabajarlo, buscas fórmulas”. Sus amigos damos fe de ello.

Desde la Delegación de Deportes en la que trabaja ha recibido todo el apoyo. “Pero intento ponerme en situación de ir a trabajar, y como mi trabajo es ir a instalaciones, a actividades, controlar asistencia… y me entra angustia, ansiedad”. El apoyo que ha recibido ha sido constante. “La gente no se creía que estuviese en el hospital. Mi mujer, lo que ha podido pasar… mis hermanos… porque yo hubiese estado más tiempo aguantando la fiebre… y ¿quién sabe? Y me dijeron que no, que me venían a buscar y me llevaban al hospital. Mi madre, que estaba aislada, pensando que su hijo estaba en el hospital… mis compañeros de judo, mis alumnos de judo… los padres de mis alumnos. Muestras de cariño, de ánimo, eran pizcas que me hacían volar”.

Todo ha contribuido a hacerle mejorar. “Tengo vídeos que me mandaban los alumnos. Uno que hizo un veterano con todos los alumnos… ¡Vamos profe! Que me pongo a correr ya. Quiero darle las gracias a todos ellos. Esto fue en marzo y ya estamos en casi noviembre… que año más cabrón”. Aún le queda una batalla más por librar. David Amores ha recibido otro golpe. Nunca tuvo una segunda PCR hasta ahora que se comenzó a encontrar mal y su médica se la realizó. De nuevo un positivo. Pero los campeones siempre se levantan para seguir luchando y batallando. ¡Ánimo David, estamos contigo!

Raquel González - Directora Grupo Capital

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