Objetivo: que haya un árbol por cada dos personas en el municipio

GETAFE/Actualidad (25/03/2024) – En 2024 la previsión es que se planten 2.000 árboles y 9.000 arbustos y flores en zona urbana. Y finalizar la legislatura con 15.000 árboles más. Son algunos de los datos del Plan de Gestión del Arbolado que se ha puesto en marcha oficialmente ahora, pero que atesora el trabajo de muchos años. Desde 2009 existía en el municipio un inventario de ejemplares “que nos servía para saber la dimensión de lo que había, pero poco más”, explica Ángel Montero, técnico de Parques y Jardines. Se ha mejorado geolocalizando cada uno de los árboles y valorando el riesgo. En total 62.581 árboles: un ejemplar por cada tres habitantes.

Valorar el riego era una de las necesidades urgentes ante un clima que está cambiando y con ello los fenómenos extremos. “Ha empezado a llover menos, pero muy concentrado en pocos días o con rachas de viento mucho más fuertes”. Y eso provoca emergencias que antes no había. Era necesario conocer la situación de cada uno de los ejemplares. “Disponemos de un soporte software para verlos en un ordenador”. Las conclusiones fueron positivas. “Fue una grata sorpresa ver que no estábamos mal”. El porcentaje de ejemplares que podían tener riesgo se reducía “a un 2% o incluso menos. Aunque el arbolado está muy envejecido y hay que ir revisando periódicamente”. Son árboles de los años 50, 60 o 70 que tenían “unas técnicas de plantación o de poda que nada tienen que ver con lo que hay hoy en día. Y es muy difícil reconvertir esos árboles que se han podado y se han plantado y se han cuidado de una manera diferente a los cánones que tenemos ahora”, explica Montero.

Las costumbres han cambiado, el conocimiento de las especies y su aclimatación también. “En los viveros había lo que había. No había la cantidad de especies que tenemos hoy en día. Y no es que se podara mal, es que no tenían plataformas y se usaba una escalera o un hacha. No había formación, ni personal. Pero en general el arbolado está en muy buen estado”.

Podando y aprendiendo a podar

Minimizar el riesgo es lo prioritario. Los ejemplares más envejecidos son los que pueden generar problemas a largo plazo y “hay que ver un plan de sustitución, a 15 o 20 años”. Los trabajadores reciben formación en poda “con los estándares internacionales de Copenhague” o técnicas de cultivo. ¿Cuándo y por qué? ¿Qué es lo que queremos conseguir? Esas son las preguntas que tratan de responder ante una poda. “No hacemos una poda drástica ni mucho menos: hacemos una poda racional”, defiende Montero, sabiendo que es uno de los temas más controvertidos. “En los últimos años hay una tendencia a podar según unos estándares europeos que son los que estamos aplicando: podas de limpieza, de eliminación de ramas más dirigidas o de ramas paralelas, tratando de airear un poco las copas, eso es básicamente lo que se hace”. La mayor dificultad es el arbolado “de alineación” que suele tener cerca edificios, semáforos, farolas, autobuses, coches. “Es un problema de espacio. Si el árbol se dirige hacia la fachada, pues tenemos que hacer una poda de pantalla lateral, que no es agresiva porque tratamos de eliminar siempre ramillas pequeñas y dejar que el agua se desarrolle hacia el vial. Si es una zona de paso de autobuses y demás, tenemos que tratar de elevar las copas de los árboles por encima de los 4 metros. En las zonas verdes, donde no hay interferencia ni entre árboles ni entre otros elementos, no podamos, o muy poco”. También se hacen algunas podas de rejuvenecimiento “tratando de eliminar esas maderas secas. Las podas van encaminadas a reducir el riesgo. Con el arbolado nuevo se puede solucionar eligiendo muy bien la especie y eligiendo muy bien las pequeñas actuaciones de poda, de manera que el árbol genere el menos riesgo posible, pero con el arbolado que ya tenemos, que esté terciado y demás, aunque insisto que no hay muy elevado el número, pues sí que tenemos que seguir haciendo podas un poco más drásticas para minimizar este riesgo. Es lo que dicen los cánones europeos”, e ir apostando por la sustitución de ejemplares. Algo que será paulatino.

Las quejas llegan por la poda, pero también los agradecimientos. “¿Quién suele pedir que se pode? Pues quien tiene un árbol cerca de su vivienda, que abre la ventana y le gustaría ver es toda la calle o en zona de chalets que cuando se cae la hoja en otoño se les llenan los patios de hojas. Pero no podemos poner un árbol porque caiga la hoja en el patio”. Si sobrepasan la vertical, o dañan la estructura del edificio, se harán. Ahora llegan muchas quejas por la sombra que dan en viviendas que están instalando paneles solares. “No podemos podar por eso”.

De la copa a la raíz

Los problemas no solo se producen en las partes aéreas, también en las subterráneas. “Tenemos un problema de espacio en lo que es el sustrato en el suelo, en el sistema radicular, porque nos encontramos árboles plantados en alcorques que no suelen ser muy grandes porque las aceras son pequeñas, y hay que dejar espacio para que pasen las líneas de teléfono, las de Iberdrola, las de agua, todo tipo de instalaciones, colectores… y tienen que convivir con el sistema radicular de los árboles”.

La ciudad es un sistema hostil para el árbol. Pero hay margen de actuación “mejorando y renovando los sustratos. En todas las nuevas plantaciones que hacemos el hoyo de plantación es importante, renovamos los sustratos. Si es una zona calcárea, tratamos de meter drenajes, por ejemplo”. Las raíces no se ven y “es muy difícil intervenir en su crecimiento”. En ocasiones provocan problemas. No es raro encontrar que las raíces de un árbol aparezcan en el baño de un bajo. “Van buscando los colectores por la humedad y colonizan el espacio”. En los patios pueden aparecer brotes, o problemas en el solado, y levantamiento de aceras. A pesar de los impedimentos que tratan de ponerles con hormigón, los minúsculos espacios son aprovechados por las raíces. “No es un problema muy importante en Getafe. Existe y tratamos de convivir con ello”.

Conviviendo con el asfalto

“Las ciudades están cubiertas de asfalto, es verdad, pero debajo del asfalto hay suelo. Se pueden crear corredores verdes”, defiende Ángel Montero. “No estamos hablando de un bosque, pero sí de esos caminos verdes, arbolados, que aportan muchos beneficios”. Y que permiten comunicar parques como La Alhóndiga, Buenavista, Cerro de los Ángeles o Castilla-La Mancha. Los colegios también se han convertido en una oportunidad para reverdecer algunas zonas. Se eligen árboles con un beneficio paisajístico, “que haya variedad, que haya distintas texturas, distintos colores, distintas alturas: morera, plátano de sombra, el almez, el celtis australis es uno de los árboles que más estamos empleando”

El riego

El 90% de los árboles que se plantan en Getafe cuentan con riego automático, que garantiza que los ejemplares tengan más opciones de sobrevivir. Las alternativas, en las zonas que no se puede implantar el goteo, es hacer riegos manuales con manguera, si es que hay bocas de riego, o incluso con cuba. “Ahí somos muy exhaustivos en la elección de la especie porque tiene que ser un árbol absolutamente autóctono con unos recursos hídricos bajos”. Los tres primeros años, incluso cuatro, se apoya al árbol para que agarre. “El primer año, riegas cada 15 días o cada semana, el segundo, una vez al mes, y el tercero, dos o tres riegos en verano, hasta que ya ves que el árbol busca su agua en las capas subterráneas”. El riego por goteo que se ha implantado en gran parte del municipio permite apostar por la eficiencia. “No se pierde agua. Toda el agua va al sistema radicular. Y además tenemos una gran cantidad de dotación de agua regenerada en el municipio”. No solo la falta de riego hace que las plantas no cuajen, porque muchos de ellos no sobreviven por culpa del vandalismo humano. “Muchas veces no los respetamos”. Los fenómenos climáticos, las tormentas, el viento tampoco ayudan; y tampoco las enfermedades. Pero apenas se pierde un 10 o 12% de los árboles que se plantan. “Un porcentaje muy bajo”. En un supuesto escenario de restricciones de agua los árboles no deberían sufrir porque son especies autóctonas con gran implantación. “Quizá sería más complicado con las praderas de césped y las masas arbustivas”.

Filomena, un “desastre”.

Ángel recuerda con nitidez los días de la tormenta Filomena. “Un desastre absoluto en el arbolado de Getafe”. Muchos ejemplares se vieron afectados y algunos se perdieron. “Se han ido reponiendo, no la totalidad, porque hay algunos árboles que es inviable su reposición”. Los árboles de hoja perenne fueron los que más sufrieron porque sus copas “son las que tenían la capacidad de sujetar más nieve: el peso produjo la rotura de las ramas y colapsaron”. A otros el frío intenso les hizo que no se recuperaran. Muchos olivos, o aligustres se helaron, también naranjos. “Fue traumático, muy difícil de gestionar”.

Árboles históricos árboles de la memoria

“En Getafe no hay árboles muy antiguos. Los árboles más antiguos que tenemos son una sófora japónica, que hay en Calle Toledo, y al final de la calle Madrid, en la calle Rosa Montero, unas alineaciones de sófora, muy antiguas, que están muy envejecidas. En ellas se hizo una cirugía arbórea, se vaciaron por dentro, se aplicaron fungicidas, se hicieron podas, esa es uno de los árboles más antiguos que tenemos”. También se guarda memoria de unas sóforas en la entrada del Cerro de los Ángeles. “Hay una nota de prensa del año 1913 con una fotografía de la plantación de esas sóforas: todavía quedan algunas allí”. Ángel Montero sigue haciendo memoria. “En el paseo del Ferrocarril frente al edificio Atenea, hay unos pinos muy grandes y unas moreras antiguas. Tenemos algunos cedros también bonitos por el pueblo”. “El arbolado envejecido también tiene aportes beneficiosos y sobre todo si está en la memoria de todos. Nuestros abuelos se acuerdan de aquellos árboles: eso también es importante”. Los olmos de la zona Centro-Alhóndiga están bastante afectados. “Son muy antiguos, con muchos años y están plantados en zonas muy estrechas. Se han tenido que podar más que otros árboles que estamos plantando ahora, que tienen un desarrollo óptimo y que no requieren prácticamente podar”. Están también la morera del Hospitalillo y otras “muy antiguas en Dolores Uribarri. El estudio de riesgo ya decía que a lo mejor había que talarlas, pero nosotros, por no talarlas, hemos optado por reducir la copa para evitar el riesgo. Están en la memoria colectiva de la ciudad y merece la pena conservarlas”.

El Gobierno se vuelca en el plan de arbolado

La alcaldesa, Sara Hernández, acompañada de los concejales de Transición Ecológica y Medioambiente, Jesús Pérez, y de Salud, Consumo y Agenda 2030, Alba Leo, fueron los encargados de presentar el nuevo Plan de Gestión y Riesgo del Arbolado. Con un presupuesto inicial de 3.000.000 de euros y un horizonte hasta 2030, los objetivos son mejorar la masa arbórea, luchar desde lo local contra el cambio climático y con ello traer beneficios para la salud y el bienestar. Como explica la alcaldesa, Sara Hernández, “trabajamos para que haya más vegetación, refugios climáticos o corredores ecológicos, porque los árboles son parte del patrimonio local”. Por su parte Jesús Pérez, destacó que “es importante que apostemos con este Plan por las especies autóctonas que potencien la biodiversidad y sirvan de refugio y alimento a la fauna, así como por la diversidad para poder afrontar episodios de plagas o enfermedades”. Alba Leo, por su parte ha señalado que “cada árbol cuenta, porque los árboles salvan vidas”. El Gobierno municipal tiene como objetivo plantar 15.000 árboles durante esta legislatura. En los meses de primavera se han convocado 5 plantaciones colectivas con más de 500 árboles previstos, pero también en el entorno urbano para 2024 están programados otros 2.000 ejemplares y 9.000 arbustos y flores. Durante 2023, en Getafe se plantaron de media más de 400 árboles al mes. El objetivo a medio y largo plazo es alcanzar la cifra de cobertura del 50% del municipio, y además que exista una media de un árbol por cada dos personas, como sucede en municipios referentes en el ámbito verde como Vitoria. Getafe se sitúa actualmente en una media de un árbol por cada tres vecinos.

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Plantaciones: Haciendo ciudad

Implicar a los vecinos en el cuidado del arbolado y en su plantación es también una máxima. “Cuando vas a una plantación te sientes partícipe de lo que está ocurriendo ahí. Empiezas a sentir el árbol como tuyo. Va muchísima gente a este tipo de actos. Y ahí además también entran, ya no solo el ayuntamiento, sino las asociaciones, los grupos, los centros cívicos. Todo el mundo quiere hacer una plantación de árboles porque es positivo”. Y fomentar el cuidado: “He visto niños ir allí con sus padres y una regadera a regar. Como diciendo, hemos plantado un árbol y ahora queremos que sobreviva”. Se van escogiendo las parcelas que aún están disponible y aunque “cada vez tenemos menos espacio sin árboles y se nos van reduciendo las posibilidades” se siguen haciendo plantaciones. Luego vienen los cuidados de esas zonas, mientras se va extendiendo el riego automático. Los primeros años hasta que se asienta, son los más delicados, pero las plantaciones están funcionando. Los Molinos, Buenavista, Perales… son algunas de las zonas que más se están reforestando.

Raquel González - Directora Getafe Capital