Hoy Venezuela, mañana…

Primero vinieron a buscar a los comunistas / y no dije nada porque yo no era comunista. / Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. / Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. / Luego vinieron por los católicos / y no dije nada porque yo era protestante. / Luego vinieron por mí / pero, para entonces, ya no quedaba nadie a quien decir nada.
(en algunas versiones el último verso es: pero, para entonces, ya era demasiado tarde)
Martin Niemoller

GETAFE/Todas las banderas rotas (09/01/2026) – El 7 de junio de 1494 los reinos de Castilla y Aragón por una parte, y Portugal por otra, firmaron el Tratado de Tordesillas que trazó una línea de Polo Norte a Polo Sur, línea que pasaba a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, de manera que lo que se descubriera a poniente de dicha línea sería considerado por ambas partes como de soberanía española y se adjudicaría a Portugal lo que hubiera al oriente. En la práctica, este acuerdo garantizaba a los portugueses el libre paso por la ruta del cabo de Buena Esperanza y a los españoles la de la América recién descubierta.

El 23 de agosto de 1939 (nueve días antes del inicio de la segunda Guerra Mundial) Alemania y la URSS firmaron un tratado de no agresión (el llamado después Pacto Ribbentrop-Molotov) por el cual ambas potencias se repartieron el territorio polaco con el río Vístula como frontera del reparto.

En ambos casos (Tratado de Tordesillas y Pacto Ribbentrop-Molotov), las potencias predominantes del momento establecieron como debía dividirse el mundo según sus intereses.

Hace unos días Estados Unidos ha intervenido militarmente en Venezuela, y ha secuestrado al presidente de ese país además de provocar un indeterminado número de víctimas. No conocemos ningún acuerdo entre potencias dominantes pero yo creo que ha habido conversaciones entre Estados Unidos, Rusia y China –las actuales potencias hegemónicas- antes de que EEUU llevara a cabo el ataque militar. Si Rusia era hasta ahora aliada de Venezuela y China tiene importantes intereses en América Latina, ¿cómo es que han respondido de manera tan tibia a la acción agresora de USA? En mi opinión ha habido acuerdo –como en el Tratado de Tordesillas y en el Pacto Ribbentrop-Molotov- para repartirse entre los tres países lo que hoy se llaman “esferas de influencia”: a Estados Unidos se le permite la intervención en Venezuela para que domine su “patio trasero” (toda Latinoamérica), a Rusia no se la molesta respecto a su guerra de agresión contra Ucrania (¿y seguramente, más tarde, alrededores?) y China podrá intervenir militarmente cuando lo considere oportuno en Taiwan y tendrá manos libres para actuar comercial y económicamente en África, especialmente en el Sahel. En definitiva, otra vez, los que tienen la fuerza se reparten el mundo.

Y, si hablamos de respuestas tibias, ¿qué decir de las reacciones de la  Unión Europea y de la ONU? El Reino Unido y Francia aceptaron en 1938 que Hitler se apropiara de los Sudetes, después de invadir Checoslovaquia tan ilegalmente como ha actuado USA sobre Venezuela; la Unión Europea dice que rechaza la actuación de Estados Unidos contra Venezuela pero no va mucho más allá de las palabras; la ONU, por su parte, convoca un tardío Consejo de Seguridad que, de la misma forma, termina con palabras y nada más.

Para los que siempre hemos defendido a la Unión Europea como depositaria de los valores democráticos y las normas internacionales de convivencia, es muy triste ver que en momentos como este no hay líderes políticos como los que construyeron esta organización: Schuman, Monnet, Adenauer, Spinelli... La terrible sequía de hombres de Estado con capacidad de liderazgo que padecemos desde hace mucho tiempo es uno de los motivos de la actual situación; otra, es que los ciudadanos, en cada país, hemos votado a la derecha y a la ultraderecha que, así, se han hecho con las instituciones europeas.

Por eso se repite otra vez la estrategia de Chamberlain que, pensando que satisfaciendo a Hitler apaciguaba sus ansias expansionistas, facilitó el comienzo de la Guerra Mundial. En 1939 los nazis reivindicaban su “lebensraum”, el “espacio vital” que, según ellos, el pueblo alemán necesitaba de forma imperiosa para sobrevivir; hoy, de forma similar, Trump defiende, como los nazis, su expansionismo agresor en razones de “seguridad nacional”: por eso, primero Venezuela, luego Cuba, después Colombia, más adelante Groenlandia…

¿Alguien puede asegurar que hay algún límite para los planes de Trump? En lo que afecta a España, ¿qué dirían el PP y Vox, que hoy  apoyan la actuación estadounidense si, dentro de un tiempo, Trump, por la razón que se le ocurriera, pusiera su ambición, por ejemplo, en las islas Canarias? ¿De parte de quien se pondrían? Porque, de momento, se les ve bastante perdidos en cuanto a sus tomas de posición.

Y es que la cuestión no es apoyar a Trump o a Maduro según sean las filias o fobias de cada cual. Si somos demócratas, no hay otra posibilidad que ponerse de parte del derecho internacional que, sin dudas ni matices, establece que ningún Estado puede atacar militarmente a otro salvo en legítima defensa y que ningún Estado puede arrogarse la facultad de cambiar las fronteras o el régimen político de otro Estado. Tengan en cuenta los que dicen que Trump solo quiere acabar con el régimen antidemocrático de Maduro que, en su comparecencia posterior a la agresión, el presidente estadounidense no pronunció una sola vez la palabra democracia, pero sí más de veinte veces la palabra petróleo; después ha especificado cuantos millones de barriles de petróleo ha de “pagar” Venezuela a Estados Unidos: no hay, por tanto, una motivación democrática –en ningún momento los estadounidenses han planteado que en Venezuela se celebrarán elecciones próximamente, ni se contempla ninguna medida que vaya a mejorar la vida de los venezolanos-, el objetivo de esta acción militar contraria al derecho internacional no es otra que hacer negocio a costa del petróleo venezolano (y no solo del petróleo), negocio del que se beneficiarán las compañías petrolíferas estadounidenses en las que tienen intereses los amigos de Trump y el propio Trump. Recuerden que se trata de “América primero”.

Lo que Estados Unidos ha destruido no es solo la soberanía de Venezuela, sino las normas de derecho internacional que, con más o menos imperfecciones, nos habían servido desde el fin de la segunda Guerra Mundial y que se basaban en principios que hasta ahora todos los países aceptaban: la inviolabilidad de las fronteras, el rechazo de la fuerza como medio de resolver conflictos, el acatamiento por parte de todos los países de las resoluciones de los organismos internacionales. En ausencia de tales principios, impera la ley del más fuerte.

Dada la pasividad de los dirigentes políticos que no actúan ante un acto contrario a la legalidad internacional, debemos reaccionar los ciudadanos, para cambiar este estado de cosas no hay más posibilidad que utilizar las herramientas que nos da la democracia: es nuestra responsabilidad participar en todas las elecciones que se convoquen; no podemos quejarnos y quedarnos en casa; no podemos decir que no estamos de acuerdo con lo que hacen ciertos políticos y no actuar mediante el voto; es la voluntad popular, la nuestra, la de cada uno, la responsable de que todo continúe como está o de que cambie.

Martin Niemoller reconoció que no se dio cuenta a tiempo. Aprendamos de él para que no nos ocurra lo mismo.

PD: La Carta de las Naciones Unidas en su artículo 2, dice: “los miembros de la Organización arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos, de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz y la seguridad internacionales ni la justicia” y que “se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado…”. EEUU es miembro de la ONU: que cada cual saque sus conclusiones.

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