“Es muy emocionante participar en el Carnaval, compartir toda esa alegría entre la gente es increíble”

GETAFE/Carnaval (10/02/2026) – La histórica murga, nacida de un grupo de madres del AMPA en el año 2000, celebra sus bodas de plata como pregonera oficial de las fiestas. Un viaje emocional a través de dos décadas de costura artesanal, anécdotas bajo la lluvia y una filosofía inquebrantable: llenar las calles de color, abrazos y gratitud hacia la gran familia del carnaval getafense.

Hay historias que comienzan con grandes pretensiones y otras, las más genuinas, que nacen de la simple voluntad de hacer felices a los demás. La historia de la murga «Venimos del Sagrado»pertenece a esta segunda categoría. Lo que hoy es una institución del Carnaval de Getafe, encargada de dar el pregón en este 2026, comenzó de la manera más humilde posible: entre tijeras escolares, gomaespuma y la ilusión de un grupo de madres del colegio Sagrado Corazón que querían acompañar a sus hijos pequeños en un desfile escolar.

 

Corría el año 2000, una fecha que marcaba un cambio de era en muchos sentidos, incluido el económico con la llegada de la moneda única. Aquel primer año, los niños salieron disfrazados de calculadoras para celebrar el cambio al euro. «Los niños salieron de calculadora y nosotras dijimos: “Oye, ¿pues por qué no nos apuntamos?'», recuerda Mariluz Sanz, presidenta y portavoz de esta agrupación.

Aquel sábado no había grandes equipos de sonido ni carrozas motorizadas. «Salimos con la trompetilla famosa del carnaval y así empezamos, ni más música, ni más coche de apoyo ni más nada», relata Mariluz con la nostalgia de quien mira atrás y ve cuánto camino se ha recorrido. Los trajes eran sencillos, hechos con lo que había a mano, incluso bolsas de plástico si era necesario, porque el objetivo no era competir, sino participar. Sin embargo, esa semilla plantada en una sala de usos múltiples del colegio germinó hasta convertirse en una de las murgas más queridas y laureadas del municipio.

 

El «Estilo Sagrado»: Artesanía, familia y cero estridencias

En el ecosistema del carnaval, cada murga tiene su ADN. Algunas destacan por la sátira política mordaz, otras por la espectacularidad de sus carrozas. «Venimos del Sagrado» ha forjado su identidad sobre pilares diferentes: la familia y la artesanía pura. Mariluz lo define con una claridad meridiana: «Yo me considero una murga humilde, el día del carnaval es un día grande, de fiesta y libre expresión». Y añade: «Ese día me sale subir al escenario, estar contentísima, saltar y abrazarnos». Esta filosofía nace de su origen: siempre se han considerado una «murga infantil», un espacio seguro y alegre donde había niños desde un año desfilando con sus padres.

Ese espíritu familiar ha permitido que la murga sea un organismo vivo que atraviesa generaciones. Los niños que hace 25 años desfilaban como calculadoras o pájaros hoy tienen más de 30 años. «Mi hijo, por ejemplo, se casa este año», comenta Mariluz, ilustrando el paso del tiempo. Pero la magia del carnaval es que no resta, sino que suma: «Ya tenemos abuelos, padres y nietos. Hay hijos que se han casado y ahora salen sus propios niños». Es habitual ver a una abuela bailando mientras la tía empuja el carrito del sobrino, turnándose para que todos puedan disfrutar de la coreografía.

 

La excelencia de lo hecho a mano

Que se definan como «humildes» no significa que sus puestas en escena no sean de una complejidad técnica asombrosa. De hecho, uno de los orgullos de «Venimos del Sagrado» es su capacidad de invención y su rechazo a lo prefabricado. «No queremos nada copiado, no queremos nada de internet. Eso para nosotras no vale», sentencia Mariluz sobre su proceso creativo.

 

La planificación es exhaustiva. Apenas termina el carnaval en febrero o marzo, la maquinaria creativa se pone en marcha. «En marzo o abril ya empezamos a diseñar el traje de este año», explica. En verano se va adelantando faena para unos disfraces que son «todo hecho a mano» y que integran una gran cantidad de material reciclado.

 

El resultado de este esfuerzo son temáticas que quedan grabadas en la retina de los getafenses. Imposible olvidar el año de «Entre Costuras», donde la originalidad alcanzó cotas máximas: «Nos inventamos el metro, le pusimos los botones, las tijeras, los alfileres e hicimos la falda con imperdibles. Eso no lo ves en ningún sitio», rememora Mariluz orgullosa de aquel diseño. O el año del «Can-Can», quizás uno de sus mayores éxitos, donde ganaron gracias a un ingenioso postizo: «Nos pusimos un culo artificial y bailamos el Can-Can. Aquello fue espectacular».

 

Bailando bajo el diluvio: la resiliencia carnavalera

La historia de una murga también se escribe en sus días difíciles, en esas jornadas donde los elementos se ponen en contra y solo queda el humor y las ganas de seguir. Mariluz guarda en su memoria, casi como una medalla al valor, el año que se disfrazaron de «Ricas y Pobres», inspiradas en el musical Mamma Mia.

 

La idea era brillante sobre el papel: un disfraz con dos capas. Por fuera, una capa marrón feísima, con harapos, simulando ser mendigos. Debajo, un deslumbrante vestido de lentejuelas plateadas estilo charlestón, pelucas morenas y medias de rejilla. La coreografía exigía que, al sonar la canción, se quitaran la capa vieja para revelar el brillo interior.

«Llovió a más no poder. Toda la calle Madrid estaba llena de charcos», cuenta Mariluz. Las capas, empapadas, pesaban toneladas. «No podíamos ni levantarlas. Terminamos mojadas hasta los huesos, retorciéndonos el agua». A pesar del frío y la incomodidad, la murga completó el recorrido, demostrando que el carnaval no se suspende en el corazón de quienes lo viven con pasión. Esa misma resiliencia se vio el año pasado, cuando la lluvia obligó a posponer el desfile hasta mayo, transformando el carnaval de invierno en casi un desfile de verano.

 

Un pregón para unir y agradecer

Este 2026, «Venimos del Sagrado» dará el pistoletazo de salida del Carnaval dando el pregón. Mariluz y sus compañeras quieren lanzar un mensaje de unidad y, sobre todo, de profundo agradecimiento.

Mariluz insiste en que el pregón debe servir para reconocer el trabajo invisible de mucha gente. En primer lugar, hacia la institución municipal. «Quiero agradecer muchísimo al Ayuntamiento y a la delegación de Cultura», afirma con sinceridad. Reconoce especialmente la labor de los técnicos municipales, figuras a menudo anónimas pero esenciales para que la magia suceda. «Pobrecicos lo que aguantan. Trabajan con una amabilidad y una paciencia infinita», destaca, poniendo en valor el esfuerzo humano que hay detrás de la organización de un evento de tal magnitud.

Pero el agradecimiento más emotivo es para sus compañeros de batalla: el resto de las murgas. «Somos las que hacemos posible que esto se haga», dice Mariluz, reconociendo la hermandad que existe entre los grupos. Porque al final, el carnaval es un deporte de equipo donde todos ganan. «Es donde las murgas se llenan de amigos, donde los abrazos son interminables. Aunque sea un achuchón rápido, te dura para todo el año».

Roberto Jiménez Gómez

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