
GETAFE/Tribuna con acento (09/02/2026) – Desde que el presidente Donald Trump empezó su segundo mandato en la Casa Blanca (enero de 2025), ha emprendido una ofensiva contra personas e instituciones que él considera adversarios. Ha terminado el “mundo del orden” construido bajo el modelo del Estado de bienestar (Socialdemocracia). Aunque es importante destacar que, su demolición se inició en las últimas tres décadas de políticas neoliberales: privatizaciones, precarización de las relaciones laborales, recortes del gasto social, etc. Políticas que aumentaron las desigualdades y fragmentaron la cohesión de la sociedad. Todo eso reforzado por una serie de “valores” inculcados por el individualismo. El concepto de democracia se ha ido vaciando, y el poder efectivo se ha desplazado a las elites económicas y tecnológicas. Como señalan varios analistas (Frei Betto, Stefan Zweig, Steven Forti,)[1], el mundo ha entrado en una nueva guerra fría, que se aproxima a un reparto más descarnado entre las potencias. Se inicia la lógica imperial, una mezcla de la ley de la barbarie y la división del mundo en esferas de influencia: Rusia se encarga de Ucrania; China, de Taiwán; Israel, de Gaza; los Estados Unidos, del continente americano. Como alerta Giuliano Da Empoli “Llegó la hora de los depredadores”.
Se está configurando un escenario que muchos creíamos superado. Ha establecido nuevas políticas en materia migratoria a un ritmo vertiginoso, con el uso de las fuerzas armadas para deportar y detener migrantes y “sellar la frontera”. Entre otras medidas ha suspendido la asistencia para el desarrollo y la Ayuda Humanitaria, ha bajado los impuestos a los superricos, impidiendo avances y consensos en la cooperación sobre la fiscalidad internacional de las grandes corporaciones. Ha creado por parte de EEUU una Junta de la Paz para Gaza que compite abiertamente con la ONU. Es, quizá, uno de los gestos más reveladores del fin del multilateralismo y la cooperación. Al mismo tiempo que las ventas de armamento en todos los países se disparan hasta alcanzar un total 2.718 billones de dólares en 2024 (SIPRI).
Por otro lado, los tecnoligarcas del Valle del Silicio (concentración de negocios de alta tecnología) no solo quieren llenarse los bolsillos, sino que defienden abiertamente proyectos autoritarios y antidemocráticos. Es relevante que tras el anuncio de las medidas del Gobierno español del “control de las redes a los menores de 16 años” los magnates Elon Musk, propietario de la red social X, y el fundador de Telegram (Durov) acusa a Pedro Sánchez de «tirano» y «traidor» calificando las iniciativas como «regulaciones peligrosas». Estamos ante un nuevo choque entre responsables políticos europeos elegidos democráticamente y grandes actores tecnológicos que intervienen descaradamente en las elecciones a favor de las extremas derechas, incitando a la polarización para provocar indignación y fuertes reacciones emocionales.
En Occidente, es la extrema derecha la que mejor representa esta nueva era y, debe entenderse como una “gran familia global”. Las referencias ideológicas y las estrategias de comunicación utilizadas son idénticas. Ejemplos manifiestos es el anuncio de celebración The Hispanic Prosperity Gala que reúne a líderes mundiales, empresarios y visionarios para promover la “prosperidad” y fortalecer las alianzas internacionales. Entre los invitados se encuentra, entre otros, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, E. Bolsonaro o Javier Milei… fieles representantes de la extrema derecha cuya imagen de marca es la “Motosierra” simbolizando los recortes en política social. El acto se celebra en el club Mar-a-Lago, la residencia privada de Donald Trump. La nueva era se caracteriza por la renovada centralidad del uso político de la religión, invocando la supuesta protección de Dios como si fueran monarcas absolutos.
Los partidos democráticos, la sociedad civil debemos defender las instituciones y los derechos humanos arduamente conquistados. En palabras primer ministro canadiense Mark Carney en lugar de lamentarse por el regreso de los imperios depredadores, Canadá propone construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esa es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de verdadera cooperación.
Se trata de defender el multilateralismo abriéndose a los actores democráticos del Sur Global. Especialmente estrechar las relaciones con Brasil, India, Indonesia y Sudáfrica. Son hechos relevantes los recientes acuerdos y dialogo entre la India, Mercosur y la Unión Europea. Compartiendo la responsabilidad de defender el derecho internacional, con la Carta de las Naciones Unidas como eje central.
Europa debe “despertar del vasallaje” y acelerar su autonomía en diversas direcciones: impulsa alternativas locales, acuerdos estratégicos y proyectos, así como revisar normativas y reducir dependencias críticas en tecnológicas y militares. Se deben implementar los esfuerzos para gobernar la economía, redistribuir la riqueza y reducir las desigualdades. Retomar el “Pacto Verde” ante el evidente Cambio Climático o la urgente regulación de las redes. Apostar por el trabajo decente y los cuidados. Por tanto, crear un sentido de comunidad local donde ningún hogar quede al desamparo. Volver a emprender la batalla de ideas y forjar alianzas y redes transnacionales de cooperación.
Ejemplos esperanzadores los constituyen, el despertar de miles de personas que han marchado en Minneapolis y Saint Paul en protestas de gran tamaño, incluso enfrentando temperaturas extremas, reclamando justicia y defensa de las personas migrantes. El Impacto simbólico internacional de la protesta ciudadana en Groenlandia que coloca al Ártico en el centro del debate político y ético acerca de la soberanía de los pueblos. Las multitudinarias manifestaciones y visibilización del genocidio pueblo palestino. Una causa históricamente silenciada por las grandes potencias. Las manifestaciones rompen ese silencio y ponen en el centro a las víctimas civiles, especialmente mujeres, niños y personas desplazadas. La solidaridad nacional e internacional nos muestra que el problema no es local, sino que hunde sus raíces en el destino de la humanidad. Es una llamada a construir alianzas entre los movimientos sociales de diverso signo. La solidaridad que une a sindicatos, trabajadores, organizaciones religiosas, estudiantiles y de derechos humanos. En definitiva, es un clamor por construir alianzas de los partidos democráticos de signo progresista, abandonar los “egos”, “las purezas ideológicas” que nos diferencian y buscar todo aquello que nos une. El proceso llevado adelante por la consecución de la Regulación Extraordinaria de Extranjeros nos muestra el camino. Fortalecen la conciencia política y social en función del interés general de los pueblos.
[1] Frei Betto, “El Nuevo Mapa del Mundo” analista social y Teólogo de la Liberación