La guerra como defensa de dictadores

GETAFE/Todas las banderas rotas (04/03/2026) – Estaba preparando un artículo sobre Juan Carlos de Borbón y la desclasificación de los documentos del 23F cuando surge un nuevo cataclismo en el panorama internacional; así que dejaré ese asunto para más adelante corriendo el riesgo de que pierda actualidad.

Trump y Netanyahu abren una nueva guerra despreciando, otra vez, el derecho internacional, no  para llevar la democracia a Irán, no para defender a la población iraní de una dictadura, sino para resolver u ocultar sus problemas internos. Netanyahu tiene muy claro que solo puede sobrevivir personal y políticamente mientras mantenga a su país en guerra; Trump tiene igualmente claro que su popularidad está cada vez en niveles más bajos, que la posibilidad de perder las elecciones del próximo otoño son cada vez mayores y que presentar un enemigo exterior a quien combatir es la mejor manera -quizá la única- de ocultar sus problemas interiores.

Los analistas discuten si Trump ha tomado la iniciativa por sí mismo o si ha sido arrastrado a tomarla por Netanyahu. Opino que eso tiene una importancia relativa porque, sin ninguna duda, cada uno de ellos tiene sus propios intereses y motivaciones pero quien paga la factura es el pueblo iraní. Como ocurre en Venezuela, en Ucrania, en Cuba, en Gaza…

Tenemos a unos señores de la guerra –Trump, Netanyahu, Putin– que están (des)organizando el mundo de manera distinta a como funcionaba desde el fin de la segunda guerra mundial para montar un monstruoso negocio; unos pueblos que ponen los muertos, el hambre, el exilio, la miseria; y unos espectadores que calculan de parte de quien conviene ponerse para poder recoger las migajas del negocio. Entre estos espectadores el principal es la Unión Europea.

Volvamos al comienzo. Netanyahu mantiene a su país en una tensión bélica alimentando el miedo a los enemigos exteriores, diciéndole a la población israelí que los palestinos, los iraníes, los sirios, los libaneses, los turcos, etc. tienen como único objetivo acabar con el Estado de Israel, por lo que no hay más remedio que defenderse, ocultándoles que si no hubiera guerra lo más probable es que perdiera las elecciones y tendría que enfrentarse a varios juicios por corrupción que, casi con total seguridad, le llevarían a la cárcel.

Trump ha iniciado una guerra –empujado o no por Netanyahu, eso tiene una importancia secundaria- como lo haría un rey medieval, sin someterse a ninguna ley y con el mismo único objetivo con el que llegó a la presidencia de su país: hacer negocio. No ha tenido en cuenta a la ONU, a sus aliados o a los convenios internacionales; pero, además, son muchos los congresistas estadounidenses que sostienen que está incumpliendo la Constitución de su propio país porque solo el Congreso puede autorizar el inicio de una guerra. Para mí es una razón más para mantener lo que vengo defendiendo hace tiempo: Estados Unidos, bajo la dirección de Trump, se encamina hacia alguna forma de dictadura: solo el pueblo estadounidense podrá evitar esa deriva.

Y, por lo que nos toca, tenemos la actuación de la UE. La Comisión Europea ha emitido un comunicado en el que, sorprendente y cínicamente, no menciona los bombardeos estadounidenses e israelíes sobre suelo iraní que han provocado cientos de muertos civiles, pero, hipócritamente, sí dice que “Los ataques de Irán y la violación de la soberanía de varios países de  la región son inaceptables. Irán debe abstenerse de realizar ataques  militares indiscriminados”. Esta actitud debe avergonzar a cualquier ciudadano europeo demócrata, independientemente de a qué partido vote. Por otra parte, Francia y Alemania, en lugar de buscar el consenso de sus socios, se unen a Reino Unido para, poniendo de manifiesto que priorizan cuestiones económicas, militares y estratégicas, apoyar a Trump y plantear un rearme nuclear.

Finalmente, examinemos la posición manifestada por España que se puede resumir en una frase del presidente del Gobierno: «Se puede estar contra un régimen odioso como el iraní y a la vez estar  en contra de una intervención militar injustificada, peligrosa y fuera  de la legalidad internacional». Es una posición coherente con la que viene defendiendo nuestro país desde los tiempos de Zapatero que consiste en oponerse a todo lo que no encaje con el derecho internacional; es la que el actual gobierno tiene de forma consistente respecto a Gaza, Venezuela y Ucrania.

Pedro Sánchez, al mantener esa coherencia, marca un perfil político propio que coincide con una gran parte de la opinión pública española, no solo la de izquierda, opinión que, tradicionalmente, se ha manifestado pacifista –recordemos las multitudinarias manifestaciones de 2003-, y ello podría beneficiarle en futuras contiendas electorales.

La oposición del PP entiende que el actual Gobierno rompe la posición europea pero, si examinamos como actúan el resto de los gobiernos europeos, vemos que no es así porque la UE esta dividida entre los que defienden sus propios intereses –Francia y Alemania, como ya hemos visto-, los que defienden principios (la defensa de la legalidad internacional) –Dinamarca, Noruega, Irlanda y España- y el resto que, de momento, esperan. Al respecto, Daniel Gil, analista de The Political Room, dice que “no se puede romper la unidad europea porque no existe”.

Por lo que toca al interés de España, mi opinión es que PSOE y PP deberían estar hablando discretamente para no convertir un asunto tan serio como es una guerra en materia de pelea política. Porque ningún partido está legitimado para utilizar en su propio beneficio una guerra en la que, por una parte, está en juego  la seguridad internacional y, por ende, la de nuestro país, y, por otra, miles de vidas de gente inocente que tiene derecho a vivir en paz y a elegir de qué modo quiere vivir.

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