GETAFE/A fin de cuentas (24/04/2026) – Se compara muy habitualmente la política con un péndulo que bascula entre la izquierda y la derecha de forma constante. Un equilibrio medido que permite a las sociedades no enquistarse, apostar por opciones a veces contrapuestas en un balanceo que puede resultar sorprendente individualmente (¿Cómo alguien de izquierdas puede acabar votando a la derecha?), pero que colectivamente parece que cobra sentido. Un péndulo que ha basculado en nuestro país de forma cuasi perfecta, monótona, pero acortando los ciclos y acelerando el ritmo. Tic, tac, tic, tac.
El caso es que el vaivén que se había ido peligrosamente a la derecha (muy a la derecha) parece que está regresando. Será Trump, la guerra, la posición firme del Gobierno de Pedro Sánchez, los desbarres de Vox y su entrada en los gobiernos con mensajes cuanto menos preocupantes y antidemocráticos bajo enseñas como la prioridad nacional. Serán los ataques a la Iglesia católica por parte de la ultraderecha y el trumpismo, será el posibilismo de los partidos ultra en otros países como Italia que se moderan a marchas forzadas para no perder espacio… el caso es que el péndulo vuelve a la izquierda. No hace falta mirar las encuestas del CIS (¿de verdad Tezanos es esto necesario?), porque se percibe en la calle una especie de orgullo nacional por la posición del Gobierno frente a los derechos humanos.
Y enfrente un PP desnortado, arrastrado por Vox hacia el abismo de posiciones que no quiere defender, pero que luego asume. La ultraderecha ha tocado techo y comienza el retroceso. Solo falta que en este vaivén también los partidos a la izquierda del PSOE sean capaces de construir, en lugar de ser un nido de grillos que no consigue ser escuchado por nadie. ¿El giro será completo? Lo veremos en las próximas elecciones. Porque al ritmo que va la política hay tiempo para otras dos o tres vueltas más antes de llegar a término.
En Getafe mientras tanto, la ciudad se viste de fiesta con la novedad de la instauración del Día de las Peñas y la modificación de recorridos para las procesiones de la Virgen. A la ciudad le gusta la fiesta, pero la propia y bien organizada, no la que imponen desde otros municipios como Madrid con el problemático recinto del Iberdrola Music. Las quejas siguen, se multiplican igual que los eventos allí. Ruidos, movilidad y suciedad son las principales quejas… la fiesta la paga Getafe.
Para relajarnos, bien podríamos darnos una vuelta por De Poesía por Getafe en una de las múltiples propuestas que hace el festival o escuchar a los niños que se han unido al proyecto de Getafe Canta: más de 700 escolares cantando al unísono en un evento mágico que acerca a los más pequeños a la música clásica.
Getafe tiene historia como la de CESA, y tiene futuro. Y también sabe reconocer la implicación de sus personalidades en el municipio: ¡Enhorabuena Bordalás por ese reconocimiento como Hijo Adoptivo de la ciudad!
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