Migrantes y Ceuta: La acción de la oposición (II)

GETAFE/Todas las banderas rotas (01/09/2026) – Al hablar de la oposición es preciso distinguir entre la oposición sin calificativos que forman PP y Vox y la que ha dado en llamarse “la izquierda a la izquierda del PSOE”, que, aunque apoya al Gobierno de manera general, en circunstancias concretas muestra posiciones diferentes; me referiré en principio a esta última antes de hacerlo con más extensión a la primera.

Las críticas al gobierno por parte de Sumar han venido, no de un dirigente de primer nivel, sino del portavoz adjunto en el Congreso que ha dicho que el Gobierno «debería haber tenido una presencia permanente y más coordinada», y que «no es de recibo cómo están tratando a las niñas y niños, a las personas migrantes». Esta actitud se justifica no solo porque forma parte del Gobierno, sino por su propia situación de falta de liderazgo.

Irene Montero por parte de Podemos, en los primeros días de la crisis, se manifestó muy contundente, no tanto contra el Gobierno sino calificando a Marruecos de dictadura y constatando la complicidad de Estados Unidos e Israel en lo ocurrido. Posteriormente Podemos ha pasado a mantener un perfil bajo; yo diría que no encuentra su lugar entre la crítica que quiere hacer al régimen marroquí y la que le gustaría hacer al gobierno español.

La más beligerante de las fuerzas políticas de este bloque ha sido, sin duda, Izquierda Unida que, aunque ha criticado al Gobierno, ha cargado sobre todo contra Marruecos. El coordinador federal de esta formación, Antonio Maíllo, ha pedido una revisión de las relaciones con Marruecos ya que, según él, “la política de apaciguamiento ha sido inútil”. No puedo estar más de acuerdo.

En fin, la izquierda a la izquierda del PSOE, sin dejar de criticar determinados aspectos de lo hecho por el gobierno, ha puesto más el acento en la actitud del reino marroquí y en el papel jugado por algunas potencias extranjeras.

Por mi parte, como decía al principio, quiero comentar más extensamente la posición mantenida por el PP y por Vox.

Este último partido no ha necesitado esforzarse mucho, más bien se encuentra muy cómodo porque, sin apenas intervenir, ve cómo el PP trabaja a su favor. Al principio lanzó sus conocidas soflamas, quizá más cargadas que nunca de violencia y odio: “La corrupción socialista mata y la invasión migratoria  promovida por Pedro Sánchez nos arruina, mata y trae crimen”. “No queremos violadores, los queremos deportados”, “no vienen huyendo de ninguna guerra ni de la pobreza”, sino que “son hombres en edad militar llamados  por el Gobierno corrupto de Sánchez para que asalten nuestras  fronteras”; son palabras de Santiago Abascal. Y José María Figaredo, secretario general del grupo parlamentario de Vox en el Congreso, no quiso quedarse atrás: dijo que habría que “cazar” a los migrantes que permanecen en Ceuta, y se permitió ironizar respecto a los muertos ahogados durante la entrada masiva hablando de “pescar” a migrantes en el mar.

Por supuesto, su máxima es que hay que devolver a Marruecos a todos los que entraron ilegalmente en Ceuta sin entrar en zarandajas legales como que en un estado de derecho se deben respetar las leyes propias y los convenios internacionales; tampoco en las humanitarias, para Vox no importan las circunstancias que han obligado a los que llegaron a Ceuta arriesgando sus vidas, tampoco si son niños que, según la ley española y el derecho internacional merecen una especial protección.

Según han ido corriendo los días Vox ha pasado a una segunda fila al comprobar que el PP tomaba todas sus banderas con más brío que el propio Vox.

En los primeros días, el presidente de Ceuta, del PP, se mostró colaborador con el Gobierno central pero pronto debió recibir instrucciones de la dirección de Génova para que se uniera a la posición del resto de los dirigentes de su partido. Por ejemplo: hay que devolver a Marruecos a todos los que “invadieron” Ceuta (mayores o menores); hay que modificar en un fin de semana la ley de extranjería… Que esas peticiones sean imposibles de llevar a cabo, bien porque ni la ley española ni los tratados internacionales permiten la devolución masiva e indiscriminada de personas, mucho menos de niños, bien porque la modificación de una ley orgánica, como es la de extranjería, llevaría meses, no un fin de semana, no es algo que le importe al PP porque lo que pretende no es hacer propuestas que ayuden a resolver el problema planteado, sino socavar al Gobierno y adelantar a Vox por la derecha. Es decir, un interés exclusivamente partidista.

Ningún dirigente político debería proponer que alguien –mucho menos una institución del Estado- se salte la ley. Incumplir la ley no puede ser en ningún caso la forma de resolver ningún problema.

Para colmo Feijóo ha vuelto a demostrar su ignorancia y su capacidad de deshumanización al proponer el confinamiento de la población de Ceuta por el riesgo que hay, según él, ante determinadas enfermedades. A pesar de que han sido muchos los especialistas en salud pública y de otras especialidades que han negado la necesidad de esa medida, no se ha retractado sino que únicamente ha matizado que se refiere a portadores de enfermedades infectocontagiosas, cosa que se hace desde siempre en Ceuta, en España y en el resto de los países civilizados: ¿cómo es posible que ignore eso alguien que presidió el Insalud? A un político que pretende dirigir nuestro país debería avergonzarle exponer esa idea iniciándola con la frase: “No tengo todos los datos…”. ¿No hubiera sido más sensato esperar a tener los datos o el asesoramiento pertinente? ¿Es así como piensa tomar las decisiones si llega a la presidencia del Gobierno, sin disponer de los datos necesarios?

Y no podía faltar en este campeonato por ver quien produce la mayor sandez Isabel Díaz Ayuso que ha dejado dicho sin sonrojarse: “Pedro Sánchez permite la invasión de España por Ceuta para intentar ocultar todos sus juicios. Hasta ahí llega”. Hasta ahí llega, digo yo, la ignorancia, la insensatez y la falta del rigor intelectual esperable en cualquier líder político.

En conclusión, la posición de esta “desleal” oposición se puede resumir en demagogia, fomento del odio e incitación al miedo, además de proponer la ignorancia de la ley como forma de resolver una crisis de la envergadura de lo ocurrido en Ceuta; vuelve a cumplirse la forma de actuar de la ultraderecha: propuesta de soluciones simplistas a problemas complejos.

Si el PP sigue comportándose así, lo seguiremos considerando un partido de ultraderecha;  si no quiere que eso ocurra, si quiere que le consideremos democrático y de gobierno, debería recordar que una democracia se mide por la protección que da a las minorías y a los más débiles, en este caso, los migrantes y los niños. Y actuar en consecuencia.

 

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