«Al celador incluso se le negaba la mascarilla FFP2»

GETAFE/Sanidad (03/11/2020) – Han estado en primera línea de ataque del virus en los hospitales, pero han sido los grandes olvidados de la pandemia. Durante más de 6 meses desde que se desatara la pandemia en nuestro país, los celadores han sido la primera cara que veían los enfermos al llegar al hospital, pero no tenían la consideración de personal sanitario. «La Plataforma Reconocimiento para el Celador Ya nace porque en la primera ola no se nos daba el equipo de protección individual correspondiente», explica María Agudo, representante de la plataforma en Madrid y en el Hospital de Getafe.

Apenas una mascarilla quirúrgica era su protección ante el virus. «El ministro nos calificó como ‘bajo riesgo’ y eso provocó un enfado muy grande. El paciente al primero que ve siempre es al celador, y tenemos constantemente un contacto muy directo con el paciente: en el aseo, en los traslados…», incluso en momentos críticos. En mayo decidieron crear la Plataforma y le enviaron la primera carta al ministerio. «Echaban balones fuera: nos remitían al servicio de prevención de riesgos, con lo que nos encontrábamos diferentes medidas. Hay muchos hospitales que denegaban la mascarilla FFP2, en Getafe no, pero en otros muchos sí. Sin tener en cuenta que nosotros sujetamos al paciente, ayudamos a pronar al paciente y al celador le toca ocupar el puesto donde más carga viral y más flujos se producen, donde hay más peligro… ¡y pretendían que lo hiciéramos con la mascarilla quirúrgica!», lamenta Agudo.

Demandas

A principios del mes de octubre finalmente ha llegado la razón y el ministro de Sanidad ha cambiado la categoría de los celadores, que ahora sí son calificados como personal de riesgo, por lo que ya pueden recibir las EPI correspondientes. Pero aún les quedan batallas por librar. «La Plataforma nacía con más objetivos». El próximo «lograr que se cree un módulo de FP de grado medio específico para la profesión. Por el bien del paciente. No puede ser que salgamos adelante gracias a los compañeros que nos explican qué hay que hacer. La legislación además está obsoleta: ¡nuestras funciones se recogen en una ley de 1971! Un texto que es además muy machista: en aquél entonces casi todos los celadores eran hombres». También pelean por la «equiparación salarial por comunidades y la revisión de requisitos para la carrera profesional, y que se pueda computar el tiempo trabajado para ello».

Desde que se constituyeron, ya son cerca de 5.000 los celadores integrantes de la plataforma. «Queremos tener voz y que se nos escuche», reivindica María Agudo.

Raquel González - Directora Grupo Capital