Lo que la industria agroalimentaria esconde

GETAFE/Tribuna con acento (10/01/2024) – Recientemente la FAO, el organismo de Naciones Unidas encargado de los temas alimentarios, acaba de publicar el informe El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2023. Como todos sabemos, los sistemas agroalimentarios generan beneficios vitales para la sociedad, entre otras razones porque producen los alimentos que consumimos, conforman las identidades culturales y proporcionan puestos de trabajo y medios de vida a más de 1 000 millones de personas. Pero ello, a la vez esconde también efectos perniciosos para una vida saludable de las personas y del planeta.

El Informe viene  a  señalar que las ineficacias del mercado, las políticas y las instituciones que se producen en los sistemas agroalimentarios contribuyen a la generación de COSTES OCULTOS como, por ejemplo, acentúan el cambio climático, contribuyen a la degradación de los recursos naturales, a la pérdida de biodiversidad, al mal uso de agua, así como al deterioro de las condiciones de vida de las poblaciones campesinas. Existe un nivel muy elevado de certeza de que los costes ocultos cuantificados mundiales derivados de los sistemas agroalimentarios ascenderán a 10 billones de dólares. Son  costes que las grandes industrias agroalimentarias no asumen y pagan los estados. Una de las conclusiones más notorias es la desproporcionada carga de esos costes ocultos que soportan los países de ingresos bajos. 

LOS COSTES OCULTOS SANITARIOS.

Se cuantifican a partir de las pérdidas de productividad laboral (479.000 jornadas laborales al año en España) que provocan enfermedades derivadas de malos hábitos alimentarios, una de sus consecuencias es la obesidad. En el caso de España, para el año 2022, significó una cantidad aproximada de casi 80.000 millones de euros. Este porcentaje aumentaría aún más si se contabilizaran los costes directos de los tratamientos de estas patologías que se asumen desde la sanidad pública. Entretanto, la capacidad de las personas para acceder a dietas saludables se ha deteriorado en todo el mundo. 

LOS COSTES OCULTOS AMBIENTALES.

Es un importe que  no aparecen en las facturas. Se calculan en función de las pérdidas agrícolas y de servicios ecosistémicos causadas por las emisiones de gases de efecto invernadero y nitrógeno, la escasez de agua y los cambios en el uso del suelo y, consecuentemente, por las pérdidas de productividad. En el  caso español, la suma de este capítulo representaría un total aproximado de 23.800 millones de euros. A título de ejemplos; Traemos soja transgénica de la deforestación amazónica (Argentina), para alimentar el ganado de las Macrogranjas con el consecuente impacto en la contaminación de tierras y acuíferos.  Es uno de los efectos de una dieta basada en carne. Al igual que las plantaciones de aceite de palma (bajo la etiqueta de sostenible), están  provocando la destrucción a gran escala de bosques tropicales (Malasia, Indonesia) y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

LOS COSTES SOCIALES.

Las últimas investigaciones muestran que alrededor de 800 millones de personas padecen hambre. Paradójicamente el hambre es mayor entre las personas productoras de alimentos. Abordar la pobreza y la subalimentación sigue siendo una prioridad en los países de ingresos bajos, pues representan en torno a la mitad de los costes ocultos totales cuantificados en estos países. Nos encontramos numerosos países africanos, que han visto cómo empresas transnacionales se apropian de terrenos para especular o cultivar y expulsan a parte de su población.  A título de ejemplo; La agricultura  de Israel es reconocida como muy avanzada tecnológicamente capaz de exportar a otros países cítricos, piñas, aguacates, dátiles o patatas, etc. Solo las exportaciones de patatas de Israel a España supusieron un negocio para las empresas israelíes superior a los 11 millones de euros, según datos del Ministerio de Agricultura español.  Pero hay que destacar que su capacidad exportadora es producto de décadas de una violenta ocupación militar de tierras palestinas.

En resumen, según el Ministerio de Agricultura, en promedio en España gastamos 1.597 euros por persona al año en la compra de alimentos. Si tenemos en cuenta la Contabilidad de Costes Reales de la alimentación (CCR), como le llama la FAO, deberíamos añadirle 2.183 euros más, un total de 3.780 euros.  Los alimentos como necesidad vital de las personas no deben ser productos para negociar, para especular con ellos. La producción y distribución de alimentos sanos son actividades que deben estar orientados al bien público.

OTRA AGRICULTURA ES POSIBLE Y NECESARIA

  1. La Región es fuertemente dependiente de otros territorios para satisfacer las necesidades de alimentos. En 2020, según datos de Merca Madrid, la mayor parte de los alimentos proceden de otros territorios nacionales y comunitarios: solo el 4% tiene su origen en la CAM.
  2. Debemos caminar, dentro de los territorios municipales de la Comunidad de Madrid, hacia la transición de sistemas agroalimentarios más saludables y cercanos; los suelos agrarios en desuso, las parcelas supramunicipales y terrenos abandonados de mayor tamaño pueden constituirse en espacios de capacitación y producción agraria.
  3. Ello requiere la regeneración agroecológica del territorio, vinculada al consumo local de alimentos. Así se contribuye a visualizar la importancia de los comercios locales y de las preferencias de la población hacia el consumo de productos de proximidad y de calidad.
  4. La estrategia de alimentación del “CAMPO A LA MESA” tiene como finalidades, entre otras: a) Aumentar la soberanía alimentaria en toda la cadena alimentaria; b) Promover dietas saludables y un consumo responsable y sostenible; c) Proteger la biodiversidad y los suelos, fomentar la agricultura y la producción de alimentos agroecológicos y de proximidad; d) Reducir el desperdicio de alimentos y favorecer el cierre de ciclos y la devolución de nutrientes a los suelos.
  5. Ya existen EXPERIENCIAS de cercanía territorial que marcan el camino en Zonas Urbanas. En el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid, se encuentra el Parque Agroecológico del Soto del Grillo, dispone de un banco de tierras cultivables de 56 ha, repartidas en 26 ha de cultivos de regadío y 30 ha de secano en la vega del Jarama. En el área metropolitana de Fuenlabrada, encontramos las 800 hectáreas del Parque que se localizan sobre terrenos clasificados en el Plan General como suelo no urbanizable con protección ambiental.
  6. Finalmente se trata de iniciativas locales que tienen como finalidad la transformación de los sistemas agroalimentarios para conseguir una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor para todos sin dejar a nadie atrás. Andrés Aganzo 16 diciembre 2023
Redacción Getafe Capital