
GETAFE/A fin de cuentas (31/10/2026) – Escribía este editorial sobre la actualidad del día a día, cuando el dolor ha vuelto a inundar el país con el accidente entre trenes en Toledo. Y quizá cuando leáis estas palabras (puede que apenas horas más tarde de lo sucedido) ya se haya comenzado a desatar la máquina del fango que nos rodea siempre. Porque ahora mismo nos envuelve el dolor, estamos conmovidos por una tragedia que se siente cercana, que ha podido afectar a nuestro vecino, a un familiar, a un amigo… La ola de solidaridad durará poco. Ya lo hemos vivido antes.
Me repugna, me revuelve saber que esto será un arma arrojadiza y que el respeto por las víctimas durará poco. ¿Unas horas? ¿Minutos? ¿Quién lanzará la primera piedra? A partir de ahí se desbocará. ¡Qué pena! Ojalá me equivoque y estemos ante un cambio de paradigma. De verdad que lo deseo. Porque debemos estar con las víctimas, con sus familias, debemos acompañarlas, hacerles el trago más fácil y no convertirlo en una herramienta más para desgastar al contrario. Es el momento de la solidaridad, de dejar a un lado esa precampaña electoral que nos está crispando los ánimos (otra vez). Todo se ha parado a nuestro alrededor y yo no me siento capaz de escribir hoy sobre campañas, sobre propuestas, sobre reivindicaciones por muy justas e importantes que me parezcan.
Habrá tiempo para hablar de educación, de sanidad, de seguridad, de cultura y de elecciones. Muchos de esos temas los llevamos en estas páginas del periódico. Pero hoy quiero cerrar aquí este artículo y emplazar a los lectores a hacer un ejercicio de solidaridad y empatía con las víctimas. Hoy nos duele esta nueva tragedia. Hoy es momento del silencio y del respeto.