
El castigo por inhibirse en política es ser gobernado por hombres inferiores.
Platón
TODAS LAS BANDERAS ROTAS (02/11/2026) – Entre gente de la izquierda había mucha esperanza en el proceso de confluencia iniciado por algunos partidos de esa ideología con la figura de Gabriel Rufián como aglutinante. Esperanza que, convocadas las elecciones, fue perdiendo fuerza primero lentamente, y más rápido según avanzaban (malamente) las negociaciones para unir a lo que llamaron Frente Amplio.
Cuando acabó el plazo para presentar coaliciones sin que llegaran a ningún acuerdo, la esperanza se tornó en tristeza, rabia y cabreo.
Se nos dijo que en ese proceso hacia el acuerdo de lo último que se hablaría sería de nombres y reparto de puestos: de lo único que hemos oído hablar, desde el principio de la negociación hasta el último minuto del plazo, ha sido de quien debía ir en qué puesto. Nada de programa, nada de lo que pudieran tener en común, nada de los factores de unión.
Y, en cuanto a la negociación, como si fueran principiantes, muchas declaraciones, muchos mensajes en los medios, nada de discreción, nada de conversaciones reservadas para comunicarnos los acuerdos una vez alcanzados.
El papel jugado por Rufián ha decepcionado mucho. Después de meses presentándose como el principal valedor de la imperiosa necesidad de la unidad de la izquierda, se descuelga del Frente Amplio para llegar a un extraño acuerdo con el principal protagonista de la desunión: Podemos. Rufián ha hecho una elección legítima, ha preferido seguir en su partido y no perjudicarle en su pelea con Junts, eso no es criticable. Lo que sí lo es, es la forma en que ha hecho eso: abandonando, en el último momento, a las fuerzas políticas que contaban con él porque había creado unas expectativas que ha incumplido; y lo ha hecho formando alianza con un partido que también ha traicionado a los que, hasta ese momento, confiaban en él.
En cuanto a Podemos diré lo que ya dije en 2014, año de su nacimiento. En dicho año escribí refiriéndome a ese partido: “Y lo más terrible que podría acaecerle a esta vapuleada sociedad, lo que de ninguna manera deseo que ocurra, es que lo que hoy se presenta como alternativa regeneradora llegue a ser la causa, más o menos directa, de una nueva decepción”. Bien, pues eso es lo que ha ocurrido ahora, otra decepción más.
Ya son muchos –yo me encuentro entre ellos- los que piensan que todo este vodevil, más allá de los intereses del partido, de los de sus militantes o los de sus posibles votantes, no tenía más objetivo que colocar a Irene Montero y satisfacer su ego; si alguien tiene dudas sobre esta afirmación, solo tiene que ver el cartel de campaña: en él ha desaparecido el clásico color morado, el nombre y el logo de Podemos y, en su lugar, están la foto y el nombre de IRENE. Cada cual podrá interpretarlo como quiera: ego en grado superlativo, culto a la personalidad fomentado por sus seguidores, reconocimiento de la pérdida de tirón electoral de Podemos… O todo a la vez. Y, para colmo del ridículo, exige a todos los demás que participen en unas primarias en las que solo se presenta y, por tanto, solo puede salir elegida… IRENE. Es un hecho indiscutible que Podemos recibió en el pasado maltrato y desconsideración, pero era esperable y deseable que, ante una situación como esta, en la que nos jugamos, no ya unas elecciones, sino, incluso, la democracia, hubiera demostrado, en lugar de rencor infantil, altura de miras y madurez política.
Por otra parte, algunos de los partidos regionalistas que obtuvieron buenos resultados en las pasadas elecciones autonómicas aseguran que irán en solitario. Igualmente, Más Madrid, antes de cerrar ningún acuerdo, anuncia los nombres que considera deben ir, no solo en Madrid, sino en Barcelona, y en qué condiciones.
Así que quien esté pensando en votar al Frente Amplio, tendrá que elegir entre el Frente Popular de Judea o el Frente Judaico Popular. Porque ¿qué podemos votar los demócratas de izquierda en las próximas elecciones generales?
Hay que recordar lo que dice El Chojín en Infolibre: “El pueblo ya no elige quién va a gobernarte, sino al salvador que evite que todo colapse porque ya no aspiramos a mejoras sociales, ahora parece que con que no se vaya todo a la mierda nos vale”.
En este sentido, hay que tener muy presente lo que todos sufriremos (lo que se irá a la mierda) si gana la ultraderecha: todo lo que sea susceptible de ser privatizado, lo será, y habrá que pagar por ello. Así la educación, la sanidad, la atención a la dependencia dejarán de ser derechos para pasar a ser objeto de negocio, de manera que cada cual tendrá el nivel de servicios que pueda pagarse. Las pensiones serán gestionadas por las grandes aseguradoras y fondos internacionales y, ya se sabe lo que ocurre con los seguros, según sea la cuota que pueda pagar cada cual, así será la pensión que recibirá. En cuanto a la vivienda, los fondos buitre, como ya están haciendo, fijarán los precios de compra y alquiler sin ningún freno por parte de los poderes públicos, lo que, a su vez, provocará que los trabajadores cada vez tendrán que irse más lejos de las ciudades y los centros de trabajo con lo que todo eso perjudica a su calidad de vida. Si tenemos en cuenta el negacionismo militante respecto al cambio climático de Vox, al que se ha unido con entusiasmo el PP, hemos de dar por hecho que lo mucho o poco que se viene haciendo para combatir sus consecuencias irá al baúl de los recuerdos. Igualmente desaparecerán todas las medidas adoptadas hasta ahora para proteger a las mujeres de la violencia machista, así como las destinadas a la protección de la comunidad LGTBI. Podría seguir con la relación de lo que perderemos en cuanto a derechos y libertades, pero terminaré con dos advertencias: una, que en esto no habrá discriminación: la pérdida será para todos, también para los que voten a PP o a Vox. Dos, que una vez que, en pocos años, hayan desaparecido esas libertades y esos derechos, cuando la ultraderecha deje el gobierno harán falta treinta o cuarenta años para recuperar el estado de bienestar que hoy disfrutamos: es muy fácil y rápido destruirlo, será muy costoso y lento recuperarlo.
Habrá quien piense que exagero pero lo que digo en el párrafo anterior sale de dos fuentes: una, lo que ambos partidos dicen públicamente desde hace tiempo; otra, lo que están haciendo ya en las CCAA donde están gobernando conjuntamente.
¿Se puede hacer algo para evitar este desastre? Pienso que, guste o no, la única posibilidad, por muy remota que sea, de que no llegue a gobernar la ultraderecha –porque el gobierno PP-Vox, no nos engañemos, no sería un gobierno de derecha civilizada y democrática, sería un gobierno de ultraderecha pura y dura- es el llamado voto útil.
Dada la división y la falta de coherencia del llamado Frente Amplio, opino que todos los que se sienten de izquierda, junto al millón y medio de votantes que se calcula que están actualmente en la abstención, en esta ocasión deberían votar masivamente al PSOE. Habrá quien lo haga por convencimiento y quien deba taparse la nariz, pero sea cual sea la razón por la que lo haga cada cual, sostengo que es la única manera de practicar la política en el sentido griego del concepto: hacerse cargo de las necesidades y problemas de la polis y hacer posible la mejor solución para la mayoría aunque no sea lo que más nos guste. Esta no es una posición de partido, hace años que no milito en ninguno.
Ya, ya sé que la izquierda purista, los que se presentan como depositarios de las esencias de la verdadera izquierda –como Podemos y otros- me tacharán de vendido a la ultraderecha, traidor, y otras lindezas, todo ello aderezado con todo tipo de insultos, pero lo asumiré con estoicismo. Y con el convencimiento de que ese purismo y los que lo practican nos llevan al desastre.
Este artículo fue redactado y entregado para su edición con anterioridad al accidente de los trenes en Urda. Por parte del autor y de la dirección de este medio valoramos la oportunidad de su publicación; llegamos a la conclusión de que lo que en él se dice, independientemente de la tragedia ocurrida, sigue teniendo la misma validez, o incluso más, que antes de que la misma ocurriera, por lo que decidimos publicarlo.