
Fotos: Pablo Cabellos
Levantar nuevos desarrollos conlleva una mirada al futuro, y la Plaza Porticada marcará un antes y un después en la fisionomía del centro de Getafe. Pero también trae de la mano un reestudio del pasado, de lo que se esconde bajo nuestros pies. Lo que fue un aparcamiento hasta fechas cercanas, acogió también asentamientos medievales, cabañas visigodas… e incluso restos de la Edad de Bronce. Esta es la historia de una excavación arqueológica que sigue escribiendo la historia de Getafe desde sus orígenes.
El proyecto ya en marcha de la Plaza Porticada, que sumará viviendas, comercios, espacios de recreo y una nueva vida a la ciudad, cambiará la fisionomía del centro de Getafe. Pero antes de levantar, en cada desarrollo urbanístico hay que realizar excavaciones arqueológicas, documentar y catalogar los restos arqueológicos que han quedado ocultos tras siglos de ocupación. Vicente Marcos Sánchez y Lorenzo Galindo, directores de la excavación realizada por la empresa Arqueoestudio S. Coop, han sido los encargados de dar vida y poner nombre a los restos que han ido encontrando en el subsuelo de la manzana del Hospitalillo. Aún queda una segunda fase en la que esperan aún más sorpresas.
«¿Dónde estamos?», interroga Vicente Marcos. «Entre medias de la catedral, que sería un punto importante desde la antigüedad, y el Camino Real de Madrid a Toledo». Un punto neurálgico que ya hacía sospechar antes de coger las máquinas, que aquí había habido ocupaciones desde la época prehistórica. «Hay una estructura de la Edad del Bronce, y luego otras ya de época romana. Posteriormente la mayor ocupación es de época visigoda». Pero no se queda aquí, porque hay vestigios islámicos y por supuesto, de la edad moderna y contemporánea. Unos restos que chocan con la creencia que había de que esta zona siempre había tenido un uso hortícola. «En la documentación histórica este espacio estaba recogido como huerta relacionada con el Hospitalillo». Pero debajo escondía mucho más.

Un antiguo arroyo pudo ser el nexo de unión por el que diferentes civilizaciones eligieron este espacio para crecer. «Una de las estructuras que más se documentan son pozos». Y también norias de sangre, que permitían extraer el agua. «Lo que queda de la noria es la parte subterránea. Tendría más alzado y una rueda con los cangilones, que sería lo que se introduce dentro del foso para sacar el agua». Al menos se han encontrado dos estructuras que las contenían y que dan pistas de la función que tenía este espacio como huertas, «pero junto a ese ámbito de explotación agraria hay otro tipo de elementos como pueden ser las cabañas», explica Lorenzo Galindo. Una de estas norias debió estar en uso hasta una fecha reciente, localizándose en su interior abundante basura contemporánea (botellas de cristal, plásticos…), mientras que la otra presenta materiales de la época de su abandono, posiblemente en el siglo XVII-XVIII.
También «hay un montón de pozos de todas las épocas». Se trata de fosas generalmente circulares en la planta, aunque también se documentan casos de forma cuadrangular, con paredes rectas y de gran profundidad para alcanzar el nivel freático, del que extraen el agua. En ocasiones junto a los pozos encontramos canalizaciones de ladrillo para su distribución. La zona de trabajo se ubica en espacio con un nivel freático bastante alto, lo que hizo muy frecuente la apertura de pozos para la obtención de agua para la vida cotidiana y para el riego de los cultivos, durante todos los periodos históricos.

La excavación se inicia con una serie de catas aleatorias: cuando se comienzan a encontrar restos, no queda otra opción que realizar el decapado de toda la superficie afectada por el proyecto y la excavación de todos los restos localizados. Los arqueólogos leen los colores de la tierra: una tonalidad diferente de marrón puede ser el indicio de que ahí se esconde una estructura oculta bajo el paso del tiempo. «Los rellenos suelen ser de colores oscuros por la presencia de materia orgánica y en esa tierra que rellena pueden aparecer restos que nos identifican los usos: cerámica, hueso, metal…».
De época prehistórica hasta la fecha se ha excavado una única estructura, consistente en una gran fosa excavada en el terreno natural, cuya identificación es complicada. Han encontrado «silos, que luego se han rellenado con desechos de la época, o tenemos también estructuras murarias que nos van delimitando habitaciones, lo vemos también un poco por el color, incluso por la existencia de muros».
Entre las curiosidades han encontrado, por ejemplo, lo que sería un horno para hacer tejas. Se pueden ver «las tres arcadas de ladrillo en su interior para poner luego encima la parrilla y una habitación de trabajo en la que se alimenta el horno y aquí seguramente habría una chimenea hacia arriba, como las tejeras del siglo XIX», relata Vicente Marcos.

Cada estructura se excava minuciosamente, a mano, recuperando el material, catalogándolo y datándolo. «Pueden estar mezcladas estructuras visigodas con estructuras romanas, con estructuras islámicas o con estructuras del siglo XVIII». Porque se reutilizan espacios y materiales en cada época «cortando estructuras anteriores». Han salido también muchas «estructuras de bodega» con espacios para sujetar las tinajas.
Entre los vestigios más relevantes están las cabañas visigodas (entre el siglo V al VIII) que se han documentado. Se pueden ver los agujeros de los postes que las sustentaban, y que la estructura «de adobe o tapial» y el tejado de madera, obviamente no se conserva, únicamente se puede ver la parte subterránea, el fondo de cabaña. De época posterior son los silos que cortan la cabaña que además «son peculiares porque se han forrado de piedra y a veces con teja», incluso con el fondo quemado. Seguramente para dar una mayor protección a lo que guardaban.
En el espacio que aún queda por excavar de este desarrollo ya se intuyen más cabañas y más estructuras, además de cerámicas que van contando la historia que se vivió en lo que será la Plaza Porticada. Todo detalle cuenta: los materiales que se encuentran, los dibujos que tienen, la forma… todo sirve para dibujar el pasado. «Por ejemplo, sabemos que la cerámica de terra sigilata es característica de la época romana».
También se documentado los restos de un gran edificio localizado en una parcela que linda con la calle Madrid, del que se conservan parte de los muros construidos con pilares de ladrillo en las esquinas y uniones de muros y parte de las cimentaciones.

Han encontrado bodegas que podrían ser del siglo XVIII o XIX, ahora rellenas completamente de escombro. «Debía haber algún edificio encima al que perteneciese la bodega». Se pueden ver las escaleras de acceso y un pasillo central. «Lo interesante es que muchas veces las bodegas están construidas en galería, como en mina, y estas no. Yo creo que lo que han hecho es excavarlas desde arriba y luego, como tienen la casa encima, le ponen un tejado plano y ya con eso se cubre».
Entre los objetos recogidos, ya de época más recientes, hay, por ejemplo «muchos tinteros de cristal con el hueco para colocar la pluma», que desconciertan por el uso que pudo tener alguno de los edificios. Mucha loza, muchas copas… Incluso han encontrado restos que sospechan que son de la Guerra Civil. «Creo que tenemos los restos de un proyectil, tipo obús, pero que no había explotado, sino que estaba simplemente abierto y con toda la metralla dentro». Estaba muy deteriorado y no se sabe de qué bando era.
Medio año han tardado en levantar y documentar la excavación trabajando entre 15 y 20 personas, aunque aún les resta trabajo de catalogación de los materiales extraídos. Informan a la Dirección General de Patrimonio Cultural de los restos obtenidos, que no son susceptibles de ser conservados, por lo que una vez informados, entrarán las máquinas para continuar con las obras de urbanización. La Plaza Porticada comenzará a ser realidad en breve
En los alrededores de los edificios «han salido varias tumbas: construidas en una fosa con las paredes forradas de piedra y con lajas de piedra cubriendo. Nos ha salido una mujer adulta y luego dos infantiles dentro de una misma tumba». Estas tumbas se localizan junto a los restos de un edificio, también de época tardorromana o visigoda, del que se conservaban restos de dos muros de piedra y parte del derrumbe de tejas en la parte interior. Los trabajos van a continuar en las inmediaciones de este edificio. También se han encontrado otros dos enterramientos de la misma época, pero dentro de un silo y «no están colocados en una posición muy correcta, sino que está con un brazo estirado, las piernas un poco dobladas», pareciendo, dada la posición, que hubieran sido arrojados dentro del silo.